Tres capullos preservados por un ambiente seco
Los capullos fueron recuperados durante excavaciones realizadas por un equipo chino-uzbeko en asentamientos de la Edad del Bronce situados junto al río Surkhan-Darya. El conjunto más importante procede de Sapalli Tepe, un yacimiento ocupado aproximadamente entre 2000 y 1500 antes de nuestra era.
La investigación fue publicada en Science Advances y divulgada el 23 de julio de 2026 por Washington University in St. Louis. La fecha reciente corresponde a la publicación de los resultados, no al momento de la excavación ni a la fabricación de los capullos.
El clima árido de la región permitió que los tres capullos sobrevivieran entre fragmentos de carbón vegetal y semillas. Los tejidos de insectos y las fibras orgánicas suelen desaparecer por humedad, microorganismos y alteraciones del suelo. Esa escasez explica por qué incluso en China, donde se domesticó el gusano de seda, no existen capullos preservados y datados directamente con una antigüedad comparable.
El artículo, encabezado por Xinying Zhou y con Xinyi Liu como autor correspondiente, se titula Silkworm cultivation predating the Silk Road in southern Central Asia (2000 BCE). Está disponible en Science Advances mediante el DOI 10.1126/sciadv.aec8738.
Cómo se verificaron la especie y la antigüedad
La apariencia de un capullo antiguo no basta para identificar al animal que lo produjo. El equipo combinó observación microscópica y proteómica, una técnica que reconoce las proteínas conservadas en una muestra y las compara con las de organismos conocidos.
Las proteínas confirmaron que los capullos pertenecían a Bombyx mori, el gusano de seda domesticado asociado con la tradición china basada en la morera. Esta distinción es relevante porque en Asia meridional también se produjeron sedas Tussar, Eri y Muga mediante otras especies de polillas y plantas nutricias.
Los investigadores obtuvieron además fechas directas mediante radiocarbono. Este procedimiento mide la pérdida del isótopo carbono-14 en materia orgánica y permite estimar cuánto tiempo ha transcurrido desde la muerte del organismo. La coincidencia entre la datación, la estratigrafía y los análisis moleculares refuerza la identificación.
Según los autores, se trata del registro arqueológico fiable más antiguo de capullos de gusano de seda preservados y fechados directamente. La formulación es deliberadamente específica: existían indicios anteriores de tejidos o conocimiento sedero, pero los capullos de Sapalli Tepe reúnen identificación biológica, contexto y cronología.
La morera completa el rompecabezas
Criar Bombyx mori exige alimentar grandes cantidades de orugas con hojas de morera. Un solo gusano puede producir un filamento continuo de hasta unos 900 metros, pero obtener seda suficiente para tejer requiere mantener numerosas larvas y disponer de árboles de manera regular.
En Sapalli Tepe aparecieron fragmentos de carbón identificados como madera de morera. La combinación de capullos domesticados y árboles nutricios indica que no llegó solamente una pieza terminada de seda: probablemente también circularon plantas y conocimientos sobre la cría del insecto.
El yacimiento contenía asimismo carbón de cítricos. Liu considera que la presencia conjunta de especies vinculadas con Asia oriental y meridional apunta hacia una conexión transhimalaya, posiblemente por las franjas situadas al sur de la meseta tibetana, en vez de una ruta exclusivamente septentrional por las montañas interiores de Asia.
La hipótesis geográfica aún debe contrastarse con nuevos yacimientos. El estudio demuestra la presencia de la tradición Bombyx-morera en el sur de Asia Central, pero tres capullos no permiten reconstruir por sí solos el itinerario exacto, la escala productiva ni las comunidades que transmitieron la técnica.
Una tela hallada décadas antes
Durante excavaciones soviéticas realizadas en la década de 1970 se recuperó en Sapalli Tepe un fragmento textil. Las restricciones de conservación impidieron someterlo ahora a un nuevo análisis destructivo, por lo que no puede considerarse una prueba molecular independiente equivalente a los capullos.
La documentación anterior describe, no obstante, un tejido de ligamento simple realizado con hilo hilado, compatible con técnicas de fabricación vinculadas con la seda china. Su asociación espacial con los capullos y el carbón de morera fortalece la interpretación de una producción o procesamiento local.
Los investigadores no afirman que Sapalli Tepe fuera un gran centro exportador comparable con los posteriores núcleos sederos. La evidencia permite concluir que los organismos, las plantas y al menos parte del conocimiento técnico habían alcanzado la región hacia 2000 antes de nuestra era.
La síntesis científica publicada por Phys.org recoge los mismos tres componentes: capullos de Bombyx mori, madera de morera y un tejido previamente excavado. La convergencia es más informativa que cualquiera de las pruebas por separado.
Una Ruta de la Seda antes de su nombre
La expresión Ruta de la Seda se aplica principalmente a redes comerciales consolidadas durante las épocas Han y romana, unos dos milenios después de los capullos de Uzbekistán. La denominación moderna puede dar la impresión de que antes no existían conexiones a larga distancia entre China, Asia Central y Asia meridional.
La arqueología ha ido modificando esa imagen. Durante el tercer y segundo milenio antes de nuestra era circularon por Eurasia trigo, cebada, mijo, ganado, técnicas metalúrgicas y árboles frutales. La sericultura se incorpora ahora a ese intercambio temprano.
No significa que existiera una única carretera comercial estable desde China hasta el Mediterráneo. Las tecnologías podían difundirse mediante desplazamientos de población, contactos entre comunidades vecinas y cadenas de intercambio en las que cada grupo recorría solo una parte del trayecto.
También queda una pregunta: si la tradición basada en Bombyx mori llegó tan pronto, ¿por qué no dejó una continuidad claramente documentada en la región? En etapas históricas, el sur de Asia mantuvo sistemas basados principalmente en otras especies de gusanos productores de seda.
Las próximas pistas estarán alrededor del Himalaya
Los autores proponen buscar nuevas pruebas arqueológicas en los márgenes norte y sur de la meseta tibetana. Hallar moreras, capullos, herramientas textiles o proteínas de seda en yacimientos intermedios permitiría contrastar la ruta transhimalaya.
También será necesario revisar materiales excavados hace décadas. Pequeños restos clasificados como semillas, fibras o residuos indefinidos podrían conservar proteínas que las técnicas disponibles en el momento de su hallazgo no podían detectar.
El estudio no desplaza el origen de la domesticación del gusano de seda fuera de China. Su aportación es demostrar que la técnica viajó mucho antes de lo supuesto. Los tres capullos convierten una materia extremadamente frágil en prueba de una red de conocimientos de cuatro milenios.