Al-Sharaa confirma las gestiones para un acuerdo
Al-Sharaa reveló en una entrevista emitida el domingo por Al Jazeera que su Gobierno busca un entendimiento de seguridad con Israel. Explicó que varios Estados participan en los esfuerzos diplomáticos para lograr una política israelí más equilibrada hacia Siria y afirmó que Damasco intenta evitar una confrontación militar que obstaculizaría la reconstrucción del país.
El mandatario presentó el posible acuerdo como una puerta hacia una paz integral, aunque estableció un límite explícito: no debe menoscabar el derecho que Siria reclama sobre los Altos del Golán. Israel conquistó ese territorio sirio durante la guerra de 1967 y lo anexionó en 1981, una medida que no cuenta con reconocimiento general de la comunidad internacional.
La Presidencia siria resumió la entrevista señalando que todavía existen obstáculos debido a las operaciones israelíes. También reiteró el apoyo de Damasco a un Estado palestino y su intención de mantenerse al margen de la confrontación entre Estados Unidos, Israel e Irán.
Reuters verificó las declaraciones y las contextualizó con los movimientos militares israelíes registrados desde la caída del Gobierno de Bashar al-Assad en diciembre de 2024.
El acuerdo de 1974 vuelve al centro de la negociación
El principal punto de referencia es el Acuerdo de Separación de Fuerzas de 1974. Ese instrumento puso fin a los enfrentamientos directos posteriores a la guerra de octubre de 1973, delimitó una zona de separación y estableció la Fuerza de las Naciones Unidas de Observación de la Separación, conocida como FNUOS o UNDOF por sus siglas inglesas.
La FNUOS supervisa el alto el fuego y la separación entre las fuerzas israelíes y sirias. Su misión no resuelve la soberanía sobre el Golán ni constituye un tratado de paz. Proporciona, en cambio, reglas operativas para reducir la posibilidad de choques militares y mecanismos para observar las actividades en la zona desmilitarizada.
Después del colapso del régimen de Assad, Israel avanzó dentro del territorio sirio y tomó posiciones estratégicas, incluida la vertiente siria del monte Hermón. Israel sostiene que las nuevas condiciones de seguridad exigían medidas preventivas y ha presentado algunas operaciones como acciones dirigidas a proteger a la minoría drusa del sur de Siria.
Damasco considera esos despliegues y ataques una violación de su soberanía. La diferencia es fundamental para la negociación: Israel busca garantías sobre amenazas procedentes del territorio vecino, mientras Siria exige la retirada de las posiciones ocupadas y el cumplimiento del marco de 1974.
Nuevas incursiones muestran la fragilidad sobre el terreno
Las declaraciones diplomáticas coincidieron con otra jornada de operaciones israelíes. SANA informó de una incursión en Al-Samdaniyah al-Gharbiyah, en la provincia de Quneitra, durante la cual fuerzas israelíes habrían registrado una vivienda y detenido a un civil antes de retirarse. La versión procede de la agencia oficial siria y no contaba con una confirmación israelí independiente al cierre de la edición.
La agencia estatal también comunicó bombardeos en el sur del país y la destrucción de un transformador eléctrico en Maariyah, que dejó viviendas sin suministro. Reuters incorporó ese incidente a su cobertura, pero no pudo verificar de manera independiente la totalidad de los daños.
La coexistencia de conversaciones y operaciones militares no resulta excepcional. Las partes pueden intentar crear hechos sobre el terreno o reforzar su posición mientras negocian. Sin embargo, cada incursión complica la confianza necesaria para definir distancias de despliegue, patrullas, mecanismos de aviso y garantías sobre la ausencia de grupos armados.
La situación afecta especialmente a Quneitra y Daraa, provincias todavía dañadas por años de guerra. Los cortes eléctricos, arrestos y movimientos militares limitan el regreso de la población y dificultan la recuperación agrícola, comercial y de los servicios públicos.
Guterres condena las violaciones y promete un informe
La propuesta de Al-Sharaa fue conocida durante la primera visita de un secretario general de Naciones Unidas a Siria desde 2009. António Guterres se reunió con dirigentes sirios, visitó la prisión de Sednaya y defendió un mayor apoyo internacional para la transición, la reconstrucción y la asistencia humanitaria.
En una conferencia de prensa en Damasco, Guterres calificó de inaceptables las violaciones israelíes del Acuerdo de Separación y pidió respeto a la soberanía, independencia, unidad e integridad territorial sirias. Anunció además que Naciones Unidas presentaría al Consejo de Seguridad un informe detallado sobre las actuaciones israelíes. La ONU difundió oficialmente la intervención del 26 de julio.
Guterres advirtió de que la asistencia humanitaria de Naciones Unidas cubre aproximadamente el 20 % de las necesidades sirias. La cifra muestra el contraste entre las expectativas políticas de la transición y la capacidad efectiva de reconstruir viviendas, hospitales, redes eléctricas y medios de vida.
La visita también proporciona legitimidad internacional a la nueva etapa siria, pero no supone una aprobación incondicional de su Gobierno. Naciones Unidas seguirá evaluando la inclusión política, la justicia de transición, la situación de las minorías, los derechos humanos y la investigación de los crímenes cometidos durante la guerra.
Paz, normalización y seguridad no son sinónimos
Un acuerdo de seguridad puede regular despliegues militares, zonas de separación, vigilancia y respuesta a incidentes sin establecer relaciones diplomáticas completas. La normalización añadiría embajadas, reconocimiento mutuo y cooperación política o económica. Un tratado de paz tendría un alcance jurídico más amplio y debería abordar las disputas territoriales pendientes.
Al-Sharaa utiliza deliberadamente una secuencia gradual: primero seguridad, después una posible paz integral. Esa fórmula permite negociar medidas prácticas sin abandonar públicamente el reclamo sirio sobre el Golán, una cuestión con gran peso histórico y político.
Israel no había respondido oficialmente a la nueva entrevista al cierre de esta edición. Sin una posición israelí detallada, no puede afirmarse que exista un borrador acordado, un calendario o consenso sobre la retirada de tropas. La participación de terceros países tampoco ha sido descrita con precisión.
Los próximos indicadores serán la reacción israelí, el informe de Naciones Unidas y la evolución de las incursiones en Quneitra y Daraa. También deberá comprobarse si las conversaciones recuperan el marco de 1974 o crean un nuevo mecanismo. Damasco ha expresado por primera vez de forma especialmente clara su objetivo de convertir la seguridad fronteriza en una vía hacia la paz; la distancia entre esa intención y un acuerdo ejecutable sigue siendo considerable.