Trump ordena recortar maniobras con Seúl cuando ya habían comenzado este lunes

Trump recorta los ejercicios con Corea del Sur y busca reabrir diálogo con Kim

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Donald Trump ordenó el domingo 16 de agosto al Pentágono reducir sustancialmente las maniobras Ulchi Freedom Shield con Corea del Sur, pocas horas antes de que comenzaran como estaban programadas. Los ejercicios movilizan a unos 18.000 militares surcoreanos hasta el 27 de agosto y ensayan respuestas ante drones, ciberataques e interferencias del GPS, mientras Corea del Norte amplía sus capacidades nucleares y ha lanzado dos misiles balísticos durante el mes.

Una orden emitida cuando ya era tarde para cancelar

Trump comunicó mediante una publicación en su red social que había ordenado al responsable del Pentágono, Pete Hegseth, reducir sustancialmente las maniobras. El presidente reconoció que era demasiado tarde para cancelarlas, pero las calificó de costosas y de señal hostil e inapropiada hacia Corea del Norte.

La orden no explicó qué actividades deben eliminarse, cuántos efectivos estadounidenses dejarán de participar o si se acortará el calendario. Esa falta de instrucciones públicas resulta importante porque modificar un ejercicio iniciado obliga a revisar transportes, munición, comunicaciones y compromisos de unidades ya desplegadas.

El Estado Mayor Conjunto surcoreano confirmó que Ulchi Freedom Shield empezó el lunes según lo previsto. La Presidencia y los ministerios de Defensa y Exteriores de Corea del Sur no ofrecieron inicialmente una respuesta detallada, en una jornada festiva nacional.

El Pentágono remitió las preguntas sobre el alcance de la decisión a la Casa Blanca. Por tanto, el hecho confirmado es la orden presidencial de reducción; la dimensión operativa del recorte todavía no estaba definida públicamente.

Participan unos 18.000 militares surcoreanos

Ulchi Freedom Shield se desarrolla entre el 17 y el 27 de agosto y moviliza aproximadamente a 18.000 integrantes de las Fuerzas Armadas de Corea del Sur, una cifra semejante a la de ediciones anteriores.

Los ejercicios combinan simulaciones informáticas, movimientos de unidades y actividades sobre el terreno. Entre los escenarios programados figuran operaciones de precisión, cruce de cursos de agua, distribución de material almacenado previamente y coordinación de los mandos aliados.

También se incorporan respuestas ante drones, ataques informáticos e interferencias del sistema de posicionamiento global, conocido por las siglas GPS. Interferir esta señal puede afectar a navegación, comunicaciones, armas guiadas y numerosos servicios civiles.

Estados Unidos y Corea del Sur describen las maniobras como defensivas. Buscan que fuerzas con equipos, lenguas y cadenas de mando diferentes puedan actuar juntas durante una crisis. Corea del Norte las presenta habitualmente como ensayos para una invasión.

Reuters publicó la orden de Trump el 16 de agosto y confirmó el comienzo de las operaciones durante el lunes.

Trump vincula Corea con la guerra contra Irán

El presidente justificó también su decisión con la negativa de Seúl a sumarse a las acciones estadounidenses contra Irán. Según Trump, había preguntado al presidente surcoreano si deseaba participar en lo que llamó la desnuclearización de Irán y recibió una respuesta negativa.

No existe una relación operativa directa entre los ejercicios defensivos de la península coreana y la guerra en Oriente Próximo. Vincular ambos asuntos introduce una diferencia política externa dentro de la gestión de la alianza militar.

Corea del Sur debe equilibrar su dependencia de la protección estadounidense con sus propios intereses económicos y diplomáticos. Participar en ataques contra Irán ampliaría sus riesgos sin contribuir necesariamente a la defensa inmediata frente a Corea del Norte.

La argumentación también plantea dudas entre otros aliados: un desacuerdo sobre una guerra situada fuera de la región podría influir en actividades concebidas para garantizar su seguridad territorial.

Pyongyang acaba de reanudar sus lanzamientos

Corea del Norte efectuó durante agosto dos lanzamientos de misiles balísticos hacia las aguas de su costa oriental, según las fuerzas armadas de Corea del Sur y Japón. Fueron sus primeras pruebas balísticas desde finales de junio y se realizaron antes del inicio de las maniobras.

Las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas prohíben a Pyongyang desarrollar y probar este tipo de armamento. Un misil balístico asciende impulsado por motores y completa buena parte de su trayectoria bajo los efectos de la gravedad, alcanzando velocidades que reducen el tiempo disponible para responder.

