Lagos bajo el hielo aportan carbono milenario en la superficie del mar de Ross

Carbono de más de 10.000 años aparece en la superficie del mar de Ross oriental

Imagen de referencia creada con IA
photo_camera Imagen de referencia creada con IA
Oceanógrafos de Corea del Sur y Estados Unidos detectaron carbono orgánico disuelto con edades aparentes de entre 5.100 y 7.400 años en toda la columna de agua de la cuenca Little America, en el mar de Ross. La investigación, publicada el 2 de agosto de 2026, encontró que el carbono superficial era más antiguo que el profundo y plantea como origen probable la descarga de lagos situados bajo el hielo antártico.

Una anomalía en la superficie del océano

En la mayoría de los mares, el carbono orgánico disuelto cercano a la superficie es relativamente joven. El fitoplancton utiliza luz y dióxido de carbono para producir materia orgánica, parte de la cual se libera al agua. El material más antiguo suele encontrarse a mayor profundidad, después de permanecer durante siglos en la circulación oceánica y resistir la degradación microbiana.

La cuenca Little America mostró el patrón contrario. Sunmin Oh, de la Universidad Nacional de Seúl, y sus colaboradores encontraron que el carbono orgánico disuelto superficial era más antiguo que el de aguas profundas. El artículo de AGU Advances fue recibido el 20 de febrero, aceptado el 15 de julio y publicado el 2 de agosto. Las muestras, sin embargo, habían sido recogidas en diciembre de 2020.

El reloj del radiocarbono

El equipo midió carbono-14 y carbono-13 tanto en el carbono orgánico disuelto —DOC, por sus siglas inglesas— como en el carbono inorgánico disuelto, que incluye bicarbonato y dióxido de carbono. El carbono-14 es un isótopo radiactivo cuya proporción disminuye con el tiempo; comparar su abundancia con la de carbono estable permite calcular una edad aparente.

Esa edad no significa necesariamente que cada molécula haya permanecido intacta durante el número exacto de años indicado. Una muestra puede mezclar fracciones jóvenes y antiguas, y los reservorios oceánicos introducen desfases. Aun así, el radiocarbono permite reconocer aportes extraordinariamente envejecidos. Los datos y concentraciones de la campaña están publicados en un conjunto abierto de Mendeley Data, que confirma la recolección en diciembre de 2020.

Entre 5.100 y 7.400 años en toda la columna

Las edades aparentes del carbono orgánico oscilaron entre aproximadamente 5.100 y 7.400 años. Son comparables o superiores a las del carbono profundo del Pacífico, pese a que varias muestras procedían de aguas superficiales con elevada productividad. En cambio, los isótopos del carbono inorgánico mostraron una mezcla vertical rápida sobre la plataforma continental.

La combinación resulta difícil de explicar mediante producción biológica local. Si el fitoplancton superficial fuese la fuente dominante, debería añadir carbono reciente y reducir la edad media. El equipo utilizó un gráfico de Keeling, que relaciona la composición isotópica con el inverso de la concentración, para separar componentes mezclados. La tendencia apuntó a una fuente superficial con edad de radiocarbono superior a 10.000 años, en dirección opuesta a la relación habitual del océano mundial.

La hipótesis de una descarga subglacial

Los autores proponen que el carbono llega mediante agua procedente de lagos situados bajo la capa de hielo de la Antártida occidental. Estos sistemas se llenan y drenan periódicamente a través de redes de canales ocultos. El agua puede atravesar sedimentos antiguos, adquirir materia orgánica procesada por microorganismos y alcanzar posteriormente las cavidades marinas bajo la plataforma de hielo de Ross.

La ubicación apoya esa posibilidad: Little America se encuentra en la parte oriental del mar de Ross, junto a la plataforma helada y aguas conectadas con el drenaje subglacial. No obstante, el estudio no siguió físicamente una masa de agua desde un lago concreto hasta cada estación. La descarga subglacial es la explicación que mejor concuerda con las edades y concentraciones; su origen exacto continúa formulado como probable, no demostrado de manera definitiva.

Un ecosistema activo bajo cientos de metros de hielo

Las aguas subglaciales no son necesariamente estériles. Un estudio de 2020 sobre el lago Whillans encontró una comunidad microbiana activa y materia orgánica transformada en sedimentos y agua. Sus cálculos indicaron que el carbono orgánico disuelto del lago podía renovarse en entre 4,8 y 11,9 años, un periodo semejante al ciclo de llenado y drenaje.

Aquel trabajo estimó que las descargas de la costa de Siple podrían aportar, en promedio, mucho más carbono del necesario para la demanda microbiana de embahiamientos locales, aunque su contribución sería bastante menor al considerar toda la cavidad bajo la plataforma de Ross. La investigación de Global Biogeochemical Cycles estableció así una conexión plausible entre ecosistemas de agua dulce bajo el hielo y el océano Austral que el nuevo estudio detecta mediante radiocarbono mar adentro.

Carbono antiguo y carbono recién producido

La señal milenaria no debe confundirse con otro fenómeno observado recientemente en el mar de Ross oriental. Durante el mínimo excepcional de hielo marino de 2023, investigadores coreanos registraron concentraciones elevadas de carbono orgánico asociado con agua de deshielo rica en hierro y con nueva producción biológica. Aquella campaña estudió 42 estaciones y encontró aproximadamente 75 micromoles de carbono por litro en el sector oriental, según el análisis publicado en 2026.

Ambos procesos pueden coexistir. El deshielo de glaciares expuestos puede fertilizar el fitoplancton y producir carbono joven, mientras la descarga desde debajo de la capa de hielo transporta una fracción mucho más antigua. La proporción de cada fuente puede cambiar entre estaciones y años, lo que explica por qué medir únicamente la concentración resulta insuficiente: los isótopos revelan historias distintas dentro de cantidades aparentemente similares.

Qué falta para confirmar el recorrido

Será necesario repetir el muestreo en distintas estaciones, medir trazadores químicos propios del agua subglacial y comparar las fechas de vaciado de lagos detectadas por satélite con la llegada de señales isotópicas al mar. Modelos de circulación bajo la plataforma podrían determinar cuánto tarda el agua en viajar hasta Little America y qué parte del carbono consumen los microorganismos durante el trayecto.

El hallazgo no demuestra una liberación inmediata de ese carbono a la atmósfera ni calcula un nuevo volumen de emisiones. Su importancia es biogeoquímica: identifica una fuente oculta que altera la distribución de edades del carbono oceánico y que deberá incluirse al estudiar el intercambio entre hielo, océano y ecosistemas microbianos. Bajo la aparente inmovilidad de la Antártida existe una red hidrológica capaz de trasladar materia antigua hasta aguas iluminadas por el Sol.

Más en Variedades
Comentarios