El informe, elaborado conjuntamente por la Universidad Griffith de Australia y el Green Finance & Development Center (GFDC) de la Universidad de Fudan, detalla que en 2025 la Iniciativa de la Franja y la Ruta alcanzó los 128.4 mil millones de dólares en contratos de construcción y unos 85.2 mil millones en inversiones directas, hasta totalizar 213.5 mil millones de dólares en unos 350 acuerdos. Los investigadores subrayan que se trata del mayor volumen anual de compromiso financiero desde el inicio del programa en 2013, tanto por valor agregado como por número de proyectos.
En términos acumulados, la participación de China en la BRI asciende ya a 1.399 billones de dólares desde 2013, de los cuales 837.000 millones corresponden a contratos de construcción y 561.000 millones a inversiones, abarcando infraestructuras de transporte, energía, telecomunicaciones y parques industriales. Más de 150 países se han sumado formalmente a la iniciativa, lo que representa alrededor de tres cuartas partes de la población mundial y más de la mitad del PIB global, según datos citados en el estudio.
El crecimiento de 2025 se apoyó especialmente en grandes operaciones en África, Asia Central y Oriente Medio, regiones que absorbieron más de dos tercios del compromiso financiero total en la primera mitad del año. Nigeria, por ejemplo, concentró cerca de 20.000 millones de dólares para el desarrollo del parque industrial de gas Ogidigben, mientras que Kazajistán y otros países ricos en recursos registraron acuerdos multimillonarios en minería y procesado de materias primas.
El componente energético de la Franja y la Ruta alcanzó también máximos históricos, con unos 42.000 millones de dólares en proyectos relacionados con energía solo en el primer semestre de 2025, el nivel más alto desde la creación de la iniciativa. Aunque las inversiones en renovables (viento, solar y residuos‑a‑energía) marcaron sus propias cifras récord con alrededor de 9.7 mil millones de dólares en los seis primeros meses, el estudio apunta a un aumento más rápido de los compromisos en gas y petróleo, que representaron la mayor parte del crecimiento.
Los autores del informe destacan un desplazamiento estratégico hacia acuerdos de mayor tamaño y complejidad, respaldados a menudo por recursos naturales, lo que se traduce en un fuerte incremento del valor medio por proyecto. De acuerdo con este análisis, en 2025 los grandes acuerdos de inversión superaron de media los 1.240 millones de dólares, casi el doble que en 2024, mientras que los contratos de construcción promediaron cerca de 783 millones, impulsados por megaproyectos de refino, minería y manufactura avanzada.
El avance de la BRI se produce en un entorno de crecientes tensiones geopolíticas y rivalidad tecnológica con Estados Unidos, que promueve iniciativas alternativas como el Partnership for Global Infrastructure and Investment (PGII) junto a otros socios del G7. Analistas citados por la Universidad Griffith señalan que el repunte de 2025 refleja la voluntad de Beijing de consolidar cadenas de suministro críticas, asegurar acceso a recursos y posicionar a empresas chinas de energía, construcción y alta tecnología en mercados emergentes clave.
No obstante, el estudio y otros análisis independientes advierten de que el perfil de los proyectos plantea retos en materia de sostenibilidad, deuda y gobernanza en varios países receptores. Los autores recomiendan reforzar los criterios de financiación verde, la transparencia contractual y la evaluación de riesgos ambientales y sociales para evitar que el nuevo ciclo de expansión de la Franja y la Ruta agrave vulnerabilidades fiscales o medioambientales en las economías participantes.