Corea del Norte advirtió el viernes que adoptaría medidas firmes contra los ejercicios y los describió como preparación para una guerra agresiva. Este lenguaje se repite habitualmente antes de las grandes maniobras, aunque en ocasiones va acompañado de lanzamientos o demostraciones militares.

Pyongyang ha seguido ampliando sus arsenales nuclear y balístico desde el fracaso de la diplomacia entre Trump y Kim Jong Un en 2019. Las tres reuniones celebradas durante el primer mandato de Trump no produjeron un pacto verificable para limitar esos programas.

Trump intenta recuperar su canal con Kim

El presidente estadounidense destacó nuevamente su buena relación personal con Kim y describió a Corea del Norte como respetuosa y no amenazante durante su mandato. El comentario contrasta con los lanzamientos recientes y con las advertencias formuladas por mandos estadounidenses sobre el alcance de los misiles norcoreanos.

En 2018, después de su primera cumbre con Kim en Singapur, Trump sorprendió también a los aliados al anunciar la suspensión de maniobras que calificó de provocativas. Parte del entrenamiento se reanudó después de que las conversaciones nucleares quedaran estancadas.

Reducir los ejercicios podría ser una señal destinada a facilitar otro contacto con Pyongyang. Jenny Town, responsable del programa 38 North del centro Stimson, consideró ante Reuters posible esa interpretación, aunque advirtió de que la forma improvisada de la decisión podría limitar su efecto.

Corea del Norte mantiene ahora una cooperación mucho más estrecha con Rusia. Sus soldados han adquirido experiencia en la guerra de Ucrania y Moscú ha utilizado armamento norcoreano, de acuerdo con evaluaciones estadounidenses y ucranianas. Trump podría buscar el diálogo también para contener esa relación.

La preparación conjunta puede resentirse

El valor de una maniobra no depende solo del número de participantes. Su función es detectar problemas de coordinación antes de una emergencia: sistemas que no se comunican, órdenes mal interpretadas, rutas inadecuadas o retrasos en la distribución de material.

Una reducción imprevista puede eliminar algunas pruebas o impedir evaluar todas las fases. No significa automáticamente que la alianza haya perdido capacidad defensiva, pero obliga a decidir qué escenarios tienen prioridad y cuáles se aplazan.

Estados Unidos mantiene alrededor de 28.500 militares en Corea del Sur. Su presencia deriva de la guerra de Corea, concluida en 1953 mediante un armisticio y no mediante un tratado de paz. Técnicamente, las dos Coreas continúan en conflicto.

Ulchi Freedom Shield es uno de los dos grandes ejercicios combinados anuales. Las simulaciones han sustituido parte de las actividades con fuego real, pero la interoperabilidad —capacidad de ejércitos diferentes para operar juntos— requiere práctica periódica.

El coste y las tensiones comerciales pesan sobre la alianza

Trump ha reclamado durante años que Seúl asuma una proporción mayor del coste de las tropas estadounidenses. Sin embargo, Hegseth había elogiado en mayo a Corea del Sur como ejemplo de reparto de responsabilidades y por aumentar su gasto militar.

A las diferencias de seguridad se suman disputas económicas. Corea del Sur se comprometió a realizar inversiones por 350.000 millones de dólares como parte de un acuerdo comercial que redujo aranceles estadounidenses sobre sus automóviles, pero todavía no había anunciado todos los detalles del plan.

También existe tensión por la investigación surcoreana sobre Coupang, empresa de comercio electrónico cotizada en Estados Unidos, después de una filtración masiva de datos. Estos asuntos no forman parte formalmente de Ulchi Freedom Shield, aunque pueden influir en la relación política.

Seúl espera aclaraciones antes de modificar el programa

La primera cuestión será conocer la orden operativa enviada por el Pentágono y si afecta a efectivos, duración, fuego real o simulaciones. Corea del Sur deberá decidir qué actividades puede mantener por sí sola y cuáles requieren necesariamente participación estadounidense.

El segundo indicador será la respuesta norcoreana. Pyongyang podría presentar la reducción como una victoria, ignorarla o exigir concesiones mayores antes de volver al diálogo. También puede continuar los ensayos de misiles pese al gesto de Trump.

La orden abre una oportunidad diplomática, pero introduce incertidumbre en una alianza que necesita planes previsibles. El resultado dependerá de que Washington transforme el gesto en una negociación concreta con Kim sin debilitar la capacidad conjunta ni convertir la seguridad surcoreana en instrumento de presión por disputas ajenas a la península.

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