Un segundo enfrentamiento en menos de 48 horas
La Guardia Costera filipina denunció que un barco chino disparó el viernes cañones de agua contra varias embarcaciones gubernamentales que operaban cerca de Scarborough Shoal. Según Manila, una de las naves chinas llegó a situarse a unos siete metros de un barco de la Oficina de Pesca y Recursos Acuáticos de Filipinas, creando un riesgo grave de colisión.
El portavoz filipino para el mar de China Meridional, Jay Tarriela, calificó las maniobras de peligrosas y contrarias a las prácticas profesionales de navegación. También sostuvo que el arrecife constituye una zona tradicional de pesca para los ciudadanos filipinos y que ningún Estado extranjero puede impedir legalmente el ejercicio de esos derechos.
El acontecimiento ocurrió durante la mañana del 24 de julio y fue difundido por Reuters a las 04:53 UTC, las 06:53 en la España peninsular. La información incluía imágenes entregadas por las autoridades filipinas, pero no una verificación independiente de toda la secuencia previa al uso del cañón de agua.
China afirma que aplicó medidas de control
La Guardia Costera china confirmó que había actuado contra varias embarcaciones filipinas, aunque describió su intervención como la aplicación de “medidas de control”. Beijing sostuvo que los barcos operaban ilegalmente en aguas de Huangyan Dao, el nombre chino de Scarborough Shoal, y reivindicó soberanía sobre el arrecife.
La versión china no detalló inicialmente la distancia entre las embarcaciones ni confirmó expresamente todos los elementos descritos por Manila. Un incidente similar se produjo el jueves, cuando Filipinas también acusó a un barco chino de utilizar un cañón de agua durante más de dos minutos contra una embarcación pesquera gubernamental.
Los dos episodios en Scarborough se suman al enfrentamiento registrado el lunes cerca de Second Thomas Shoal, a unos 650 kilómetros. Filipinas afirmó que un marinero resultó herido al ser golpeado con un bastón por personal chino. Beijing, por su parte, acusó a los filipinos de ignorar advertencias, intentar embestir una patrullera y utilizar palos.
La acumulación de incidentes transforma una disputa prolongada en una secuencia de contactos físicos cada vez más frecuentes. La utilización de agua a presión suele presentarse como una medida policial no letal, pero puede dañar equipos, romper cristales, derribar tripulantes o provocar una colisión cuando se emplea contra embarcaciones en movimiento.
Qué se disputa en Scarborough Shoal
Scarborough Shoal es un conjunto de arrecifes y rocas situado al oeste de la isla filipina de Luzón. Se encuentra dentro de las 200 millas náuticas que Filipinas considera su zona económica exclusiva —ZEE—, el espacio marítimo donde un Estado tiene derechos sobre recursos naturales conforme a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.
Estar dentro de una ZEE no resuelve automáticamente la soberanía sobre cada roca o formación emergida. Filipinas y China mantienen pretensiones enfrentadas sobre el arrecife, cuya soberanía territorial no ha sido determinada por un tribunal internacional. China conserva desde 2012 el control efectivo del acceso mediante una presencia constante de guardacostas.
El tribunal arbitral constituido en La Haya a petición de Filipinas concluyó en 2016 que Scarborough era una zona tradicional de pesca para ciudadanos filipinos, chinos y de otros países. También determinó que las fuerzas chinas habían impedido ilegalmente la actividad de pescadores filipinos y habían generado riesgos de colisión en episodios anteriores.
El fallo no atribuyó la soberanía territorial del arrecife a ninguna de las partes. Sí rechazó la base jurídica de los derechos históricos con los que Beijing reclama recursos sobre gran parte del mar de China Meridional cuando exceden los límites establecidos por la Convención. China no participó en el procedimiento y continúa considerando el laudo nulo.
El tercer choque de una semana especialmente tensa
Las confrontaciones coincidieron con la reunión en Manila del Foro Regional de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático —ASEAN—, a la que asistieron responsables diplomáticos de China, Estados Unidos, Rusia, India, Japón, Australia y la Unión Europea.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, describió las actuaciones chinas como preocupantes y reafirmó el compromiso de Washington con Filipinas. Estados Unidos y Filipinas mantienen un Tratado de Defensa Mutua desde 1951 que puede aplicarse a ataques armados contra fuerzas, barcos públicos o aeronaves filipinas en el Pacífico, incluido el mar de China Meridional.
Rubio evitó afirmar que el uso de cañones de agua hubiera activado ese tratado. Explicó, sin embargo, que las acciones coercitivas pueden generar accidentes y errores de cálculo.
La respuesta estadounidense añade una dimensión estratégica: cada enfrentamiento obliga a evaluar dónde termina una acción de guardacostas y dónde comienza un ataque armado. Esa frontera jurídica y política se vuelve más difícil de determinar cuando hay heridos, daños graves o intentos de abordaje.
El riesgo de una escalada involuntaria
China reclama casi todo el mar de China Meridional, incluidas áreas que se solapan con las zonas económicas exclusivas de Brunéi, Indonesia, Malasia, Filipinas y Vietnam. Es una de las rutas comerciales más transitadas del mundo y contiene caladeros, posibles reservas energéticas e instalaciones militares.
Beijing utiliza principalmente guardacostas y otras fuerzas marítimas no navales para reforzar su presencia. Esta estrategia, frecuentemente descrita como actividad de “zona gris”, ejerce presión sin recurrir abiertamente a operaciones militares convencionales. Manila ha respondido difundiendo vídeos, invitando a periodistas a algunas misiones y fortaleciendo sus alianzas defensivas.
El peligro inmediato no reside únicamente en una decisión deliberada de iniciar un conflicto. Una maniobra a siete metros de distancia, la pérdida de control de una embarcación o una lesión grave podrían obligar a ambos Gobiernos a reaccionar bajo presión política interna. Las convocatorias recíprocas de embajadores después del choque del lunes muestran que la crisis ya ha pasado del ámbito operativo al diplomático.
Los próximos indicadores serán la continuidad de las misiones filipinas, el despliegue de buques chinos y la existencia de canales de comunicación entre ambos servicios. También será necesario comprobar si ASEAN logra impulsar un código de conducta marítimo capaz de reducir las interacciones peligrosas. Por ahora, tres choques en cinco días reflejan que los mecanismos de contención resultan insuficientes.