La advertencia noruega sobre el Alto Norte
El vicealmirante Rune Andersen, jefe del Mando Conjunto de Noruega, afirmó recientemente que no existe una “amenaza militar clara e inmediata” de Rusia en el Ártico, debido al desgaste sufrido por sus fuerzas terrestres enviadas a Ucrania desde el inicio de la invasión a gran escala en 2022. Sin embargo, subrayó que Moscú mantiene planes para reconstruir y expandir su dispositivo militar en el Alto Norte una vez se reduzca la intensidad del conflicto, lo que, a su juicio, convertirá de nuevo a Rusia en un actor “peligroso” en la región.
Según Andersen, Rusia ha retirado la mayor parte de sus unidades de combate de la península de Kola, pieza clave del despliegue ártico ruso y núcleo de su infraestructura nuclear y naval, para enviarlas al frente ucraniano, donde muchas han sido destruidas o gravemente mermadas. Think tanks occidentales como RAND señalan que esta transferencia masiva de recursos ha provocado el “vaciamiento” de las unidades terrestres capacitadas para operar en climas árticos, un proceso que limita por ahora la capacidad de Rusia para proyectar fuerza convencional en el Alto Norte.
La guerra en Ucrania y el desgaste ruso
El esfuerzo bélico sostenido en Ucrania ha obligado a Rusia a reforzar sus líneas con tropas especializadas, incluidos contingentes originalmente destinados a misiones en el Ártico. Informes de seguimiento de la campaña militar apuntan a que las fuerzas rusas sufren un ritmo de bajas y desgaste material que supera su capacidad de reemplazo mensual, lo que agrava el impacto de la redistribución desde regiones como Kola.
A pesar de estas dificultades, analistas coinciden en que Moscú prioriza la preservación de su poder naval y nuclear en el extremo norte, incluso mientras acepta un deterioro temporal de su componente terrestre ártico. Esta combinación —debilidad relativa en fuerzas de tierra pero mantenimiento de capacidades estratégicas— explica, según las autoridades noruegas, por qué no se percibe una amenaza inmediata pero sí un riesgo creciente a medio plazo.
Una ventana de oportunidad para la OTAN
Andersen y otros responsables militares nórdicos consideran que la coyuntura actual abre una ventana de oportunidad para que la OTAN refuerce su postura en el Alto Norte antes de que Rusia logre reconstituir sus unidades árticas. El oficial noruego sostiene que la Alianza debe “usar bien este tiempo” para entrenar, preposicionar equipos y mejorar su interoperabilidad en un entorno extremo donde el clima y la distancia suponen desafíos tanto o más decisivos que el adversario.
Desde 2022, y con mayor intensidad en 2025 y 2026, los aliados han incrementado sus ejercicios conjuntos en territorio noruego, finlandés y sueco, con maniobras como Cold Response, destinadas a preparar a miles de soldados para operaciones de alta intensidad en condiciones de frío extremo. Estas actividades buscan asegurar que las fuerzas terrestres, aéreas y navales de la OTAN puedan operar de forma sostenida en el Ártico, con cadenas de suministro alargadas y una logística altamente exigente.
Nuevas misiones y ejercicios en el Alto Norte
En febrero de 2026, la OTAN ha lanzado la actividad “Arctic Sentry”, un marco reforzado de presencia y vigilancia para coordinar operaciones de disuasión y entrenamiento en el Ártico y el Alto Norte, aprovechando la plena integración de Finlandia y Suecia en la Alianza. Esta iniciativa se complementa con proyectos específicos de pruebas de drones, sensores avanzados y sistemas no tripulados en fiordos y terreno montañoso, con el objetivo de adaptar más rápido la tecnología aliada a las exigencias del teatro ártico.
En paralelo, países como el Reino Unido han anunciado el incremento progresivo de sus despliegues en Noruega, con un aumento previsto de tropas de alrededor de 1.000 a 2.000 efectivos y un mayor peso de ejercicios como “Lion Protector”, centrados en la defensa del Alto Norte. Acuerdos bilaterales, como el firmado entre Londres y Oslo para operar conjuntamente fragatas antisubmarinas y preposicionar material en Noruega, refuerzan la red de cooperación que la OTAN considera esencial para responder a cualquier deterioro de la seguridad regional.
Espionaje, sabotaje y presencia rusa residual
Aunque su fuerza terrestre convencional en el Ártico se ha visto mermada, los servicios de inteligencia noruegos advierten de un aumento de la actividad rusa en ámbitos de espionaje, sabotaje e interferencia en Noruega y en la región ártica. Informes recientes señalan una intensificación de intentos de recopilación de información militar y de infraestructuras críticas, así como operaciones encubiertas dirigidas a puertos, redes energéticas y sistemas de comunicaciones.
Además, la modernización de la Flota del Norte y el despliegue de submarinos avanzados, nuevos buques y sistemas de misiles —incluidos vectores potencialmente nucleares— apuntan a que Rusia mantiene una prioridad estratégica en el Ártico, incluso cuando sus fuerzas terrestres sufren bajas en Ucrania. Para Noruega, “ojos y oídos” de la OTAN en la zona, el componente naval y submarino ruso sigue siendo uno de los elementos más sensibles del equilibrio de seguridad regional.
Implicaciones estratégicas a medio plazo
Centros de estudios como el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) advierten de que la guerra en Ucrania ha tenido un doble efecto en el Ártico: ha reducido temporalmente la presencia militar terrestre rusa, pero ha elevado la tensión y la importancia estratégica de la región para todas las potencias implicadas. La paralización parcial de foros de cooperación como el Consejo Ártico y el deshielo progresivo que abre nuevas rutas marítimas y oportunidades de explotación de recursos contribuyen a un entorno más competitivo y menos predecible.
La OTAN insiste en que su objetivo es mantener el Ártico como una zona de estabilidad y baja tensión, pero subraya que ello requiere una postura creíble de defensa y vigilancia frente a una Rusia que, aun desgastada en Ucrania, da señales de querer preservar y, en el futuro, reimpulsar su influencia en el Alto Norte. En este contexto, los mandos noruegos consideran que los próximos años serán decisivos para definir el equilibrio militar en la región y el margen de maniobra de la Alianza una vez Moscú emprenda la reconstrucción de sus fuerzas árticas.