El cierre del pozo Krem-1 no disipa el daño denunciado por pueblos de Veracruz

Un incendio apagado tras cinco meses deja dudas de salud y ambiente en México

El cierre definitivo del pozo gasífero Krem-1, confirmado por Petróleos Mexicanos tras casi cinco meses de combustión, no ha terminado con las preocupaciones en las comunidades rurales de Las Choapas, Veracruz. Una investigación publicada el 10 de agosto recoge enfermedades respiratorias, pérdidas agrícolas y daños ambientales denunciados por residentes, mientras Pemex sostiene que sus mediciones permanecieron dentro de los límites permitidos.

Pemex informó de la eliminación del flujo superficial y el cierre del pozo el domingo 2 de agosto.

La empresa confirmó al día siguiente que había completado las operaciones para clausurar Krem-1, según Reuters. Pemex anunció una etapa de remediación, reparación de infraestructura y compensación, además de servicios médicos para más de 45 comunidades. No publicó entonces una evaluación integral de daños sanitarios o ambientales.

El incendio comenzó durante la noche del 5 de marzo y se prolongó durante casi cinco meses. El cierre extingue la fuente inmediata de combustión, pero no responde por sí mismo a preguntas sobre exposición acumulada, contaminación de agua y suelo, afectación agrícola o compensaciones económicas.

Una fuga durante la perforación

El primer parte de Pemex, fechado el 6 de marzo, explicó que el pozo exploratorio había alcanzado 3.336 metros de profundidad cuando se produjo un flujo inesperado de gas. El personal fue evacuado y el hidrocarburo se desvió hacia un quemador para reducir la presión.

La empresa sostuvo inicialmente que no hubo trabajadores lesionados ni riesgo para la población civil. Protección Civil de Veracruz mantuvo desplegados equipos de emergencia y habilitó refugios preventivos en Río Playas y Benito Juárez. El área se encuentra en una zona rural de acceso complejo, a decenas de kilómetros de la cabecera municipal de Las Choapas.

Quemar el gas puede ser más seguro que permitir su liberación directa y descontrolada, pero no elimina todos los impactos. La combustión genera dióxido de carbono y puede producir partículas u otros compuestos si resulta incompleta. El metano no es un tóxico convencional en bajas concentraciones al aire libre, aunque desplaza oxígeno cuando se acumula y es un potente gas de efecto invernadero.

Dos versiones sobre la exposición

En junio, Pemex aseguró que sus mediciones de calidad del aire permanecían por debajo de los límites permitidos y que no había identificado afectaciones sanitarias atribuibles al incidente. La compañía señaló que mantenía vigilancia ambiental, brigadas médicas y trabajos técnicos para extinguir y sellar el pozo.

Los residentes entrevistados posteriormente describieron irritación de ojos y garganta, tos, dolores de cabeza, problemas respiratorios y residuos metálicos depositados sobre viviendas y cultivos. También denunciaron muerte de animales, deterioro de pastizales y cambios en fuentes de agua. Son testimonios y observaciones locales: sin un estudio epidemiológico público y sistemático no puede afirmarse que cada enfermedad o pérdida haya sido causada por Krem-1.

La diferencia entre ambas versiones requiere datos verificables. Publicar la ubicación y frecuencia de las estaciones de medición, los contaminantes examinados, los resultados completos y los criterios utilizados permitiría determinar si los controles representaron adecuadamente a las comunidades situadas bajo la trayectoria del humo.

La dimensión ambiental y climática

Imágenes aéreas revisadas por Reuters antes del cierre mostraban vegetación quemada y una columna persistente de humo. Investigadores citados por la agencia estimaron que se habían quemado cientos de millones de metros cúbicos de gas, pero Pemex no ha difundido un balance definitivo que permita validar independientemente la magnitud total.

La organización mexicana CartoCrítica calculó en julio una emisión acumulada superior a 250 millones de metros cúbicos y una afectación de unas 270 hectáreas de vegetación. Estas cifras constituyen estimaciones externas basadas en imágenes y cálculos técnicos, no mediciones finales certificadas por la autoridad ambiental.

Para evaluar el impacto deberán examinarse suelos, sedimentos, pozos de agua, cuerpos superficiales y productos agrícolas. También conviene diferenciar las zonas quemadas directamente, las áreas expuestas al humo y las pérdidas causadas por cierres de caminos, evacuaciones o imposibilidad de utilizar los terrenos.

Salud pública y responsabilidad

Una evaluación epidemiológica debería comparar síntomas, diagnósticos y hospitalizaciones antes, durante y después del incendio, además de incorporar comunidades de referencia no expuestas. Sin esa metodología, la ausencia de intoxicaciones agudas registradas no descarta efectos menos visibles, pero la coincidencia temporal tampoco demuestra causalidad.

Pemex anunció atención médica en más de 45 poblaciones. El alcance de esa asistencia dependerá de que incluya expedientes clínicos continuos, pruebas diagnósticas, seguimiento de personas vulnerables y mecanismos para derivar casos. Las visitas aisladas resultan insuficientes para estudiar una exposición que duró meses.

También será necesario precisar qué organismo supervisará la remediación. Pemex es responsable de ejecutar trabajos, pero las autoridades ambientales y sanitarias deben comprobar los resultados mediante análisis independientes y publicar sus conclusiones. La credibilidad exige separar la operación industrial de la certificación del daño.

Compensaciones y próximos pasos

Las comunidades reclaman indemnizaciones por cultivos, ganado, agua, viviendas y pérdida de ingresos. Determinar los montos exigirá censos transparentes, criterios homogéneos y canales de reclamación accesibles. La compensación no debe depender únicamente de negociaciones individuales entre habitantes y representantes de la empresa.

El cierre técnico marca el final de la emergencia operativa, no necesariamente el de sus consecuencias. Los próximos hitos serán la publicación de análisis ambientales, el registro sanitario, el plan de restauración y el calendario de pagos. También deberá conocerse la causa precisa de la pérdida de control del pozo y las medidas adoptadas para evitar otro incidente.

Krem-1 expone una cuestión más amplia para Pemex: cómo conciliar la exploración energética con la seguridad industrial, la transparencia y los derechos de comunidades apartadas. El pozo ya no libera gas en superficie, pero la respuesta pública seguirá incompleta mientras los datos ambientales y sanitarios no puedan ser examinados de manera independiente.

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