El presidente ruso, Vladimir Putin, afirmó que el desarrollo de las fuerzas nucleares estratégicas de Rusia es ahora una “prioridad absoluta”, en un mensaje por el Día del Defensor de la Patria que llega justo después de la expiración del Nuevo START, el último tratado de control de armas nucleares entre Moscú y Washington, abriendo una nueva fase de incertidumbre y riesgo de carrera armamentística.
El presidente ruso, Vladimir Putin, declaró que el desarrollo de la tríada nuclear del país “sigue siendo una prioridad absoluta” para el Kremlin, al considerar que estas fuerzas garantizan la seguridad nacional y el equilibrio estratégico global. En un mensaje difundido en video con motivo del Día del Defensor de la Patria, el mandatario subrayó que la modernización de la capacidad nuclear terrestre, naval y aérea de Rusia es clave para mantener una disuasión eficaz frente a Estados Unidos y sus aliados.
Putin enfatizó que la tríada nuclear —integrada por misiles balísticos intercontinentales basados en tierra, misiles lanzados desde submarinos y bombarderos estratégicos— seguirá recibiendo prioridad en la planificación militar y en la asignación de recursos. Según el líder ruso, este componente estratégico no solo protege a Rusia de “amenazas externas”, sino que también contribuye a lo que describió como un “equilibrio de poder en el mundo” ante un entorno internacional que percibe como cada vez más hostil.
Las declaraciones se producen pocas semanas después de la expiración del Nuevo START, el último gran tratado bilateral de control de armas nucleares entre Estados Unidos y Rusia, que limitaba ojivas estratégicas desplegadas y vectores de lanzamiento. El acuerdo, firmado en 2010 por Barack Obama y Dmitri Medvédev y en vigor desde 2011, ponía un techo verificable al número de armas nucleares estratégicas y establecía mecanismos de inspección recíproca que actuaban como elemento de confianza mutua.
Con la caducidad del Nuevo START, por primera vez en más de cinco décadas no existe ningún marco de control de armamento nuclear vigente entre las dos principales potencias atómicas, lo que expertos y analistas interpretan como un punto de inflexión en la arquitectura global de seguridad. Organismos especializados y centros de estudios en defensa advierten de que la desaparición de límites verificables y de canales formales de transparencia aumentará la opacidad sobre los arsenales y el riesgo de malentendidos, errores de cálculo y nueva carrera armamentística.
Moscú sostiene, no obstante, que mantendrá un enfoque “responsable” respecto a su capacidad nuclear estratégica, incluso sin tratado vigente. Las autoridades rusas han señalado en meses recientes que el país se adheriría de facto a los límites cuantitativos del Nuevo START mientras evalúa la postura de Washington y el contexto internacional, aunque sin aceptar ya el régimen de inspecciones y verificaciones que contemplaba el acuerdo.
En su mensaje, Putin vinculó el refuerzo nuclear a la necesidad de seguir “fortaleciendo” al ejército ruso, involucrado desde 2022 en la guerra contra Ucrania, conflicto que se aproxima a su cuarto aniversario. El presidente destacó la experiencia adquirida por las fuerzas armadas en el frente ucraniano y planteó que la modernización de la tríada nuclear debe ir acompañada de mejoras en otros componentes de las Fuerzas Armadas y en el sector militar-industrial.
El Kremlin enmarca este giro en un clima de tensión prolongada con Occidente, marcado por las sanciones, el apoyo militar occidental a Kiev y el deterioro de los canales diplomáticos tradicionales. Fuentes oficiales rusas han acusado a Estados Unidos y la OTAN de impulsar su propia modernización nuclear y de aumentar la presencia militar en Europa del Este, argumentos que Moscú utiliza para justificar la prioridad concedida a su arsenal estratégico.
La pérdida del último marco de control de armas entre Washington y Moscú preocupa también a otras potencias nucleares y a organizaciones internacionales que trabajan por la no proliferación. Diversos expertos alertan de que, en ausencia de límites y mecanismos de verificación, tanto Rusia como Estados Unidos podrían verse tentados a ampliar o reconfigurar sus arsenales, lo que complicaría futuras negociaciones multilaterales e incrementaría la presión sobre el régimen global de no proliferación.
En este contexto, el mensaje de Putin refuerza la señal de que Rusia se apoyará aún más en su capacidad nuclear como núcleo de su estrategia de disuasión frente a Estados Unidos y la OTAN. La combinación de un arsenal estratégico sin techo legal, una guerra en curso en Ucrania y una retórica de endurecimiento en Moscú y en las capitales occidentales configura un escenario de mayor incertidumbre, en el que la tríada nuclear rusa se consolida como eje central de la política de seguridad del Kremlin.