Paleontología | Ciencia ciudadana recupera un anfibio fósil gigante en Varsovia

Dos mil voluntarios restauran en Varsovia un gran anfibio fósil de seis metros.

Imagen de referencia creado con IA
Más de 2.000 voluntarios participan en el Centro de Ciencias Copérnico de Varsovia en la preparación de los restos de un mastodonsaurio hallado en Miedary, al sur de Polonia. El animal vivió hace unos 240 millones de años y pudo alcanzar seis metros, aunque la sección preservada mide aproximadamente 2,5 metros y carece de cráneo y cuello.

Un laboratorio paleontológico abierto al público

La iniciativa recibió nueva atención internacional el 22 de julio de 2026, cuando Associated Press publicó un reportaje sobre la restauración y el número acumulado de participantes. La preparación se desarrolla desde antes, por lo que la fecha de publicación no debe confundirse con el descubrimiento: el fósil fue excavado en 2023 y el proyecto ciudadano continuaba activo en julio de 2026.

La pieza se encuentra dentro de un laboratorio con paredes de cristal en el Centro de Ciencias Copérnico. Los visitantes observan cómo pequeños grupos utilizan cinceles neumáticos, brochas y luz ultravioleta para diferenciar el fósil de la roca. La tarea se realiza milímetro a milímetro y bajo supervisión profesional, porque una presión mal dirigida podría destruir superficies óseas que han permanecido protegidas durante millones de años.

El centro acepta jóvenes desde los 15 años, adultos y personas mayores, sin exigir formación previa en geología o paleontología. Cada participante recibe capacitación, mascarilla antipolvo, protección auditiva y los demás equipos necesarios. La información oficial del proyecto señala que pueden trabajar hasta cinco personas simultáneamente en el laboratorio y que también se organizan sesiones abiertas para conocer la pieza y conversar con sus responsables.

El hallazgo que comenzó como un rompecabezas

Los restos aparecieron en Miedary, una localidad de Alta Silesia situada cerca de Tarnowskie Góry. El yacimiento corresponde a sedimentos depositados hace aproximadamente 240 millones de años, durante el Triásico Medio, cuando la región era una bahía tropical con una salinidad intermedia entre el agua dulce y el mar abierto. Investigadores de la Universidad de Varsovia y de la Academia Polaca de Ciencias han catalogado allí más de 1.000 huesos pertenecientes a por lo menos 24 tipos de peces, anfibios y reptiles.

Al principio, el equipo extrajo decenas de fragmentos por separado. Wojciech Pawlak advirtió después que varias piezas componían un patrón de costillas y que probablemente pertenecían a un solo animal. Los paleontólogos decidieron entonces recomponer los fragmentos en el terreno y sacar el conjunto como un bloque, para conservar la disposición anatómica original.

La página del Centro Copérnico precisa una diferencia importante frente a algunas descripciones periodísticas: la sección fosilizada extraída mide unos 2,5 metros y conserva la caja torácica y vértebras lumbares y caudales, pero no la cabeza ni las vértebras cervicales. Los seis metros corresponden a la longitud máxima estimada del animal completo. Esa distinción evita presentar la pieza conservada como un esqueleto íntegro de seis metros.

Cuatrocientos kilos de yeso y una carretera reparada a mano

Para sacar el bloque sin que se desintegrara, los investigadores lo cubrieron con unos 400 kilogramos de yeso y construyeron alrededor una estructura metálica reforzada con cadenas. Como no disponían de maquinaria especializada para doblar las barras de 1,6 centímetros de diámetro, utilizaron un canal de drenaje y un martillo de cinco kilos para darles la forma necesaria.

La operación también requirió perforar alrededor de un metro bajo la roca para pasar las cadenas. Vecinos de Miedary colaboraron con una máquina elevadora y un vehículo de carga. Antes del transporte, los voluntarios distribuyeron aproximadamente 40 carretillas de escombros sobre el deteriorado camino rural para reducir los golpes que podían afectar al fósil.

El bloque fue trasladado al almacén de la Academia Polaca de Ciencias en Dziekanów Leśny, cerca de Varsovia. Su volumen impedía introducirlo con facilidad en las salas habituales de preparación paleontológica: las puertas y corredores eran demasiado estrechos y uno de los laboratorios especializados se encontraba en un primer piso. Esa limitación práctica impulsó la propuesta de trabajar en el Centro Copérnico con ayuda ciudadana.

Lo que el fósil puede cambiar sobre el mastodonsaurio

El mastodonsaurio no era un dinosaurio ni un cocodrilo, aunque su cráneo aplanado y su apariencia general pudieran recordar a este último. Pertenecía a un grupo extinto de grandes anfibios temnospóndilos. Vivía en ambientes acuáticos poco profundos y probablemente cazaba peces y otros animales mediante emboscadas durante una etapa anterior al dominio de los grandes dinosaurios.

Una de las piezas ya limpiadas es el hueso escapulocoracoides, que forma parte de la cintura pectoral. Los científicos polacos lo consideran el mayor elemento de ese tipo identificado hasta ahora en un anfibio. La disposición de las costillas y vértebras también conserva información que no puede obtenerse a partir de huesos aislados, que constituyen la base de muchas reconstrucciones conocidas de estos animales.

Tomasz Sulej, del Instituto de Paleobiología de la Academia Polaca de Ciencias, explicó a AP que la estructura corporal observada presenta diferencias frente a lo conocido. El alcance exacto de esas novedades deberá establecerse mediante estudio anatómico y publicación científica; por ahora, la importancia verificable radica en el tamaño del individuo y en la conservación conjunta de una parte considerable del tronco.

Ciencia ciudadana más allá del trabajo manual

El proyecto no utiliza a los participantes únicamente como mano de obra. También estudia cómo cambia la confianza del público en la ciencia cuando las personas intervienen directamente en una investigación. Con consentimiento previo, el centro puede solicitar encuestas o entrevistas a los voluntarios antes y después de su experiencia.

La preparación pública permite además documentar cada fase mediante fotografías y registros de laboratorio. Los paleontólogos conservan el control sobre las áreas delicadas y sobre cualquier decisión que pueda alterar el fósil, mientras que los participantes realizan labores previamente delimitadas. Es un modelo habitual en ciertos museos de historia natural, pero poco frecuente para una pieza de estas dimensiones.

Los investigadores continúan buscando la cabeza y otras partes que pudieron separarse por el movimiento del agua antes del enterramiento. Cuando termine la preparación, el fósil podrá analizarse y exhibirse con mayor precisión. AP indicó que la presentación museística estaba prevista para finales de 2026, aunque el calendario dependerá del avance de una limpieza que deliberadamente prioriza la conservación sobre la rapidez.