El bronceado compulsivo afecta más a mujeres jóvenes y amenaza la salud cutánea

La tanorexia afecta más a mujeres jóvenes y eleva los riesgos de cáncer de piel

La tanorexia, término utilizado para describir una relación compulsiva con el bronceado y una necesidad persistente de oscurecer la piel, afecta especialmente a mujeres jóvenes, aunque también puede presentarse en hombres. Especialistas advierten de que la exposición repetida e intensa a la radiación ultravioleta, ya sea procedente del sol o de cabinas de bronceado, puede combinar problemas de percepción corporal y dependencia conductual con un mayor riesgo de envejecimiento prematuro, lesiones oculares y cáncer de piel.

Qué es la tanorexia y por qué va más allá de querer estar bronceado

La tanorexia describe una conducta caracterizada por la necesidad persistente o compulsiva de mantener o aumentar el bronceado, incluso cuando la persona conoce los posibles daños derivados de una exposición excesiva a la radiación ultravioleta.

Según explicó a EFE el psicólogo Luis Antón, director del Instituto de Psicoterapias Avanzadas, el fenómeno trasciende el simple deseo estético de verse moreno y puede estar relacionado con una percepción distorsionada de la propia imagen. Algunas personas pueden sentirse demasiado pálidas pese a presentar ya un tono de piel claramente bronceado y buscar nuevas exposiciones al sol o a cabinas de rayos UV para reducir esa insatisfacción.

La literatura científica utiliza expresiones como dependencia al bronceado, tanning dependence o comportamiento compulsivo relacionado con el bronceado. Diversas revisiones han encontrado similitudes con otros comportamientos adictivos, entre ellas la dificultad para reducir la conducta, la continuación a pesar de conocer sus consecuencias y la búsqueda repetida de los efectos subjetivos asociados a la exposición ultravioleta.

Sin embargo, conviene mantener una precisión médica: la tanorexia no es actualmente un diagnóstico independiente universalmente reconocido en los principales sistemas de clasificación psiquiátrica. El término engloba un fenómeno complejo en el que pueden intervenir dependencia conductual, alteraciones de la imagen corporal, factores socioculturales y, en algunos casos, otros problemas psicológicos.

Las mujeres jóvenes, el grupo señalado como más vulnerable

La información difundida por EFE sitúa a las mujeres de entre 16 y 35 años como el perfil más frecuentemente asociado a esta conducta, según el psicólogo consultado por la agencia. Los hombres también pueden presentar patrones compulsivos, particularmente en contextos donde la apariencia física ocupa un papel central en la identidad personal o social.

La investigación científica respalda que el bronceado artificial ha sido históricamente más frecuente entre mujeres jóvenes, particularmente en determinados países occidentales y entre personas de piel clara. Los estudios también han relacionado esta conducta con preocupaciones por la apariencia, presión social, insatisfacción corporal y la creencia de que una piel bronceada mejora el atractivo físico.

Un estudio centrado en mujeres adultas jóvenes que utilizaban cabinas de bronceado encontró que la dependencia estaba asociada con una edad más temprana de inicio, una mayor preocupación por la apariencia y otros comportamientos que incrementaban la exposición a la radiación ultravioleta.

La presión estética puede reforzarse además mediante cumplidos, modelos corporales y contenidos difundidos en redes sociales. Según Antón, las personas afectadas pueden interpretar la aprobación externa como una confirmación de que deben mantener o intensificar su bronceado.

Una percepción corporal que nunca parece suficientemente bronceada

Uno de los elementos descritos en los casos de tanorexia es la insatisfacción persistente con el tono de la piel.

La persona puede observarse en el espejo y percibirse más pálida de lo que realmente está, centrando su atención en cualquier señal que confirme esa impresión y minimizando los indicios contrarios. El resultado puede ser una búsqueda creciente de exposición solar o artificial.

Este fenómeno puede tener puntos de contacto con problemas de imagen corporal. Algunos estudios han encontrado una mayor frecuencia de síntomas compatibles con trastorno dismórfico corporal, ansiedad social y estrés entre personas que utilizan de manera frecuente las cabinas de bronceado, aunque estas asociaciones no significan que todas las personas que se broncean compulsivamente padezcan alguno de esos trastornos.

La literatura reciente considera la tanorexia un fenómeno psicodermatológico y biopsicosocial en el que pueden intervenir conjuntamente la imagen corporal, los mecanismos de recompensa, la presión estética, determinados rasgos psicológicos y la propia respuesta biológica a la radiación ultravioleta.

Por qué el bronceado podría generar una conducta de dependencia

Los científicos llevan años investigando por qué algunas personas mantienen una exposición frecuente a la radiación ultravioleta incluso después de conocer sus riesgos.

