Tokio liga su rearme al crecimiento frente a China, Rusia y Corea del Norte

Japón presenta su mayor rearme como motor industrial frente al desafío de China

El Gobierno japonés presentó el martes 4 de agosto su libro blanco de defensa de 2026, que identifica a China como el mayor desafío estratégico del país y defiende que el aumento del gasto militar también puede estimular la tecnología, las empresas emergentes y el crecimiento económico. El documento prepara una nueva estrategia de seguridad y busca consolidar el mayor refuerzo militar de Japón desde la Segunda Guerra Mundial.

La defensa se presenta como inversión económica

El libro blanco sostiene que la inversión militar puede beneficiar a la economía y a la vida cotidiana, según la documentación presentada por el Ministerio de Defensa. El planteamiento intenta ampliar el respaldo social al gasto mediante sus posibles efectos sobre innovación, empleo industrial y cadenas de suministro.

El Gobierno propone incorporar más componentes desarrollados inicialmente para usos comerciales, financiar empresas emergentes y aprovechar avances en inteligencia artificial, robótica, sensores y sistemas autónomos. La transferencia entre tecnología civil y militar puede reducir costes, aunque también exige controles sobre exportaciones, seguridad informática y utilización final.

La portada del resumen utiliza una ilustración de estilo anime con una familia sonriente en una ciudad tecnológica, en lugar de tropas o armas. Un funcionario explicó a Reuters que el diseño pretende transmitir una imagen de futuro. La elección refuerza el intento de asociar la defensa con prosperidad, no únicamente con conflicto.

China es definida como el principal desafío estratégico

El texto considera que las actividades militares y otras actuaciones de China representan la mayor preocupación estratégica para Japón y para la comunidad internacional. Tokio observa especialmente el aumento de las capacidades navales, aéreas, misilísticas y nucleares chinas.

Una posible crisis en Taiwán constituye el escenario más delicado. Las islas japonesas más occidentales se encuentran próximas a Taiwán, y las bases estadounidenses en Japón tendrían una función importante en cualquier operación regional. Por ello, un conflicto podría afectar al territorio japonés incluso si Tokio intentara limitar su participación.

La primera ministra Sanae Takaichi afirmó anteriormente que Japón podría desplegar sus Fuerzas de Autodefensa si un ataque contra Taiwán amenazara también la supervivencia nacional. Pekín exigió retirar esas declaraciones y las calificó de provocación.

Japón y China mantienen además una disputa sobre las islas Senkaku, administradas por Tokio y reclamadas por Pekín con el nombre de Diaoyu. La actividad regular de barcos y aviones chinos alrededor del archipiélago obliga a Japón a mantener vigilancia continua y aumenta el riesgo de un incidente no planificado.

Rusia y Corea del Norte completan el escenario regional

El libro blanco también evalúa las actividades rusas en torno a Japón y la cooperación militar de Moscú con Pekín. Aviones y barcos de ambos países han desarrollado maniobras conjuntas, mientras la guerra de Ucrania ha debilitado la confianza japonesa en que las disputas territoriales puedan mantenerse separadas de la fuerza militar.

Japón reclama varias islas al norte de Hokkaido ocupadas por la Unión Soviética al final de la Segunda Guerra Mundial y administradas actualmente por Rusia. La disputa ha impedido que Tokio y Moscú firmen un tratado de paz formal.

Corea del Norte representa una amenaza diferente debido a sus misiles balísticos y su programa nuclear. Algunos proyectiles norcoreanos han sobrevolado territorio japonés o caído en su zona económica exclusiva, reduciendo el tiempo disponible para detectar, comunicar e interceptar un lanzamiento.

Los tres desafíos no son equivalentes. China es una gran potencia económica y militar vinculada profundamente con el comercio japonés; Rusia posee fuerzas nucleares y una disputa territorial; Corea del Norte mantiene un arsenal menor, pero realiza pruebas impredecibles. La estrategia debe asignar recursos específicos a cada riesgo.

