Alemania prorrogó por otros seis meses los controles en sus fronteras internas del espacio Schengen, de modo que seguirán vigentes entre el 16 de marzo y el 15 de septiembre de 2026. La decisión fue anunciada por el ministro del Interior, Alexander Dobrindt, y posteriormente quedó reflejada en el portal oficial de la Comisión Europea sobre la reintroducción temporal de controles fronterizos.
La medida afecta a las fronteras terrestres de Alemania con Francia, Luxemburgo, Bélgica, Países Bajos, Dinamarca, Austria, Suiza, Chequia y Polonia. Según la notificación registrada por Bruselas, el Gobierno alemán argumenta que persisten “altos niveles de migración irregular”, actividades de tráfico ilícito de migrantes y una presión continuada sobre el sistema de acogida de asilo. También vincula la decisión al impacto del contexto internacional sobre la seguridad y los flujos migratorios.
Desde el punto de vista jurídico, el Código de Fronteras Schengen permite a los Estados miembros restablecer controles temporales en fronteras internas cuando exista una amenaza grave para el orden público o la seguridad interior. La Comisión Europea recuerda que se trata de una medida de último recurso, limitada en el tiempo y sujeta a criterios de necesidad y proporcionalidad. En los casos previsibles, como este, el control puede prolongarse por periodos renovables de hasta seis meses, con un máximo general de dos años.
El Ejecutivo alemán enmarca esta prórroga en su estrategia de endurecimiento de la política migratoria. Reuters informó en febrero que Dobrindt presentó los controles como una pieza de la “reorganización” de la política migratoria del país. Esa línea de actuación da continuidad a las restricciones aplicadas desde 2024 y a las posteriores ampliaciones del dispositivo en las fronteras interiores.
La presión política interna en Alemania ha sido un factor clave en esta continuidad. El debate sobre migración y seguridad ha ganado peso en la agenda pública, y los controles se han utilizado como instrumento para mostrar capacidad de respuesta frente a la entrada irregular y la criminalidad transfronteriza. Reuters ya había señalado en 2024 que Berlín reforzó estas medidas como parte de una postura más dura frente a la migración irregular y el crimen en pasos fronterizos.
En paralelo, el Gobierno alemán sostiene que el endurecimiento fronterizo coincide con una caída de las solicitudes de asilo. Datos difundidos por el entorno del Ministerio del Interior y recogidos por varios medios apuntan a que en 2025 se registraron 168.543 solicitudes de asilo entre primeras peticiones y reiteraciones, frente a 250.945 en 2024, lo que supone una reducción del 32,8%. En primeras solicitudes, la cifra se situó en 113.236, menos de la mitad que el año anterior. Aunque esa evolución es utilizada por Berlín para defender su política, distintos análisis recuerdan que los movimientos migratorios dependen también de factores externos, como conflictos, rutas activas y decisiones europeas.
La decisión alemana se produce además en un contexto en el que otros países Schengen mantienen o han activado controles temporales por razones migratorias, terroristas o de seguridad. El registro actualizado de la Comisión Europea muestra que, además de Alemania, países como Francia, Austria, Países Bajos, Suecia, Dinamarca, Italia, Eslovenia y Polonia mantienen restricciones temporales en distintos tramos y periodos. Esto confirma que la libre circulación dentro de Schengen sigue sometida a excepciones cada vez más frecuentes en escenarios de presión migratoria o amenaza a la seguridad.
La prórroga no ha estado exenta de críticas. Reuters recogió ya en 2024 objeciones de países vecinos como Polonia y Austria, así como advertencias de expertos sobre el riesgo de afectar la libre circulación dentro de la Unión Europea. También se han expresado dudas sobre la eficacia estructural de estos controles y sobre el posible impacto en trabajadores transfronterizos, viajeros frecuentes, transporte de mercancías y controles selectivos que puedan derivar en perfiles discriminatorios.
Para el tráfico diario y la movilidad regional, el efecto inmediato será la continuidad de verificaciones selectivas de identidad y controles móviles en carreteras, trenes y autobuses internacionales. No implica una suspensión general de Schengen, pero sí la persistencia de revisiones puntuales en pasos fronterizos terrestres durante toda la temporada estival de 2026. En términos prácticos, la medida obliga a viajeros y desplazados transfronterizos a portar documentación válida y prever posibles demoras.