La Red Mundial de Vigilancia de los Arrecifes de Coral —GCRMN, por sus siglas en inglés— publicó el 31 de agosto de 2026 el informe Status of Coral Reefs of the World: 2025. Su presentación coincidió con la reunión del Foro de las Islas del Pacífico en Palau, donde los dirigentes regionales debían coordinar prioridades climáticas antes de la conferencia COP31. Tanto la publicación institucional como la cobertura periodística consultada corresponden al 31 de agosto.
El análisis reúne alrededor de 21,1 millones de observaciones procedentes de casi 37.000 lugares de arrecife en 120 países y territorios. Unos 600 socios de monitoreo aportaron información obtenida a lo largo de más de cuatro décadas. El Instituto Australiano de Ciencias Marinas destacó que el tamaño de la base convierte el documento en la evaluación global más completa realizada hasta el momento.
Qué ocurre cuando un coral se blanquea
Los corales mantienen una relación simbiótica con algas microscópicas que viven en sus tejidos y les proporcionan buena parte de su energía. Cuando el agua permanece demasiado caliente, esa relación se altera y el coral expulsa las algas. El tejido se vuelve translúcido y deja ver el esqueleto blanco de carbonato de calcio, origen del término “blanqueamiento”.
Un coral blanqueado no está necesariamente muerto. Puede recuperar sus algas y su color si la temperatura desciende y las condiciones ambientales mejoran con suficiente rapidez. Sin embargo, durante el episodio dispone de menos energía, crece más lentamente y queda expuesto al hambre, las enfermedades y la mortalidad. La duración, intensidad y repetición del estrés determinan si la colonia se recuperará o pasará a formar parte de una pérdida permanente de cobertura.
De décadas de descanso a cinco o seis años
El informe identifica un cambio decisivo en la frecuencia de los grandes episodios. En el pasado podían transcurrir décadas entre dos blanqueamientos generalizados; ahora el intervalo medio se ha reducido a cinco o seis años. Manuel González-Rivero, autor principal, explicó que esa frecuencia prácticamente se ha duplicado y que los arrecifes conservan capacidad de recuperación cuando reciben tiempo suficiente, una condición que cada vez se cumple menos.
La cobertura mundial de coral duro permaneció relativamente estable durante gran parte de las cuatro décadas anteriores a 2010. Desde entonces, la tendencia cambió de manera pronunciada. Entre 2020 y 2024, la cobertura se situó aproximadamente un 9,5 % por debajo del promedio histórico utilizado por el informe. La cifra representa una comparación agregada global y no implica que todos los arrecifes hayan perdido exactamente esa proporción: existen importantes diferencias regionales y locales.
Cuatro episodios que forman una escalera descendente
La primera gran crisis mundial de blanqueamiento registrada ocurrió en 1998. Otras tres se han producido desde 2010. Cada una redujo la cobertura de coral duro y dejó menos tiempo para compensar las pérdidas antes del episodio siguiente. El informe describe el patrón como una sucesión escalonada: después de cada caída puede existir recuperación parcial, pero el sistema comienza el siguiente impacto desde una posición más débil.
Los datos también demuestran que la recuperación es posible. Entre 2017 y 2019, la cobertura coralina mundial aumentó alrededor de un 6 %, casi compensando el descenso del 6,6 % asociado con el episodio de 2016. El problema es que la recuperación requiere estabilidad térmica, buena calidad del agua, reproducción exitosa y ausencia de nuevas perturbaciones. Cuando otra ola de calor llega demasiado pronto, las colonias jóvenes y los corales supervivientes todavía no han reconstruido la complejidad anterior.
El episodio más extenso medido
La crisis iniciada en 2023 fue la más extensa registrada y afectó al 77 % de las zonas mundiales de arrecifes, según los datos citados por Reuters. El informe completo contabiliza pérdidas asociadas a las cuatro grandes crisis, aunque advierte que la información de campo siempre presenta diferencias de cobertura y frecuencia entre regiones. La amplitud geográfica del último episodio evidencia que el estrés térmico dejó de ser únicamente un problema localizado.
Las olas de calor marinas se producen cuando la temperatura del océano permanece anormalmente elevada durante un periodo prolongado. El fenómeno natural de El Niño puede aumentar temporalmente el calentamiento en determinadas regiones, pero la elevación sostenida de la temperatura media causada por las emisiones de gases de efecto invernadero incrementa la base desde la cual comienzan esos episodios. Por eso una anomalía similar puede provocar hoy consecuencias mayores que décadas atrás.
Por qué los arrecifes importan fuera del océano
Aunque cubren alrededor del 0,2 % del fondo marino, los arrecifes proporcionan refugio, alimentación o áreas de reproducción a por lo menos una cuarta parte de las especies marinas. También sostienen pesquerías, turismo y actividades económicas de las que dependen millones de personas. Sus estructuras reducen la energía de las olas y ayudan a proteger costas e infraestructuras frente a tormentas y erosión.
La desaparición de cobertura viva no supone que la estructura física se derrumbe inmediatamente, pero disminuye la capacidad del arrecife para crecer y repararse. Si la erosión supera la producción de nuevo carbonato, el relieve puede simplificarse y ofrecer menos refugios. Esa transformación afecta a peces, invertebrados y comunidades humanas incluso antes de que el arrecife desaparezca visualmente.
Qué puede hacerse y qué no resuelve el problema
El documento pide reducir con rapidez las emisiones que impulsan el calentamiento y, al mismo tiempo, controlar presiones locales como la pesca insostenible, la contaminación y el desarrollo costero excesivo. Estas actuaciones locales no enfrían por sí solas el océano, pero pueden aumentar las posibilidades de supervivencia al conservar herbívoros, limitar enfermedades y mantener una mejor calidad del agua.
La restauración mediante viveros, trasplantes o reproducción asistida puede ayudar en lugares concretos, pero su escala sigue siendo pequeña frente a la extensión mundial de los arrecifes. David Obura, presidente de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas, advirtió que retrasar las medidas puede consolidar pérdidas irreversibles. El informe no afirma que todos los arrecifes estén condenados: documenta una ventana de recuperación que se estrecha y señala que el resultado dependerá de la velocidad y profundidad de las decisiones adoptadas.