Nueva cobertura
El estudio recibió una nueva ampliación periodística a través de ScienceDaily. El artículo científico había sido publicado el 5 de agosto en la revista Evolution, después de ser recibido en febrero, revisado en mayo y aceptado en junio.
La investigación fue realizada por Stephanie C. Lechki, de la Universidad de Princeton, y Roger B. J. Benson, paleontólogo del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York. El Museo presentó los resultados el mismo 5 de agosto, subrayando que la ausencia de formas minúsculas puede resultar tan informativa como el gigantismo.
La afirmación se refiere a dinosaurios no avianos adultos. Las aves son dinosaurios desde el punto de vista evolutivo y muchas pesan apenas unos gramos. También existieron crías muy pequeñas de especies mayores; encontrarlas no demuestra la existencia de un linaje cuyo tamaño adulto fuera comparable con el de un ratón.
Cuatrocientos gramos eran extraordinariamente pequeños
Los dinosaurios no avianos más pequeños conocidos, entre ellos pequeños terópodos emplumados y algunos ornitisquios, pesaban aproximadamente entre 300 y 450 gramos cuando alcanzaban la edad adulta. Puede parecer poco, pero equivale aproximadamente a un conejo grande y supera ampliamente los límites de otros vertebrados.
El colibrí zunzuncito pesa alrededor de 1,75 gramos; la musaraña etrusca, aproximadamente 1,8 gramos, y determinadas salamanquesas enanas, cerca de 0,15 gramos. El artículo publicado en Evolution calcula que el menor dinosaurio no aviano adulto era entre 200 y 3.000 veces más pesado que los vertebrados actuales más pequeños.
La diferencia afecta a la estructura de los ecosistemas. Cerca del 75 % de las especies vivas de mamíferos y el 90 % de las aves pesan menos que los dinosaurios no avianos adultos más pequeños conocidos. Durante aproximadamente 180 millones de años, los dinosaurios ocuparon una enorme variedad de ambientes, pero parecen haber dejado prácticamente vacía su franja más diminuta.
Un modelo que convierte energía en descendencia
Lechki y Benson emplearon un modelo de aptitud energética basado en la manera en que el tamaño corporal afecta la adquisición de energía, el metabolismo y la producción de descendencia. La selección natural debería favorecer tamaños que permitan transformar recursos en nuevas generaciones con eficiencia.
El equipo comparó masas adultas de 4.062 mamíferos, 9.385 aves, 6.275 lagartos, 515 dinosaurios no avianos, 260 tortugas y 21 cocodrilianos, además de datos correspondientes a serpientes. El modelo reprodujo razonablemente las distribuciones de mamíferos, aves y tortugas, pero funcionó peor con lagartos, serpientes, cocodrilianos y dinosaurios.
Incluso al probar combinaciones extremas de parámetros fisiológicos observados en animales actuales, el modelo predecía para los dinosaurios tamaños óptimos de entre aproximadamente 50 gramos y tres kilogramos. Ninguna variante conseguía explicar por qué faltaban adultos por debajo de los 300 o 400 gramos.
El posible sesgo de un registro fósil incompleto
Los huesos pequeños son frágiles, se destruyen con facilidad y resultan difíciles de encontrar. Por ello, una explicación inmediata sería que existieron dinosaurios diminutos, pero sus fósiles todavía no han sido reconocidos.
Los autores examinaron dos yacimientos con conservación excepcional de animales pequeños: el Grupo Jehol del nordeste de China y la Formación Djadokhta de Mongolia. En ambos aparecen esqueletos de mamíferos, lagartos, anfibios y aves en los intervalos de tamaño que faltan entre los dinosaurios no avianos.
El modelo pronosticaba especies de dinosaurios de entre 100 y 300 gramos, pero tampoco aparecen adultos de ese tamaño en esos depósitos. Los investigadores consideran posible que todavía falten por descubrir numerosos dinosaurios próximos a los tres kilogramos; en cambio, juzgan más probable que la ausencia global por debajo de 300 gramos sea biológica y no únicamente un efecto de conservación.
Los mamíferos pudieron cerrar el paso
La hipótesis central desplaza la explicación desde la fisiología hacia la ecología. Los primeros mamíferos ya ocupaban numerosos nichos de pequeño tamaño: buscaban insectos, semillas y otros recursos en el suelo, madrigueras, vegetación y actividad nocturna.
Un linaje de dinosaurios que evolucionara hacia dimensiones semejantes habría tenido que competir con esos mamíferos, además de con lagartos, anfibios y las crías de otras especies de dinosaurios. La competencia, la depredación y la disponibilidad de nichos pudieron volver evolutivamente poco ventajosa la miniaturización extrema.
La propuesta invierte parcialmente una explicación paleontológica clásica. Se suele considerar que los dinosaurios impidieron que los mamíferos mesozoicos alcanzaran grandes dimensiones. Lechki y Benson plantean que la relación pudo ser recíproca: los mamíferos habrían permanecido pequeños, pero precisamente desde esos nichos limitaron la entrada de dinosaurios diminutos.
Es una hipótesis apoyada por el desajuste entre modelos y fósiles, no una interacción observada directamente. No demuestra que un mamífero específico expulsara a una especie concreta de dinosaurio ni excluye otros factores, como diferencias de reproducción, desarrollo, temperatura corporal o alimentación.
El vuelo habría liberado a las aves
Las aves ofrecen la excepción decisiva. Sus antepasados pertenecían a dinosaurios terópodos, pero durante el Cretácico temprano algunos linajes alcanzaron rápidamente masas de entre 10 y 30 gramos, muy inferiores al límite observado entre los dinosaurios terrestres no avianos.
El origen del vuelo propulsado abrió recursos y espacios inaccesibles para la mayoría de los animales terrestres: ramas delgadas, dosel, insectos aéreos, desplazamientos rápidos entre lugares aislados y rutas de escape tridimensionales. Esa expansión ecológica pudo liberar a las primeras aves de la competencia que restringía el tamaño de sus parientes terrestres.
La masa modal de las aves actuales ronda los 30 o 33 gramos y coincide mejor con las predicciones energéticas. Los autores encuentran además una comparación sugestiva en las aves no voladoras: las especies continentales se apartan más de los tamaños pronosticados, mientras algunas comunidades insulares, con menos mamíferos competidores, incluyen formas relativamente pequeñas.
Los próximos análisis deberán incorporar más fósiles, separar intervalos geológicos y reconstruir comunidades concretas. También será necesario distinguir el efecto del vuelo de otros cambios aparecidos durante el origen de las aves, como modificaciones en crecimiento, reproducción y metabolismo.
El estudio no concluye que el dinosaurio más pequeño haya sido identificado definitivamente. Su aportación consiste en convertir una ausencia en una pregunta medible: si la fisiología permitía organismos menores y los yacimientos conservan otros vertebrados diminutos, entonces alguna presión ecológica mantuvo a los dinosaurios no avianos por encima de un límite sorprendentemente alto.