Las nuevas acciones se enmarcan en una campaña sostenida para golpear la infraestructura marítima que permite a Rusia seguir exportando crudo y productos refinados por fuera de los topes de precios y de las sanciones financieras. Los gobiernos occidentales alertan de que una red de petroleros envejecidos, operados a través de empresas opacas y banderas de conveniencia, constituye una “flota fantasma” diseñada para ocultar el origen ruso del petróleo y dificultar el rastreo de las operaciones.
Estados Unidos ha liderado las medidas más visibles con la incautación en el Atlántico del petrolero Marinera, anteriormente denominado Bella-1, bajo bandera rusa, acusado de participar en envíos de crudo sancionado utilizando prácticas de navegación de alto riesgo. La operación, en la que colaboraron medios militares británicos, se llevó a cabo en aguas entre Islandia y Escocia, con apoyo de aeronaves de vigilancia de la Royal Air Force y del buque logístico RFA Tideforce.
El Marinera es considerado un ejemplo representativo de la flota fantasma: un buque con historial de cambios de nombre y de bandera, presuntamente implicado en el transporte de petróleo ruso e iraní en violación de sanciones internacionales. Organismos de seguridad marítima y think tanks señalan que estos barcos suelen operar con sistemas de identificación automática (AIS) apagados, realizan transferencias de barco a barco en alta mar y manipulan documentación para disfrazar rutas y cargas.
El Reino Unido, por su parte, ha anunciado que está preparado para “apretar el torniquete” sobre la flota fantasma, mediante medidas más “assertivas” contra petroleros sospechosos que transitan cerca de sus aguas. El Ministerio de Defensa británico ha subrayado que disuadir y perturbar la actividad de estas embarcaciones constituye una prioridad estratégica, y admite que podrían plantearse futuras operaciones de abordaje y bloqueo en coordinación con socios aliados.
Italia también ha incrementado su respuesta al interceptar y detener en el puerto de Brindisi un carguero sospechoso de transportar metal ruso en violación de las sanciones de la Unión Europea. Las autoridades italianas detectaron que el buque había apagado su sistema AIS cerca del puerto ruso de Novorossíisk y que presentaba discrepancias en la documentación sobre su ruta y carga, lo que llevó a la incautación preventiva de la mercancía y a una investigación por falsificación de documentos.
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha complementado estas operaciones con nuevas designaciones de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) contra decenas de petroleros y empresas de gestión marítima asociadas a la flota fantasma rusa. Estas sanciones buscan limitar el acceso de los buques implicados a servicios clave como seguros, clasificación, financiación y apoyo técnico, pilares que sostienen la viabilidad económica del transporte de crudo sancionado.
Según estimaciones de firmas de inteligencia marítima como S&P Global, alrededor del 20% de la flota mundial de petroleros estaría implicada en el transporte de crudo procedente de países sancionados como Rusia, Irán o Venezuela mediante prácticas opacas. Expertos advierten de que el uso extendido de estas tácticas incrementa el riesgo de accidentes, vertidos y disputas legales, al tiempo que erosiona la eficacia de los regímenes de sanciones diseñados para reducir los ingresos energéticos de Moscú.
Los gobiernos occidentales consideran que la combinación de incautaciones selectivas, sanciones financieras y controles más estrictos en puertos y servicios marítimos puede elevar el coste operativo de la flota fantasma y reducir su capacidad para eludir las restricciones. No obstante, analistas señalan que la naturaleza global y fragmentada del transporte marítimo, junto con la proliferación de banderas de conveniencia y estructuras corporativas complejas, mantiene el desafío de controlar de forma efectiva estas redes de evasión de sanciones.