Misiles de largo alcance, drones y mando conjunto

Japón ha dedicado una parte importante del incremento presupuestario a misiles capaces de alcanzar objetivos situados a más de 1.000 kilómetros. El Gobierno los denomina capacidades de contraataque y sostiene que solo se utilizarían bajo las condiciones del derecho de legítima defensa.

El cambio es significativo para un país cuya Constitución renuncia a la guerra como derecho soberano. Durante décadas, Tokio interpretó esa restricción como una obligación de concentrarse en la defensa inmediata. Ahora considera legítimo golpear instalaciones desde las que se esté ejecutando un ataque cuando no exista otra forma de detenerlo.

Los drones recibirán una proporción creciente de los nuevos fondos. La guerra de Ucrania ha demostrado que sistemas relativamente baratos pueden realizar vigilancia, ataques y operaciones de saturación, aunque también ha confirmado la necesidad de defensas electrónicas y de una industria capaz de reponer aparatos rápidamente.

Las Fuerzas de Autodefensa avanzan asimismo hacia un mando conjunto para coordinar los componentes terrestre, marítimo y aéreo. La interoperabilidad con Estados Unidos seguirá siendo esencial para compartir alertas, radares, comunicaciones y planificación.

El gasto alcanza el 2 % del producto interior bruto

La expansión ha llevado el gasto relacionado con la defensa hasta aproximadamente el 2 % del producto interior bruto —PIB—, indicador que mide el valor total de los bienes y servicios producidos por un país. Alcanzar esa proporción aproxima a Japón al objetivo utilizado como referencia por la OTAN.

Tokio ha combinado subidas fiscales, reformas del gasto e ingresos extraordinarios para financiar el mayor refuerzo militar desde 1945. El presupuesto nacional para el ejercicio que termina en marzo de 2027 alcanzó un récord de 122,3 billones de yenes, según Reuters.

El Gobierno aprobó además un paquete suplementario de 3,1 billones de yenes para aliviar los costes energéticos de hogares y empresas. Esa medida muestra la competencia entre defensa, protección social y estímulo económico dentro de unas cuentas públicas muy endeudadas.

Vincular la industria militar con el crecimiento puede facilitar apoyo político, pero no elimina la necesidad de evaluar cada programa. Los contratos deben comparar costes, plazos, necesidades estratégicas y riesgos de dependencia respecto de proveedores extranjeros.

Empresas emergentes y componentes comerciales

El empleo de tecnología comercial permite adaptar cámaras, microprocesadores, comunicaciones y programas informáticos ya utilizados en otros sectores. También puede incorporar proveedores que tradicionalmente no participaban en la industria de defensa.

Las empresas emergentes aportan ciclos de desarrollo más rápidos que los grandes contratistas, especialmente en drones, inteligencia artificial, espacio y ciberseguridad. Sin embargo, necesitan contratos previsibles, financiación y reglas claras para proteger información sensible.

Japón ha relajado gradualmente sus restricciones a las exportaciones de material militar. El país participa con Reino Unido e Italia en el desarrollo de un futuro avión de combate y busca ampliar la cooperación industrial con Estados Unidos, Australia, Filipinas y socios europeos.

El riesgo es que la política industrial quede subordinada a la producción militar o que los beneficios económicos se exageren. El gasto de defensa puede crear empleo y conocimiento, pero también desplaza recursos que podrían dedicarse a salud, educación, infraestructura o transición energética.

Una nueva estrategia nacional será la prueba decisiva

El libro blanco es una evaluación anual y no sustituye las decisiones presupuestarias o jurídicas. Su función consiste en explicar el entorno de seguridad, justificar las prioridades y preparar el debate sobre la revisión de la estrategia nacional.

La nueva estrategia tendrá que definir cuánto pretende gastar Japón después de alcanzar el 2 % del PIB, cómo financiará otro aumento y qué capacidades considera prioritarias. También deberá aclarar los límites de las operaciones de contraataque y la relación entre mando japonés y estadounidense.

Japón ha pasado de presentar su rearme como una respuesta excepcional a convertirlo en parte de su política económica y tecnológica. El giro puede reforzar la disuasión y la base industrial, pero profundizará las tensiones con China y obligará a justificar ante la ciudadanía el coste de una transformación histórica de su política de seguridad.

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