Nueva difusión para un estudio publicado en febrero
La investigación recibió nueva cobertura internacional el 9 de agosto de 2026, fecha correspondiente a la información divulgada por ScienceDaily. El descubrimiento científico no se produjo ese día: el artículo original apareció en PLOS One el 11 de febrero y la Universidad de Bolonia presentó sus resultados el 23 de febrero.
El trabajo fue encabezado por Valentina Decembrini junto con Ludovica Ottaviano, Mattia Cartolano, Enza Elena Spinapolice y Silvia Ferrara. Su objetivo no consistió en volver a datar las piezas ni en asignarles un mensaje concreto, sino en averiguar si la disposición de las líneas mostraba propiedades geométricas recurrentes y una organización espacial deliberada.
Los investigadores estudiaron 112 fragmentos de tres yacimientos: Diepkloof y Klipdrift, en Sudáfrica, y Apollo 11, en Namibia. Las piezas pertenecen al tecnocomplejo Howiesons Poort, una tradición de la Edad de Piedra Media africana asociada con poblaciones de Homo sapiens y fechada aproximadamente entre 65.000 y 59.000 años atrás.
Recipientes de agua convertidos en superficies gráficas
Las cáscaras de huevo de avestruz eran un material resistente y relativamente ligero. Perforadas y vaciadas, podían reutilizarse como recipientes para almacenar o transportar agua, una función especialmente valiosa en ambientes donde las fuentes disponibles eran estacionales o estaban separadas por grandes distancias.
Muchos fragmentos conservan incisiones realizadas antes de que el recipiente se rompiera. El tamaño reducido de las piezas dificulta reconstruir el diseño completo: una línea que hoy termina en un borde fracturado pudo continuar alrededor de la superficie curva del huevo. Por ello, el estudio evitó tratar cada fragmento como si contuviera necesariamente una composición acabada.
El equipo midió la orientación, curvatura, longitud, paralelismo y puntos de intersección de las incisiones. También examinó propiedades denominadas “no accidentales”, como la coincidencia de terminaciones, las alineaciones y las relaciones que se mantienen reconocibles incluso cuando cambia el ángulo desde el que se observa una superficie curva. El artículo científico de acceso abierto describe esta aproximación como el primer análisis geométrico y espacial cuantitativo aplicado sistemáticamente a este conjunto.
Paralelas, ángulos rectos y diseños encajados
Más del 80 % de las configuraciones analizadas presentaba algún tipo de regularidad espacial consistente, según la síntesis divulgada por los investigadores. Se documentaron grupos de líneas paralelas, intersecciones próximas a los 90 grados, bandas rayadas, retículas, rombos y secuencias obtenidas mediante repetición y desplazamiento de un mismo elemento.
Algunos diseños combinan varias operaciones. Una serie de líneas puede repetirse a intervalos relativamente regulares y después cruzarse con otra serie girada, produciendo una retícula. En otras piezas, un patrón pequeño queda incorporado dentro de una estructura mayor. Esta integración jerárquica es relevante porque requiere controlar simultáneamente la parte que se está trazando y la organización general de la figura.
Silvia Ferrara, coordinadora del proyecto SAPIENCE —Symbols, Preliteracy and Code Evolution—, interpreta estas regularidades como una “gramática visual” embrionaria. La expresión no significa que los grabados constituyeran escritura: indica que sus autores seleccionaron y combinaron formas conforme a principios repetidos, en vez de acumular marcas sin relación.
Lo que los grabados permiten afirmar
La conclusión más sólida se refiere a la planificación visoespacial. Trazar paralelas sobre una superficie convexa, mantener una orientación y anticipar el cruce de diferentes grupos de líneas exige coordinar movimiento, percepción y memoria de trabajo. Los resultados apoyan la idea de que aquellas comunidades podían imaginar una configuración antes de terminarla y corregir su ejecución mientras la grababan.
Sin embargo, la geometría no revela por sí sola el significado social. Los diseños pudieron identificar a una persona o grupo, señalar el contenido del recipiente, transmitir pertenencia o tener una función estética. Ninguna de esas interpretaciones ha sido demostrada de manera concluyente, porque no se conserva un código explicativo ni un contexto etnográfico directamente comparable.
Tampoco deben presentarse las piezas como la primera escritura. La escritura representa lenguaje mediante convenciones compartidas; los grabados analizados demuestran organización gráfica, pero no que cada motivo correspondiera a una palabra, sonido o idea específica. Constituyen un antecedente cognitivo de los sistemas simbólicos, no un alfabeto descifrado.
Una capacidad compartida durante miles de años
La presencia de diseños semejantes en varios lugares y momentos del Howiesons Poort indica que las prácticas gráficas perduraron y se transmitieron. Las piezas no son obra de un único individuo ni de un episodio aislado, por lo que la regularidad pudo formar parte de conocimientos aprendidos dentro de las comunidades.
El siguiente paso será comparar las reglas geométricas entre yacimientos y periodos. Las diferencias podrían mostrar estilos regionales o transformaciones cronológicas; las coincidencias, en cambio, ayudarían a establecer hasta qué punto existió una tradición visual compartida en el sur de África.
La aportación del estudio no reside en convertir los fragmentos en mensajes que ya puedan leerse. Consiste en demostrar, mediante mediciones replicables, que seres humanos de hace más de 60.000 años organizaban líneas y formas según relaciones abstractas. En unas superficies destinadas probablemente a transportar agua quedó también una evidencia material de planificación, aprendizaje y pensamiento geométrico.