El cráneo del tilacino revela mordidas rápidas contra presas pequeñas y ágiles
Una cabeza parecida a la de un lobo, pero solo en apariencia
El tilacino, Thylacinus cynocephalus, fue el mayor marsupial carnívoro de la era moderna. Las rayas oscuras de su parte posterior originaron el nombre popular de tigre de Tasmania, mientras que su cabeza alargada llevó a compararlo con lobos y perros. Sin embargo, marsupiales y mamíferos placentarios están separados por más de 120 millones de años de evolución.
El nuevo estudio publicado en Nature Communications sostiene que esa semejanza general ocultó diferencias funcionales importantes. Al dividir el cráneo en regiones y comparar su geometría con la de otros depredadores, los investigadores encontraron un mosaico anatómico que no coincide completamente con ningún carnívoro mamífero vivo.
El equipo estuvo integrado por especialistas de la Universidad de Flinders y la Universidad de Melbourne. Su análisis combinó morfometría geométrica tridimensional, medidas lineales, principios biomecánicos y comparaciones evolutivas. La muestra principal reunió 60 especies pertenecientes a 14 familias de mamíferos que se alimentan de otros animales.
Un cráneo desproporcionadamente grande
El tilacino pesaba en promedio alrededor de 17 kilogramos, pero su cráneo tenía un tamaño comparable al de depredadores de entre 24,5 y 66,7 kilogramos. Según los investigadores, podía aproximarse en dimensión al de un lobo gris, un perro salvaje africano, un puma o un leopardo, pese a que su cuerpo era considerablemente más ligero.
La parte anterior presentaba, en cambio, una configuración más parecida a la de zorros y chacales: un hocico alargado, estrecho y relativamente delicado. Esa combinación resultaba desconcertante porque los depredadores especializados en capturar presas grandes suelen poseer hocicos más cortos y robustos, capaces de resistir tirones, torsiones y movimientos violentos.
Los investigadores analizaron también nueve dimensiones craneales en 73 tilacinos, la mayor muestra publicada de medidas lineales de esta especie. Comprobaron que, a medida que aumentaba el tamaño del cráneo, el hocico conservaba su estructura grácil, mientras que los arcos cigomáticos —los huesos laterales donde se insertan músculos de la mandíbula— se ensanchaban.
Una mordida rápida y de alto impacto
Una mandíbula alargada funciona como una palanca que permite que la punta se desplace con rapidez al cerrarse. La desventaja es que suele producir menos fuerza y soportar peor la torsión que una mandíbula corta. En el tilacino, el gran volumen del cráneo habría compensado parcialmente esa fragilidad al distribuir el impacto sobre una mayor cantidad de hueso.
El hocico también se ensanchaba cerca de los caninos después de atravesar una zona más estrecha. Los autores denominan a esta estructura “roseta terminal”. Esa forma adelantaba la distribución de masa, aumentaba la inercia de la punta y proporcionaba tejido adicional alrededor de los caninos para resistir el golpe.
La interpretación resultante es que el animal podía cerrar las mandíbulas con rapidez y producir una mordida súbita contra presas ágiles. La divulgación de las universidades participantes señala como ejemplo a los bandicuts, marsupiales de tamaño semejante al de un conejo. El artículo científico estima que sus presas habituales podían rondar aproximadamente el 45 % de su masa corporal.
Comparaciones con peces y cocodrilos
La combinación de una cabeza grande, mandíbulas alargadas y una punta ensanchada es poco común entre los mamíferos actuales. Los investigadores encontraron paralelismos funcionales más claros en algunos peces depredadores, cocodrilos y vertebrados extinguidos que capturaban animales veloces mediante movimientos rápidos de la mandíbula.
La comparación no significa que el tilacino cazara exactamente como un cocodrilo. Describe una convergencia mecánica: estructuras distintas pueden responder a un mismo problema funcional. En este caso, acelerar el extremo de la mandíbula, impactar con los caninos y absorber las fuerzas generadas durante el contacto.
El trabajo tampoco reconstruye directamente su conducta social ni demuestra cómo abatía cada presa. Los autores utilizan la anatomía para proponer el mecanismo más compatible con las propiedades del cráneo. La falta de ejemplares vivos impide realizar mediciones musculares o registrar movimientos reales de alimentación.
Una revisión de la acusación contra el ganado
La reputación del tilacino como cazador de ovejas contribuyó a su persecución durante la colonización europea de Tasmania. Se ofrecieron recompensas por matarlo y la población, ya reducida, desapareció rápidamente. El estudio recuerda que existen pocas pruebas de que representara una amenaza económica importante para la ganadería.
La fragilidad relativa del hocico frente a torsiones intensas tampoco encaja bien con una especialización en grandes animales que se resisten. Esto no excluye que algún tilacino pudiera aprovechar ganado pequeño, carroña u oportunidades aisladas; indica que su anatomía parece mejor adaptada a presas más manejables y veloces.
El último ejemplar conocido murió el 7 de septiembre de 1936 en el zoológico de Hobart. Con él desapareció una línea evolutiva de marsupiales carnívoros de más de 30 millones de años. La conservación de cráneos y otros restos en museos permite ahora formular preguntas que no podían responderse cuando el animal todavía existía.
Anatomía, desarrollo y genoma
Investigaciones anteriores identificaron semejanzas entre el tilacino y el lobo en regiones reguladoras del ADN relacionadas con la formación del cráneo. El nuevo trabajo matiza esa convergencia: ciertos patrones genéticos y de crecimiento pueden parecerse sin que el resultado adulto desempeñe exactamente la misma función.
El genoma ya reconstruido del tilacino permitirá estudiar cómo la regulación genética produjo sus proporciones craneales. Los autores proponen combinar morfología, biomecánica y genómica para comprender mejor el desarrollo de estructuras que no tienen una correspondencia directa entre animales actuales.