Las maniobras comenzaron desde un centro subterráneo
La orden de inicio fue transmitida desde un centro de mando subterráneo en Taipéi. A partir de ese momento, las fuerzas taiwanesas comenzaron a dispersar aviones de combate, preparar salidas navales de emergencia y trasladar unidades a posiciones alternativas.
El ejercicio Han Kuang se celebra anualmente desde 1984 y constituye la principal prueba de defensa de Taiwán. La edición de 2026 se prolongará hasta el 14 de agosto y movilizará a más de 20.000 efectivos, entre ellos aproximadamente 5.000 reservistas.
Las operaciones no anuncian que exista un ataque inminente. Su objetivo es comprobar planes, identificar fallos y practicar una movilización rápida ante distintos escenarios, desde un bloqueo marítimo hasta ataques contra las comunicaciones y los centros de mando.
Los mandos reciben mayor libertad para responder
Una de las principales novedades es el uso de un sistema inspirado en la práctica militar estadounidense conocida como backbrief. Después de recibir una misión, los oficiales subordinados deben explicar con sus propias palabras qué han entendido y cómo piensan ejecutarla.
El procedimiento permite que los superiores detecten errores antes de que comience una operación. También asegura que los mandos conozcan la intención general, no únicamente una sucesión rígida de instrucciones.
Esta comprensión resulta decisiva si las comunicaciones quedan interrumpidas. Un oficial que pierde contacto con el cuartel general puede adaptar su actuación a las circunstancias sin esperar una nueva orden que quizá nunca llegue.
Los organizadores han incorporado además situaciones inesperadas y evitan comunicar de antemano todos los movimientos. La agencia taiwanesa CNA explicó durante los preparativos el énfasis en decisiones descentralizadas, nuevas unidades y una participación mayor de reservistas.
Internet se ralentiza para simular un ataque
Taiwán reducirá deliberadamente la capacidad de determinadas redes móviles durante parte de los ejercicios. Es la primera vez que Han Kuang incorpora una prueba de este tipo a gran escala, según Reuters.
La medida simula daños sobre cables submarinos, estaciones terrestres, centros de datos o redes eléctricas. Las autoridades comprobarán qué servicios reciben prioridad cuando el ancho de banda —la cantidad de información que una red puede transmitir— resulta insuficiente para mantener todas las conexiones.
Los mandos, los hospitales y los equipos de emergencia necesitan canales resistentes y alternativos. También deben poder comunicarse los gobiernos locales, los servicios de agua y electricidad y las organizaciones encargadas de distribuir alimentos.
Una degradación real afectaría igualmente a la población. Los ciudadanos podrían encontrar dificultades para obtener instrucciones, verificar rumores, contactar con familiares o realizar pagos. El ejercicio permitirá evaluar sistemas de radio, satélite y mensajería de emergencia.
Arsenales, fábricas y puertos forman parte de la defensa
Las Fuerzas Armadas trasladarán armas y municiones desde depósitos vulnerables hacia instalaciones alternativas. Concentrar el material en pocos arsenales facilita su mantenimiento en tiempo de paz, pero permite que un adversario intente destruir grandes reservas mediante los primeros ataques.
La dispersión plantea dificultades logísticas: cada ubicación necesita seguridad, transporte, inventarios y personal capacitado. También debe mantenerse la trazabilidad para evitar pérdidas y garantizar que las unidades reciban la munición adecuada.
El plan contempla activar fábricas civiles para suministrar materiales y reparar equipos. La movilización industrial puede abarcar vehículos, piezas, comunicaciones, alimentos y productos médicos, aunque su funcionamiento dependerá del acceso a electricidad, trabajadores y materias primas.
También se ensayarán escoltas en la costa del Pacífico. Esa ribera se considera esencial para mantener rutas de abastecimiento si China controla o bloquea los accesos occidentales situados frente al continente.
Reservistas y población civil amplían el escenario
Los aproximadamente 5.000 reservistas convocados representan una cuarta parte del personal movilizado. Su integración permite comprobar cuánto tardan en presentarse, recibir equipo, recuperar conocimientos y desplegarse con unidades regulares.
Taiwán ha ampliado el servicio militar obligatorio y revisado la formación de reservistas ante las dudas sobre la capacidad de sostener operaciones prolongadas. El tamaño de sus fuerzas es considerablemente menor que el del Ejército Popular de Liberación chino.
Las autoridades ensayarán además la comunicación pública y acreditarán periodistas dentro de determinadas unidades. El objetivo es informar con rapidez y contrarrestar campañas de desinformación que puedan crear pánico, confusión o desconfianza hacia las instituciones.
La información también requiere límites operativos. Publicar imágenes o ubicaciones en tiempo real puede revelar movimientos militares. Los protocolos deben equilibrar transparencia, seguridad y libertad periodística sin convertir el control de rumores en censura general.
China mantiene la presión militar sobre la isla
Pekín considera Taiwán parte de su territorio y no ha renunciado al empleo de la fuerza para obtener la unificación. El Gobierno taiwanés rechaza esa posición y sostiene que únicamente sus habitantes pueden decidir su futuro.
China realiza vuelos y patrullas navales regulares alrededor de la isla y ha organizado ejercicios que simulan bloqueos y ataques de precisión. Estas operaciones reducen el tiempo disponible para distinguir entre entrenamiento, coerción y preparación de una ofensiva real.
Un bloqueo podría intentar aislar a Taiwán sin comenzar inmediatamente con un desembarco. La isla depende del comercio marítimo para importar energía, alimentos y numerosos componentes industriales, por lo que proteger puertos y rutas constituye una prioridad.
Estados Unidos no mantiene relaciones diplomáticas formales con Taipéi, pero le proporciona armamento defensivo. La cooperación incluye entrenamiento, intercambios y sistemas estadounidenses, aunque Washington conserva una política de ambigüedad sobre la respuesta exacta que daría ante un ataque.
La prueba real será corregir las deficiencias
El valor de las maniobras no se medirá solo por el número de soldados o vehículos desplegados. Las evaluaciones posteriores deberán determinar si las órdenes fueron comprendidas, si las comunicaciones alternativas funcionaron y cuánto tardaron las unidades en dispersarse.
También será necesario estudiar si los reservistas recibieron equipo suficiente y si fábricas, hospitales y gobiernos locales pudieron continuar operando con redes degradadas. Los fallos detectados deben traducirse en financiación, entrenamiento y cambios de procedimiento.
China observará los ejercicios mediante satélites, aviones y barcos. Taiwán necesita mostrar preparación sin provocar una escalada innecesaria ni revelar todos los detalles de su defensa.
Han Kuang 2026 refleja una evolución desde demostraciones previamente programadas hacia escenarios con incertidumbre, mandos descentralizados y participación civil. La premisa es que un conflicto moderno comenzaría atacando comunicaciones y logística, no únicamente posiciones militares. Prepararse para conservar la capacidad de decisión bajo esas condiciones constituye el objetivo central de los próximos diez días.