La guerra en Ucrania ha entrado en una fase marcada por la escasez de munición crítica para la defensa aérea, especialmente misiles interceptores de alta gama como los utilizados por sistemas Patriot o NASAMS. Tras casi cuatro años de apoyo militar sostenido, los arsenales europeos de misiles antiaéreos se han visto gravemente mermados, mientras la capacidad industrial para reponerlos resulta más lenta y costosa de lo previsto. Este desequilibrio llega en un momento en el que Rusia mantiene un patrón constante de ataques con misiles y drones contra infraestructuras energéticas y centros urbanos ucranianos, obligando a Kiev a un uso intensivo de sus defensas aéreas.
Durante una sesión plenaria de la Conferencia de Seguridad de Múnich, la vicesecretaria general de la OTAN, Radmila Shekerinska, reconoció que, tras apelar a los países aliados para enviar todos los misiles de defensa aérea disponibles a Ucrania, el margen de maniobra europeo es ahora muy limitado. Según explicó, la Alianza está “buscando misiles por todo el mundo” y, en este contexto, “solo Estados Unidos tiene actualmente una capacidad real” para suministrar interceptores en cantidades significativas. El resultado práctico es que una parte sustancial de los fondos europeos destinados a apoyar a Ucrania termina canalizándose hacia la industria de defensa estadounidense, donde se concentran las mayores reservas y la capacidad de producción.
Las declaraciones de Shekerinska se producen en paralelo a las advertencias reiteradas del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, sobre la escasez de misiles para distintos sistemas de defensa aérea desplegados en el país. Zelenski ha llegado a señalar que, hasta hace pocas semanas, algunos sistemas ucranianos operaban directamente sin misiles, una situación que solo se alivió parcialmente con la llegada de nuevos paquetes de munición de varios socios occidentales. El mandatario ha subrayado que cada cargamento de misiles debe “extraerse” de los stocks de países europeos y de Estados Unidos, que ya estaban bajo presión, y ha insistido en que incluso sistemas como Patriot “nunca serán suficientes” frente al volumen de ataques rusos.
En el plano político, la escasez de interceptores ha reabierto el debate sobre la capacidad industrial y la preparación militar de los países europeos. Informes y análisis publicados en los últimos años ya habían alertado de que la reducción estructural de las industrias de defensa tras el fin de la Guerra Fría, junto al cierre o externalización de fábricas de armamento, había debilitado la capacidad del continente para sostener un conflicto de alta intensidad prolongado. La necesidad de reconstruir cadenas de suministro, ampliar líneas de producción y asegurar contratos de largo plazo se ha convertido en un eje central de las discusiones sobre seguridad europea.
La OTAN intenta responder a este desafío mediante iniciativas específicas para financiar la adquisición de misiles y otros equipos prioritarios para Ucrania. Una de las herramientas clave es la llamada “Prioritized Ukraine Requirements List”, que permite a Kiev adquirir sistemas y municiones con respaldo financiero de aliados y socios, incluido un reciente paquete de compromisos valorado en unos 38.000 millones de euros, según destacó Zelenski en Múnich. En su encuentro con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, el presidente ucraniano agradeció estas promesas, pero insistió en que la unidad europea sigue siendo el “mejor interceptor” frente a las amenazas actuales.
A pesar del reconocimiento público de la escasez, todavía existen reservas relevantes de misiles en determinados países europeos, según señaló el propio Rutte ante el Parlamento Europeo a finales de enero. El jefe de la Alianza aseguró que algunos Estados miembro mantienen cantidades “significativas” de interceptores para sistemas como NASAMS y Patriot, aunque evitó nombrarlos en sesión abierta, e instó a transferir parte de esas existencias a Ucrania para reforzar sus defensas. Rutte advirtió de que, cada noche, entre 15 y 20 misiles son lanzados contra ciudades como Kiev, Leópolis o Járkov, acompañados de centenares de drones, lo que exige un flujo constante de munición interceptora.
La presión sobre las reservas también se explica por la naturaleza de las amenazas a las que se enfrenta Ucrania. Mientras que los misiles Patriot PAC‑3 se consideran esenciales contra misiles balísticos rusos, para hacer frente a misiles de crucero y drones kamikaze Kiev depende de una combinación de sistemas más simples, aviones de combate y defensas de corto y medio alcance, cuya munición también se consume con rapidez. Analistas citados por medios especializados apuntan a que la escasez es especialmente aguda en los interceptores de alto coste y alta tecnología, cuya producción es compleja y requiere plazos de entrega de varios años.
En este contexto, varios gobiernos han anunciado nuevos paquetes de asistencia militar centrados en la defensa aérea, aunque lejos aún de cubrir las necesidades declaradas por Kiev. Entre ellos figuran compromisos para proporcionar misiles adicionales, munición de artillería y sistemas de interceptación de menor coste, con el objetivo de aliviar la presión sobre las baterías estratégicas más avanzadas. No obstante, las cifras disponibles indican que el ritmo de consumo de munición en el campo de batalla sigue superando la capacidad de reposición, tanto para Ucrania como para las fuerzas armadas europeas.
El problema de fondo, reconocen responsables políticos y expertos, es que Europa se ha visto obligada a reajustar en pocos años un modelo de defensa diseñado para escenarios de baja intensidad y sin guerras convencionales en su vecindad. El agotamiento de los misiles antiaéreos destinados a Ucrania actúa ahora como un indicador visible de ese desfase entre ambiciones estratégicas y medios disponibles, y refuerza las llamadas a incrementar de forma sostenida el gasto en defensa y la capacidad industrial. Mientras tanto, la vulnerabilidad de Ucrania frente a nuevas oleadas de ataques aéreos dependerá en buena medida de la rapidez con la que los aliados logren movilizar recursos adicionales y acelerar la producción de interceptores.