El siniestro se produjo alrededor de las 19:45 horas en un tramo recto de la línea de alta velocidad a unos 360 kilómetros al sur de Madrid, cuando un tren operado por Iryo descarriló y se desplazó a la vía adyacente, donde circulaba un convoy de Renfe que se dirigía desde Madrid a Huelva. El impacto provocó el vuelco de varios coches y dejó los vagones retorcidos y apilados en el talud, obligando a una compleja operación de rescate en la que participaron bomberos, servicios de emergencias sanitarias, Guardia Civil y Protección Civil.
Según el último balance difundido por la policía y el Ministerio del Interior, el accidente ha dejado 39 fallecidos y 152 heridos, de los cuales al menos 75 permanecen hospitalizados y una quincena se encuentra en estado crítico. En total, alrededor de 400 personas viajaban en ambos trenes, en su mayoría pasajeros españoles que regresaban a la capital tras el fin de semana, aunque las autoridades no han precisado aún el número de turistas afectados.
Las tareas de rescate se prolongaron durante toda la noche bajo potentes focos, con equipos de emergencia trabajando entre los restos de los vagones para localizar supervivientes y recuperar cuerpos. Imágenes difundidas en redes sociales mostraron a pasajeros saliendo por ventanas rotas, mientras otros eran evacuados en camillas y trasladados en convoyes de ambulancias a hospitales de Córdoba y otras ciudades andaluzas.
Las causas del descarrilamiento siguen bajo investigación y, por el momento, las autoridades descartan ofrecer hipótesis hasta contar con los primeros informes técnicos. El ministro de Transportes, Óscar Puente, calificó el accidente de “extremadamente extraño”, al producirse en un tramo llano de vía que había sido completamente renovado en mayo y en un tren de alta velocidad “prácticamente nuevo”, con menos de cuatro años de servicio.
Adif y la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios han abierto una investigación formal, que incluye el análisis de las cajas negras de ambos trenes, el estado de la infraestructura y los sistemas de señalización y control de tráfico. Los peritos examinan también las condiciones meteorológicas, posibles incidencias en la vía y el cumplimiento de los protocolos de seguridad por parte de los operadores implicados.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, canceló su agenda prevista y se desplazó a la zona acompañado de responsables de Interior y Transportes para seguir de cerca las labores de emergencia y coordinar la respuesta institucional. La Junta de Andalucía decretó luto oficial y su presidente, Juanma Moreno, advirtió de que la cifra de víctimas podría aumentar a medida que se avanza en el desescombro de los vagones siniestrados.
El accidente ha reabierto el debate sobre la seguridad ferroviaria en España, que ha hecho de la alta velocidad uno de sus emblemas desde los años noventa. Se trata del siniestro más grave desde 2013, cuando 80 personas murieron en el descarrilamiento de un tren Alvia en Santiago de Compostela, y pone el foco en la gestión de riesgos, la inversión en mantenimiento y la supervisión de las nuevas operadoras privadas que comparten la red de alta velocidad con Renfe.