Gaza permanece íntegramente en fase de crisis
La Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria —IPC, por sus siglas en inglés— situó las cinco gobernaciones de Gaza en la fase 3, denominada “crisis”. Esa categoría indica que los hogares sufren déficits importantes de consumo o deben adoptar estrategias perjudiciales para cubrir necesidades alimentarias básicas.
Entre mediados de abril y el 30 de junio, más de 1,2 millones de personas, equivalentes al 59 % de los aproximadamente 2,1 millones de habitantes analizados, se encontraban en la fase 3 o en niveles superiores. Dentro de ese total, unas 212.000 estaban en fase 4, llamada “emergencia”.
El escenario más probable para el periodo de julio a diciembre eleva la población en crisis o peor a más de 1,4 millones, el 67 %. La cifra de personas en emergencia se mantendría en torno a 212.000. El análisis no proyecta zonas clasificadas formalmente en fase 5, “catástrofe” o hambruna, pero advierte de que las condiciones siguen siendo extremadamente frágiles.
El informe fue publicado el 23 de julio y se elaboró con datos disponibles hasta el 15 de junio. Por ello, sus proyecciones no incorporan acontecimientos posteriores.
Qué significa que ya no exista una clasificación de hambruna
El IPC confirmó en agosto de 2025 condiciones de hambruna en una parte de Gaza. Tras el alto el fuego alcanzado en octubre, el aumento de la ayuda y los suministros comerciales permitió que el territorio abandonara esa clasificación. El nuevo informe confirma una mejora frente a los niveles más extremos, pero no el final de la emergencia alimentaria.
La palabra “hambruna” tiene una definición técnica. Para declararla deben superarse simultáneamente determinados umbrales sobre escasez extrema de alimentos en los hogares, malnutrición infantil aguda y mortalidad atribuible al hambre. Que una zona deje de cumplir los tres criterios no significa que la población disponga de una alimentación suficiente, estable o nutritiva.
La fase 3 continúa siendo una emergencia grave. En ella, las familias pueden sufrir déficits alimentarios, vender bienes esenciales o adoptar mecanismos que perjudican su capacidad futura de supervivencia. En la fase 4, la diferencia se convierte en carencias muy amplias y tasas elevadas de malnutrición o mortalidad.
Associated Press explicó que la reducción de los combates y la entrada de más asistencia tuvieron un efecto significativo, aunque desigual. El organismo advirtió que incluso pequeñas interrupciones en el acceso humanitario podrían revertir rápidamente los avances.
La ayuda alcanzó a más personas, pero comienza a disminuir
La asistencia alimentaria en especie llegó a alrededor de 1,49 millones de personas durante mayo. Las transferencias de efectivo multipropósito alcanzaron a unas 700.000, aunque el aumento del precio de artículos esenciales limitó lo que las familias podían adquirir.
Las importaciones comerciales aumentaron hasta una media cercana a cien camiones diarios durante los meses recientes, todavía por debajo de los niveles anteriores a la crisis. El mayor volumen de alimentos mejoró el consumo de los hogares, pero las raciones siguieron siendo insuficientes para garantizar dietas adecuadas y variadas.
La cobertura humanitaria había alcanzado un máximo de 2,13 millones de personas en noviembre de 2025, inmediatamente después del alto el fuego. En mayo se había reducido a 1,49 millones. Los programas de alimentación suplementaria para embarazadas y madres lactantes pasaron de más de 12.100 beneficiarias en enero a unas 6.000 en mayo.
El IPC atribuye la contracción a problemas de financiación y a la incertidumbre sobre la renovación de las autorizaciones operativas de 37 organizaciones no gubernamentales internacionales. Reuters informó de que varias agencias prevén nuevas reducciones si no reciben recursos adicionales.
La malnutrición infantil desciende, pero sigue amenazando a miles
Las gobernaciones estudiadas quedaron en fase 1 —“aceptable”— de malnutrición aguda entre mediados de abril y junio. El IPC proyecta un deterioro a la fase 2, “alerta”, entre julio y diciembre. Rafah no pudo clasificarse por falta de datos suficientes.
El aumento de los servicios nutricionales redujo sustancialmente la malnutrición aguda infantil desde comienzos de año. A pesar de ello, unos 74.200 niños de entre seis y 59 meses necesitarán previsiblemente tratamiento hasta abril de 2027. De ellos, 11.400 podrían padecer malnutrición aguda grave.
Unas 24.600 mujeres embarazadas o lactantes también podrían sufrir malnutrición durante el mismo periodo. El IPC observó que numerosos adultos reducen su propia ingesta para priorizar la alimentación de los niños, una estrategia que protege parcialmente a los menores a costa de la salud de sus cuidadores.
La nutrición no depende únicamente de las calorías disponibles. El agua potable, el saneamiento, la atención médica, la variedad de alimentos y la prevención de enfermedades infecciosas influyen en la capacidad del organismo para absorber nutrientes. El deterioro de esos servicios aumenta el riesgo aunque entren más alimentos.
Ingresos, agricultura y servicios básicos siguen colapsados
El 83 % de los hogares declaró no disponer de ninguna fuente de ingresos. La pérdida de bienes productivos, las restricciones de movimiento y la imposibilidad de acceder a numerosas tierras agrícolas impiden que las familias recuperen actividades económicas y producción local.
El área accesible para la población se ha reducido en más del 50 % desde octubre de 2023, de acuerdo con el IPC. Muchas personas permanecen en refugios hacinados con servicios insuficientes de agua, saneamiento e higiene. Estas condiciones favorecen enfermedades que pueden agravar rápidamente la malnutrición.
El informe calcula que, sin ayuda alimentaria humanitaria, alrededor de 1,9 millones de personas —el 90 % de la población analizada— padecerían inseguridad alimentaria aguda hasta diciembre. La cifra muestra que la mejora no procede todavía de una recuperación autónoma de los medios de vida, sino de la asistencia exterior.
Israel afirma que no restringe la entrada de alimentos y que ha facilitado el ingreso de más de 1,8 millones de toneladas desde octubre de 2025. COGAT, el organismo militar israelí que coordina el flujo de ayuda, rechazó el informe por considerarlo sesgado y acusó a Hamás de desviar suministros. Las agencias humanitarias, en cambio, señalan obstáculos operativos, financiación insuficiente y el deterioro de las redes de agua y saneamiento.
Una mejora real que puede desaparecer
El IPC recomienda garantizar un acceso humanitario seguro, previsible y sin obstáculos por todos los cruces; ampliar los servicios nutricionales; recuperar la agricultura y los medios de vida; aumentar las importaciones comerciales y avanzar hacia un cese permanente de las hostilidades.
También reclama preparar suministros antes del invierno. La dependencia de entregas externas deja a la población expuesta a cierres fronterizos, reducción de fondos, problemas de seguridad o nuevas operaciones militares. Una interrupción breve puede tener efectos rápidos cuando los hogares carecen de ahorros, reservas o ingresos.
Las próximas evaluaciones deberán comprobar si se cumple la previsión de 1,4 millones de personas en crisis o si el acceso mejora. Resultarán especialmente importantes la cobertura de los programas para menores y embarazadas, el número de camiones, los precios locales y la recuperación de fuentes de agua.
La salida de la clasificación de hambruna constituye un avance importante, pero no permite considerar resuelta la crisis. Gaza continúa íntegramente en fase 3 y más de 200.000 personas permanecen en emergencia. La diferencia entre consolidar la recuperación y volver a niveles catastróficos dependerá de la continuidad de la ayuda, la financiación y la estabilidad del alto el fuego.