Una reunión directa de más de dos horas
Kushner participó en El Cairo en una conversación con Al-Hayya junto con representantes de Egipto, Catar y Turquía, según fuentes regionales y de Hamás citadas por Associated Press. La reunión es excepcional porque Estados Unidos clasifica a Hamás como organización terrorista y normalmente utiliza intermediarios para comunicarse con sus dirigentes.
El encuentro duró más de dos horas. Las fuentes hablaron bajo condición de anonimato porque no estaban autorizadas a describir la sesión, por lo que no se conoce una minuta completa ni compromisos concretos. La existencia de la reunión fue corroborada por distintos participantes, pero su resultado debe describirse como un esfuerzo diplomático, no como un acuerdo.
Kushner ya intervino en contactos con Hamás que contribuyeron al alto el fuego alcanzado el año anterior. En esta ocasión estuvo acompañado por otros enviados vinculados con la denominada Junta de Paz, el mecanismo creado por Washington para supervisar la transición y coordinar la aplicación del pacto.
La hoja de ruta contiene 15 puntos
El nuevo plan respaldado por Estados Unidos exige el cese inmediato de las operaciones militares, el desarme de Hamás y una retirada gradual de las fuerzas israelíes. Prevé además reconstruir Gaza bajo una nueva administración civil palestina.
El término hoja de ruta no equivale a un tratado. Describe una secuencia de objetivos y medidas cuya ejecución depende de calendarios, verificadores y obligaciones aceptadas por las partes. Sin estos elementos, dos gobiernos pueden declarar que apoyan el mismo plan mientras interpretan de manera opuesta cuándo deben actuar.
Hamás asegura haber aceptado la propuesta para evitar la reanudación general de la guerra, pero condiciona su aplicación a que Israel suspenda los ataques y retire sus fuerzas. Israel sostiene que una retirada prematura permitiría al movimiento reconstruir su estructura militar.
El desacuerdo reproduce el principal problema de la negociación: Hamás no quiere entregar las armas mientras permanezcan tropas israelíes, e Israel rechaza retirarse mientras el desarme no sea efectivo. Una aplicación simultánea y verificada podría resolver esa contradicción, pero todavía no existe un mecanismo público que la garantice.
Netanyahu rechazó la propuesta estadounidense
El primer ministro israelí calificó el 9 de agosto de inaceptable la última versión del plan. La discrepancia constituyó una inusual muestra pública de distancia entre Israel y la Administración Trump.
Israel cuestiona, entre otros aspectos, la demanda estadounidense de detener los asesinatos selectivos contra miembros de Hamás mientras el grupo reorganiza sus fuerzas. Para el Gobierno de Netanyahu, renunciar a esas operaciones antes del desarme reduciría la capacidad israelí de responder ante una amenaza.
Kushner, el ex primer ministro británico Tony Blair y el director de la Junta de Paz, Nickolay Mladenov, tenían previsto reunirse el lunes con Netanyahu. Esa segunda conversación será decisiva para determinar si el contacto con Hamás abrió un espacio de compromiso o simplemente confirmó posiciones incompatibles.
Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Egipto, Catar, Turquía, Pakistán e Indonesia condenaron conjuntamente el rechazo israelí. Los ministros de Exteriores de esos países responsabilizaron a Israel de obstaculizar los esfuerzos y reclamaron medidas concretas a Washington y a la Junta de Paz.
Los ataques continuaron durante la negociación
La actividad diplomática coincidió con nuevos bombardeos israelíes en Gaza. El Ejército de Israel afirmó haber atacado a miembros de Hamás y de la Yihad Islámica en Jan Yunis y Nuseirat.
Médicos palestinos dijeron que un ataque contra un campamento de tiendas en Jan Yunis hirió inicialmente a por lo menos cinco personas y que una de ellas murió posteriormente en el hospital Nasser. Otro bombardeo alcanzó un apartamento de Nuseirat y causó varios heridos, según los servicios sanitarios.
Israel identifica los objetivos como combatientes; las autoridades médicas informan de víctimas atendidas, pero no siempre establecen inmediatamente su condición civil o militar. La información disponible tampoco permite verificar de forma independiente todos los objetivos.
El desarme exige definiciones verificables
Desarmar a Hamás no consiste únicamente en entregar fusiles visibles. El proceso debería incluir cohetes, explosivos, túneles, depósitos, fábricas clandestinas, comunicaciones y estructuras de mando. También tendría que establecer qué sucede con los integrantes armados y quién comprueba el cumplimiento.
Una misión externa necesitaría acceso al territorio, capacidad técnica y aceptación de las partes. Los inspectores tendrían que diferenciar armamento militar de las armas utilizadas por fuerzas policiales bajo una futura administración palestina.
Israel exigiría garantías de que el material no reaparece después de su retirada. Hamás buscaría garantías equivalentes contra nuevos ataques, detenciones o una ocupación indefinida. Sin protección recíproca, cada parte puede interpretar su primer movimiento como una concesión irreversible.
Dos millones de personas dependen del acuerdo
Más de diez meses después de que el alto el fuego terminara con las principales operaciones, aproximadamente dos millones de habitantes continúan viviendo en un enclave ampliamente destruido y controlado en gran medida por fuerzas israelíes, según AP.
La reconstrucción comprende viviendas, hospitales, escuelas, redes de agua, electricidad, carreteras y retirada de escombros. También será necesario localizar explosivos sin detonar y crear una administración capaz de adjudicar contratos, recaudar ingresos y prestar servicios.
El reciclaje de metales y materiales procedentes de edificios destruidos demuestra la escasez existente, pero también presenta riesgos. Los restos pueden contener amianto, productos químicos, municiones o estructuras inestables.
Una tregua duradera permitiría ampliar la asistencia y comenzar obras sistemáticas. Sin ella, incluso los proyectos humanitarios más básicos pueden quedar paralizados por cierres, bombardeos o restricciones de acceso.
El siguiente encuentro medirá el margen real
La reunión con Hamás ha abierto un canal directo poco habitual, pero no ha eliminado los desacuerdos sobre la retirada y el desarme. El primer resultado comprobable será la respuesta de Netanyahu después de recibir a los enviados estadounidenses.
Después deberán conocerse el calendario de retirada, la composición de la administración palestina, el sistema de verificación y las consecuencias previstas si una parte incumple. También será necesario precisar qué fuerzas garantizarán la seguridad durante la transición.
El valor político del contacto reside en que Washington ha escuchado directamente a Hamás antes de trasladar la propuesta a Israel. Su límite es igualmente claro: hablar con ambos lados no garantiza que acepten las mismas obligaciones.
La negociación del lunes determinará si la hoja de ruta puede modificarse sin perder el apoyo regional y palestino. Mientras continúen los ataques y no exista un texto compartido, Gaza seguirá entre una tregua incompleta y el riesgo de otra campaña militar amplia.