Diversos trabajos sugieren que la exposición UV puede activar mecanismos biológicos relacionados con el sistema de recompensa y la liberación de betaendorfinas, sustancias producidas naturalmente por el organismo y vinculadas con sensaciones de bienestar. Este mecanismo podría contribuir, al menos en determinadas personas, al refuerzo de la conducta repetitiva.

Estudios experimentales también han observado síntomas similares a la abstinencia en algunos usuarios frecuentes de cabinas de bronceado cuando se bloqueaban farmacológicamente determinados receptores opioides. Estos resultados no implican que todas las personas que toman el sol desarrollen una adicción, pero respaldan la hipótesis de que existe un componente biológico capaz de contribuir a la dependencia en individuos vulnerables.

A ello pueden sumarse factores psicológicos y sociales: relajación, mejora temporal del estado de ánimo, deseo de sentirse atractivo, presión estética o validación mediante comentarios de otras personas.

Cuáles son las señales de alerta de una relación compulsiva con el bronceado

No toda persona que se broncea presenta una dependencia. La preocupación aparece cuando la conducta adquiere un carácter repetitivo, difícil de controlar y continúa pese a conocer sus posibles consecuencias.

Entre las señales descritas en la literatura especializada figuran la necesidad de exponerse cada vez con mayor frecuencia, la incapacidad para reducir el bronceado, la ansiedad o irritabilidad cuando no es posible tomar el sol, la percepción persistente de estar demasiado pálido y la continuación de la conducta pese a quemaduras, lesiones cutáneas o recomendaciones médicas.

También puede ser relevante que la persona organice buena parte de su rutina alrededor de la exposición solar o de visitas a cabinas de rayos UV, o que recurra simultáneamente a diferentes fuentes de radiación para conservar un determinado tono de piel.

La evaluación debe realizarse de manera individualizada, porque una exposición frecuente no basta por sí sola para establecer una dependencia psicológica.

El bronceado no es una señal de salud

Una de las ideas centrales destacadas por los dermatólogos es que el bronceado no debe interpretarse como un indicador de buena salud.

La presidenta de la sección andaluza de la Academia Española de Dermatología y Venereología, Lourdes Rodríguez, recordó que el oscurecimiento de la piel constituye una respuesta del organismo frente a una agresión producida por la radiación ultravioleta.

La radiación UV puede dañar el ADN de las células cutáneas. El cuerpo intenta protegerse incrementando la producción de melanina, el pigmento responsable del oscurecimiento de la piel, pero esta respuesta no elimina el daño ya producido ni convierte una exposición intensa en segura.

Además, no existe un bronceado artificial mediante radiación ultravioleta que pueda considerarse libre de riesgo.

Las cabinas de bronceado están clasificadas como cancerígenas para los humanos

La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, perteneciente a la Organización Mundial de la Salud, clasificó en 2009 los dispositivos de bronceado que emiten radiación ultravioleta como cancerígenos para los humanos, Grupo 1, la categoría de mayor certeza científica sobre capacidad carcinógena.

La clasificación no significa que todas las personas expuestas vayan necesariamente a desarrollar un cáncer, sino que existe evidencia suficiente de que este tipo de radiación puede causarlo.

El análisis de más de una veintena de estudios epidemiológicos realizado por la IARC concluyó que el riesgo de melanoma cutáneo aumentaba un 75 % cuando el uso de dispositivos de bronceado comenzaba antes de los 30 años.

La American Cancer Society también señala que las cabinas de bronceado aumentan el riesgo de melanoma y de carcinomas basocelulares y escamosos, y advierte especialmente de las exposiciones iniciadas durante la juventud.

El daño solar es acumulativo y puede manifestarse años después

Una de las características de la exposición ultravioleta es que muchos de sus efectos no aparecen inmediatamente.

El daño puede acumularse durante años y manifestarse posteriormente mediante envejecimiento prematuro de la piel, manchas, arrugas, alteraciones de la pigmentación y cáncer cutáneo. La radiación UV también puede afectar los ojos y contribuir a enfermedades como las cataratas.

Este retraso entre la exposición y sus consecuencias puede dificultar la percepción del riesgo, especialmente entre personas jóvenes que todavía no observan daños visibles importantes.

La ausencia de una quemadura tampoco significa que la piel no haya sufrido daños. Tanto la radiación UVA como la UVB pueden producir alteraciones celulares y contribuir al desarrollo de cáncer.

El melanoma preocupa especialmente entre los adultos jóvenes

El melanoma representa una de las formas más agresivas de cáncer de piel y puede aparecer también en personas jóvenes.

