De acuerdo con información publicada por Bloomberg, los reguladores chinos han aconsejado recientemente a grandes bancos comerciales y a otras entidades financieras que moderen la compra de nuevos bonos del Tesoro de Estados Unidos y que, en los casos de exposición elevada, procedan a recortar sus tenencias de forma gradual. Las orientaciones, transmitidas de manera verbal, ponen el foco en la necesidad de gestionar el riesgo de concentración y la posible volatilidad de los mercados internacionales de deuda soberana, sin fijar objetivos numéricos ni un calendario estricto para los ajustes.
La guía regulatoria afecta principalmente a bancos comerciales y otras instituciones financieras, y no se extiende a las reservas soberanas oficiales administradas por el Estado chino. Fuentes citadas por Bloomberg y otros medios insisten en que se trata de una medida de gestión prudencial del riesgo y diversificación de cartera, más que de una señal explícita de desconfianza hacia la calidad crediticia de Estados Unidos o de una respuesta directa a tensiones geopolíticas puntuales.
El movimiento se produce en un contexto en el que China lleva más de una década reduciendo paulatinamente sus tenencias de bonos del Tesoro estadounidense, pasando de picos superiores a 1,3 billones de dólares en 2013 a niveles por debajo de los 700.000 millones en 2024, el registro más bajo en alrededor de 17 años según datos del Departamento del Tesoro de EE UU. Diversos análisis señalan que este ajuste gradual obedece a una combinación de factores, entre ellos la gestión de reservas, la diversificación hacia otros activos y monedas, y la voluntad de limitar la dependencia estructural del dólar en el balance externo chino.
Informes de expertos en reservas internacionales describen la estrategia de Pekín como un proceso de “recalibración” más que de desenganche abrupto, que incluye el aumento de posiciones en oro, la mayor utilización de bonos de agencias hipotecarias estadounidenses, la ampliación hacia deuda soberana de otros países desarrollados y el uso de gestores de activos no estadounidenses. Este enfoque busca equilibrar liquidez, seguridad y rentabilidad, al tiempo que permite a las autoridades chinas reducir progresivamente la proporción de Treasuries dentro de un volumen de reservas que se mantiene entre los mayores del mundo.
En los mercados financieros internacionales, las noticias sobre la recomendación de limitar la exposición a bonos del Tesoro tuvieron un efecto inmediato en los precios. Tras conocerse la orientación regulatoria, las rentabilidades de los Treasuries se incrementaron varios puntos básicos y el dólar registró un ligero retroceso frente a una cesta de divisas, reflejando la preocupación de los inversores por una eventual menor demanda china de deuda estadounidense en el margen.
Analistas consultados por agencias internacionales subrayan que, aunque la directriz es relevante por el peso de China como segundo mayor tenedor extranjero de deuda de EE UU, no implica un desprendimiento masivo ni inmediato de activos. Señalan que los reguladores chinos han presentado la medida como parte de una gestión de riesgo estándar, en línea con otros esfuerzos para reforzar la resiliencia del sistema financiero doméstico frente a shocks externos y a posibles episodios de volatilidad prolongada en los mercados de renta fija globales.
Este ajuste coincide con un fuerte dinamismo del crédito interno al inicio de 2026, con un volumen de nuevos préstamos en enero que, según estimaciones de analistas, se sitúa en torno a los 5 billones de yuanes, cerca de los máximos históricos de principios de año. Algunos observadores interpretan que limitar la exposición a bonos del Tesoro podría otorgar a los bancos chinos mayor flexibilidad para responder a las necesidades de financiación doméstica y apoyar las prioridades de política económica interna, en un entorno de crecimiento moderado y desafíos estructurales en sectores como el inmobiliario.
En el plano geopolítico y macroeconómico, la decisión refuerza la narrativa de una relación financiera entre China y Estados Unidos que evoluciona hacia una mayor diversificación y menor dependencia recíproca, sin romper, por ahora, los lazos profundos que suponen las amplias tenencias de activos denominados en dólares. Especialistas en finanzas internacionales apuntan que cambios graduales en la composición de las reservas chinas, la gestión de su cartera de Treasuries y las directrices a los bancos sobre exposición a deuda estadounidense seguirán siendo factores clave en la evolución de los mercados globales y del papel del dólar como principal moneda de reserva.