El gobernador de Briansk, Alexandr Bogomaz, ha descrito el asalto como “el más potente y masivo” sufrido por cualquier región rusa, con cientos de drones de ala fija lanzados simultáneamente contra infraestructuras civiles y energéticas. En su canal de Telegram, Bogomaz confirmó que las defensas antiaéreas neutralizaron 170 aparatos solo en Briansk, aunque el Ministerio de Defensa elevó la cifra total nacional a 156 en las últimas diez horas, distribuidos en ocho regiones y los mares Negro y Azov.
Los restos de drones derribados han provocado incendios en varios puntos de Briansk, afectando redes de suministro eléctrico y térmico en zonas residenciales y rurales. Autoridades locales han reportado cortes de calefacción en distritos como Novi Yurkovichi y daños en depósitos de combustible, sin que se hayan confirmado víctimas mortales en esta oleada específica. Equipos de emergencia han trabajado durante la noche para restaurar los servicios básicos, en medio de temperaturas bajo cero propias del invierno ruso.
Paralelamente, las autoridades de aviación civil han suspendido temporalmente los vuelos en los principales aeropuertos de Moscú —Sheremétievo, Domodédovo, Vnúkovo y Zhukovski— ante la detección de drones en el espacio aéreo de la capital y regiones cercanas. La agencia Rosaviatsia ha informado de desvíos de más de 130 vuelos y la reanudación progresiva de operaciones una vez neutralizadas las amenazas.
El Ministerio de Defensa ruso ha detallado que, además de Briansk, los ataques se dirigieron contra Krasnodar, Crimea, Kursk, Stávropol, Astracán, Adigueya y Volgogrado, con dos heridos y daños en un depósito de hidrocarburos en la región de Krasnodar. Ucrania no ha emitido un comunicado oficial confirmando la autoría, aunque Kiev ha reivindicado en ocasiones anteriores operaciones similares contra objetivos logísticos y energéticos en territorio ruso.
Este episodio se produce en un contexto de escalada mutua en el uso de drones de largo alcance, con ambos bandos atacando diariamente infraestructuras críticas en las retaguardias enemigas. Rusia ha intensificado sus bombardeos con drones y misiles contra Ucrania, provocando apagones a nivel nacional, mientras Kiev responde con oleadas coordinadas que buscan desgastar las capacidades rusas a cientos de kilómetros de la línea de frente.
Especialistas en conflictos asimétricos destacan que los drones de bajo coste permiten a Ucrania compensar la superioridad numérica rusa en artillería convencional, extendiendo el campo de batalla hasta Moscú y presionando las defensas aéreas del adversario. Para Rusia, estos ataques justifican el despliegue adicional de sistemas Pantsir y S-400 en regiones fronterizas, aunque el volumen reportado —superior a 150 unidades en una noche— representa un desafío logístico significativo.
Las autoridades rusas han calificado la ofensiva como “terrorista” dirigida contra civiles, y han prometido una respuesta proporcionada. Mientras tanto, la población de Briansk y áreas aledañas permanece en alerta ante posibles réplicas, con recomendaciones oficiales de permanecer en refugios durante las horas nocturnas de mayor actividad aérea.