La American Cancer Society señala que es uno de los cánceres más comunes entre las personas menores de 30 años, particularmente entre mujeres jóvenes. Antes de los 50 años, la incidencia es mayor entre mujeres que entre hombres, aunque esta relación se invierte en edades posteriores.

La relación entre exposición a radiación ultravioleta, uso de cabinas de bronceado y melanoma ha llevado a organismos internacionales a recomendar evitar estos dispositivos, especialmente entre menores y adultos jóvenes.

En España, la Academia Española de Dermatología y Venereología ha advertido además sobre el incremento de los diagnósticos de melanoma y, según la información recogida por EFE, prevé más de 8.000 nuevos casos durante 2026.

Redes sociales, cánones estéticos y presión por estar moreno

Los factores culturales también desempeñan un papel importante en la relación con el bronceado.

Durante décadas, en numerosas sociedades occidentales el tono bronceado se ha asociado con juventud, vacaciones, actividad física, ocio, salud y atractivo. Esa construcción cultural puede influir en la forma en que algunas personas valoran su apariencia.

Las redes sociales pueden amplificar esta presión mediante fotografías, filtros, tendencias y mensajes que presentan determinados tonos de piel como ideales. La investigación sobre mujeres jóvenes ha encontrado que las influencias socioculturales pueden relacionarse con mayor vigilancia del propio bronceado, insatisfacción con el tono de piel y mayor intención de utilizar cabinas.

No obstante, estos factores no afectan a todas las personas de la misma forma. La aparición de una conducta compulsiva depende de la combinación de vulnerabilidades individuales, contexto social, hábitos, percepción corporal y otros elementos psicológicos.

Cómo se aborda la tanorexia

Cuando el deseo de broncearse se vuelve difícil de controlar, interfiere en la vida cotidiana o continúa pese a daños físicos evidentes, puede ser recomendable una evaluación profesional.

El abordaje puede requerir la participación de dermatólogos y profesionales de la salud mental, especialmente cuando existen problemas de imagen corporal, síntomas de ansiedad o depresión, conductas compulsivas o posibles trastornos asociados.

La intervención psicológica puede centrarse en identificar los pensamientos que mantienen la conducta, modificar la percepción distorsionada de la propia imagen, reducir la dependencia de la validación externa y desarrollar estrategias para controlar el impulso de exponerse repetidamente a la radiación ultravioleta.

No existe un único tratamiento universal para todas las personas con dependencia al bronceado, por lo que la estrategia debe adaptarse a cada caso y a las posibles alteraciones psicológicas coexistentes.

Los autobronceadores no protegen frente al sol

Para quienes desean mantener un tono de piel más oscuro sin exponerse a radiación UV, los autobronceadores pueden representar una alternativa estética.

Estos productos colorean superficialmente la piel sin necesidad de utilizar radiación ultravioleta. Sin embargo, salvo que indiquen expresamente que incorporan un factor de protección solar adecuado, el color proporcionado por un autobronceador no protege contra los rayos UV.

Por ello, continúa siendo necesaria la protección solar cuando existe exposición al aire libre.

Cómo prevenir los daños asociados al exceso de radiación UV

La prevención pasa principalmente por evitar las cabinas de bronceado y reducir las exposiciones solares intensas o prolongadas.

Las recomendaciones sanitarias incluyen buscar sombra, utilizar ropa protectora, sombrero y gafas de sol adecuadas, emplear protector solar de amplio espectro y evitar especialmente la exposición durante las horas de mayor intensidad ultravioleta.

La OMS recomienda que los menores de 18 años no utilicen cabinas solares debido al riesgo asociado a la radiación ultravioleta y a la especial vulnerabilidad derivada de las exposiciones tempranas.

Una conducta con consecuencias físicas y psicológicas

La tanorexia refleja cómo un comportamiento inicialmente relacionado con la estética puede evolucionar, en determinadas personas, hacia un patrón difícil de controlar.

La evidencia disponible muestra que la dependencia al bronceado puede relacionarse con preocupaciones por la imagen corporal, mecanismos de recompensa y determinadas alteraciones psicológicas. Al mismo tiempo, la exposición repetida a radiación ultravioleta añade un riesgo físico claramente demostrado, especialmente en relación con el cáncer de piel y el envejecimiento prematuro.

Las mujeres jóvenes aparecen como uno de los grupos más expuestos a estas conductas en numerosos estudios y en la información difundida recientemente por especialistas, aunque la tanorexia puede afectar a personas de cualquier sexo y edad.

La principal recomendación de los expertos es clara: un tono más oscuro de piel no constituye un indicador de salud, y la exposición excesiva a radiación UV, tanto solar como artificial, produce daños acumulativos que pueden manifestarse muchos años después.

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