El ejército israelí confirmó que unidades de la División 91 y otras fuerzas adicionales se encuentran operando en varios puntos estratégicos del sur del Líbano, describiendo la incursión como una operación para crear una “zona de seguridad” y posiciones “defensivas” destinadas a proteger a la población del norte de Israel y a infraestructuras críticas frente a ataques de Hezbollah.
El portavoz militar señaló en una comparecencia en línea que las tropas están “solo en el área fronteriza” y que su objetivo declarado es frustrar lanzamientos de cohetes y drones desde territorio libanés, en un contexto de escalada regional vinculado a los bombardeos conjuntos de Estados Unidos e Israel contra objetivos iraníes.
La incursión terrestre se produce después de varios días de intensos intercambios de fuego, en los que Hezbollah ha reivindicado ataques con “misiles y un enjambre de drones” contra bases militares en el norte de Israel y en los Altos del Golán ocupados, en respuesta a los ataques aéreos israelíes sobre Beirut y el sur del Líbano.
Las fuerzas israelíes han lanzado repetidos bombardeos contra zonas de mayoría chií en la capital libanesa y contra infraestructuras y mandos del grupo proiraní, en una ofensiva que las autoridades de Beirut cifran ya en decenas de muertos y más de un centenar de heridos en los últimos días.
El jefe del Estado Mayor israelí, Eyal Zamir, anunció el inicio de una “campaña ofensiva” contra Hezbollah, subrayando que Israel “ya no actúa solo de forma defensiva” y que el ejército se prepara para “muchos días prolongados de combate” en el frente norte.
La decisión de llevar tropas al sur del Líbano supone la mayor operación terrestre israelí en ese país desde la guerra de 2006 y se suma a la ofensiva aérea simultánea contra posiciones iraníes en Teherán y otras zonas, tras el asesinato del líder supremo iraní, Ali Khamenei, atribuido a un ataque israelí.
Hezbollah, principal aliado de Teherán en el Líbano, ha multiplicado sus ataques desde el fin de semana, declarando que su objetivo es responder tanto a la muerte de Khamenei como a la campaña de bombardeos de Israel y Estados Unidos contra instalaciones militares, de inteligencia y de mando iraníes.
El grupo asegura haber atacado bases como Ramat David y Merón, así como instalaciones en el norte de Israel, al tiempo que reivindica acciones contra posiciones israelíes en los Altos del Golán, lo que ha obligado a reforzar la defensa aérea israelí y a evacuar localidades cercanas a la línea fronteriza.
La escalada en el Líbano se produce en paralelo a la ampliación de la guerra contra Irán, con Israel informando de ataques coordinados sobre objetivos militares y de seguridad en Teherán y otras ciudades, mientras Washington mantiene que su campaña conjunta podría extenderse durante semanas.
La apertura de un segundo frente en el norte amenaza con desbordar la capacidad de respuesta de las fuerzas de paz de la ONU (UNIFIL) desplegadas en el sur del Líbano, en un momento en que el Consejo de Seguridad ya había aprobado un plan de retirada gradual de la misión a partir de finales de 2026.
Organizaciones humanitarias y de derechos humanos han advertido de que la intensificación de los combates entre Israel y Hezbollah coloca a la población civil en “grave riesgo”, tanto por los bombardeos aéreos como por las operaciones terrestres en zonas densamente pobladas.
Los llamamientos internacionales para evitar una guerra a gran escala en el Líbano se han multiplicado, mientras varios gobiernos piden contención y recuerdan la vigencia de resoluciones de la ONU que exigen la retirada israelí de territorio libanés y el despliegue pleno del Ejército libanés en el sur.
El mando militar israelí ha ordenado la evacuación de decenas de localidades en el sur del Líbano mediante avisos en árabe, al tiempo que insta a los residentes del norte de Israel a mantenerse en refugios y seguir las instrucciones de defensa civil ante la posibilidad de nuevos ataques con cohetes y drones.
Analistas de seguridad advierten de que, si la ofensiva terrestre se prolonga y Hezbollah responde con mayor intensidad, el conflicto podría arrastrar a otros actores regionales, incrementar el riesgo de incidentes fronterizos con fuerzas de la ONU y complicar aún más cualquier intento de alto el fuego.
Desde una perspectiva de seguridad regional, la incursión israelí en el sur del Líbano refuerza la percepción de que la actual guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán se está transformando en un conflicto multinacional, con frentes activos en Líbano, Siria y otros escenarios conectados.
La evolución de las operaciones en el sur del Líbano será clave para determinar si se consolida una nueva “zona de seguridad” bajo control militar israelí o si las presiones diplomáticas internacionales logran frenar la expansión del conflicto y reconducirlo hacia negociaciones, en un contexto de gran volatilidad política y militar en Oriente Medio.