Mette Frederiksen ha enfatizado que “si un país de la OTAN ataca a otro país de la OTAN, se acaba la OTAN. Fin del juego”, en alusión directa a las declaraciones de Trump sobre Groenlandia durante la Conferencia de Seguridad de Múnich, celebrada los días 13 y 14 de febrero. La dirigente socialdemócrata ha recordado que el deseo estadounidense de controlar la isla “sigue siendo el mismo”, pese a las negativas tanto de Copenhague como de Nuuk, la capital groenlandesa.
Groenlandia, territorio autónomo danés con amplias competencias de autogobierno desde 2009, posee recursos minerales estratégicos y una posición clave en rutas árticas, lo que ha reavivado el interés de Washington desde la primera presidencia de Trump en 2019. El presidente estadounidense ha insistido recientemente en que Estados Unidos “necesita” la isla para la seguridad nacional y ha mencionado planes para desplegar el sistema de defensa antimisiles “Golden Dome”, que entraría en operación antes de 2029.
Frederiksen ha defendido el principio de soberanía y autodeterminación como pilares del orden internacional democrático, subrayando que “los groenlandeses quieren ser un pueblo groenlandés, no estadounidenses”. La primera ministra ha indicado que Dinamarca, la Unión Europea y “algunos amigos estadounidenses” rechazan frontalmente cualquier alteración del estatus territorial, y ha afirmado estar tomando “todas las medidas necesarias” para proteger la isla.
El primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, ha respaldado esta postura al calificar las presiones de Trump como “fantasías de anexión” e “inaceptables entre amigos”, recordando que Groenlandia es una democracia soberana. Por su parte, el asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Stephen Miller, ha argumentado que no haría falta una operación militar, ya que “nadie se opondría” a la integración de Groenlandia en territorio estadounidense.
Las declaraciones de Frederiksen se enmarcan en un renovado interés por Groenlandia impulsado por el deshielo ártico, que abre rutas marítimas y acceso a minerales críticos para la transición energética y la tecnología militar. Dinamarca ha reforzado su presencia militar en la isla con la ampliación de la base aérea de Thule —bajo control estadounidense desde la Guerra Fría— y el despliegue de patrulleras polares, en coordinación con la OTAN.
La crisis diplomática ha generado reacciones en Europa, donde líderes han calificado las amenazas como un desafío al artículo 5 de la OTAN, que considera un ataque a un aliado como un ataque a todos. Analistas señalan que un escenario de confrontación directa sería inédito para la Alianza y pondría a prueba su cohesión interna, especialmente ante las dudas expresadas por Trump sobre el compromiso estadounidense con Europa.
Frederiksen ha insistido en que la soberanía “no es negociable ni reducible a cuestiones económicas”, y ha llamado a respetar las fronteras establecidas desde la posguerra. Mientras tanto, Trump ha mantenido que la Unión Europea “necesita” que Estados Unidos controle Groenlandia, argumentando beneficios mutuos en defensa estratégica. La disputa persiste sin avances en las conversaciones bilaterales, con Copenhague priorizando la defensa de su integridad territorial y la estabilidad de la OTAN.