Un ensayo turco prueba la risa como ejercicio respiratorio frente a la EPOC

La risa reduce la disnea en EPOC igual que la respiración con labios fruncidos

Imagen de referencia creado con IA
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Un ensayo aleatorizado con 63 pacientes de Ankara asoció ocho semanas de ejercicios de risa con una reducción de la dificultad respiratoria semejante a la obtenida mediante respiración con los labios fruncidos. El beneficio continuaba un mes después, pero la pequeña muestra y la falta de cifras completas impiden considerarlo un tratamiento demostrado para la población general con EPOC.

Tres grupos y ocho semanas de ejercicio

Investigadores de la Universidad de Hacettepe y del Hospital Municipal Bilkent de Ankara distribuyeron aleatoriamente a 63 personas con enfermedad pulmonar obstructiva crónica —EPOC— en tres grupos. Uno practicó terapia de risa, otro realizó respiración con labios fruncidos y el tercero no incorporó ninguno de estos ejercicios. 

Los participantes de los dos primeros grupos recibieron instrucción presencial y practicaron durante treinta minutos, tres veces por semana, a lo largo de ocho semanas. El equipo mantuvo el apoyo mediante videollamadas y mensajes de texto, un elemento que pudo favorecer la adherencia y que debería reproducirse al evaluar el programa fuera del ensayo.

Antes, durante y después de la intervención se midieron la dificultad respiratoria, el estado general de salud y el grado de ayuda requerido para las actividades cotidianas. La información pública no identifica las escalas utilizadas ni facilita las diferencias numéricas, intervalos de confianza o tasas de abandono; estos datos serán necesarios para valorar la magnitud clínica.

Qué hicieron los participantes

La intervención no se limitó a contar chistes o ver contenido humorístico. Los pacientes practicaron aplausos rítmicos acompañados de sonidos vocales, ejercicios lúdicos que imitaban el arranque de una motocicleta o el rugido de un león, meditación con risa espontánea y una fase de relajación con respiración calmada y sonrisas.

La terapia intenta provocar algunos efectos físicos de la risa auténtica mediante un ejercicio controlado. La investigadora Goncagul Aldan planteó que las espiraciones repetidas podrían ejercitar músculos respiratorios, favorecer una salida más profunda del aire y combinar alivio físico con una respuesta emocional positiva.

El grupo de comparación activa aprendió a inspirar por la nariz y espirar lentamente a través de los labios parcialmente cerrados. Esta maniobra genera una presión suave durante la salida del aire, ayuda a evitar el colapso prematuro de las vías respiratorias y permite vaciar parte del aire atrapado.

El grupo sin ejercicios permitió distinguir el cambio asociado a las dos técnicas de la evolución habitual durante el periodo estudiado. Sin embargo, la naturaleza de la intervención imposibilitó ocultar a los pacientes qué actividad realizaban, lo que puede influir en evaluaciones subjetivas como la sensación de disnea o bienestar.

Menos dificultad para respirar

Al terminar las ocho semanas, tanto la terapia de risa como la respiración con labios fruncidos redujeron la dificultad respiratoria frente al grupo que no realizó ejercicios. La mejoría persistía un mes después de acabar el programa, según los resultados presentados en Barcelona.

Ambas intervenciones se asociaron también con un mejor estado general de salud. No se encontraron diferencias en la cantidad de ayuda que los participantes necesitaban durante su vida cotidiana, lo que sugiere que el cambio sintomático no produjo durante el seguimiento una ganancia demostrable de independencia funcional.

Los resultados no establecen que la risa sea superior a los ejercicios respiratorios convencionales, ni que mejore la capacidad pulmonar, reduzca exacerbaciones o evite ingresos. La expresión “tan eficaz” se refiere al desenlace sintomático comunicado y al periodo estudiado, no a todos los resultados importantes de la EPOC.

La terapia tampoco sustituye inhaladores, rehabilitación pulmonar, ejercicio físico, vacunación o abandono del tabaco. Los investigadores la proponen como una intervención complementaria, económica y practicable en casa cuando el paciente ha recibido instrucciones adecuadas.

Una enfermedad que atrapa aire

La EPOC engloba alteraciones progresivas —principalmente bronquitis crónica y enfisema— que limitan el paso del aire. Durante la espiración, las vías respiratorias pueden estrecharse o colapsar, de modo que parte del aire queda atrapada y aumenta la sensación de no poder vaciar los pulmones.

El tabaco es uno de los principales factores de riesgo, pero también influyen la contaminación doméstica y ambiental, la exposición laboral a polvo o sustancias químicas, infecciones tempranas y alteraciones genéticas. La enfermedad suele producir falta de aire, tos persistente, expectoración y episodios de empeoramiento agudo.

La Organización Mundial de la Salud calcula que la EPOC causó 3,4 millones de muertes en 2023, aproximadamente el 6% de todas las defunciones mundiales. Cerca del 90% de las muertes antes de los 70 años ocurre en países de ingresos bajos y medios.

La disnea reduce la actividad por miedo a quedarse sin aire. Esa inactividad debilita los músculos, empeora la capacidad física y puede incrementar aislamiento, ansiedad y dependencia. Las técnicas que permiten controlar la respiración buscan interrumpir ese círculo, aunque no reparan el daño pulmonar estructural.

Una hipótesis con antecedentes y contradicciones

La idea de utilizar risa o humor en EPOC no es completamente nueva. Un estudio de 2008 con 19 pacientes observó que una intervención humorística mejoraba el estado de ánimo, pero la risa intensa podía aumentar temporalmente el aire atrapado en algunas personas. Sus autores propusieron desarrollar una técnica respiratoria derivada de la sonrisa, no recomendar risa sin supervisión.

Otras investigaciones han distinguido entre disfrutar del humor y reír de manera físicamente intensa. En pacientes con obstrucción avanzada, una carcajada prolongada puede desencadenar tos o sensación de falta de aire. El nuevo programa empleó ejercicios estructurados, pausas y relajación, por lo que sus resultados no deben extrapolarse a cualquier forma de risa.

El ensayo turco aporta una comparación aleatorizada, pero incluye únicamente 21 personas por grupo si el reparto fue uniforme. Con números tan reducidos, unas pocas respuestas extremas o abandonos pueden cambiar la estimación y resulta difícil detectar efectos adversos infrecuentes.

Lo que falta por comprobar

Los investigadores pretenden ampliar la muestra y colaborar con centros de otros países. Un ensayo confirmatorio debería publicar el protocolo completo, registrar previamente los desenlaces y medir calidad de vida, capacidad de ejercicio, función pulmonar, exacerbaciones, ingresos y utilización de medicación.

También deberá determinarse quién obtiene mayor beneficio. La gravedad de la obstrucción, la capacidad de movimiento, la ansiedad, el apoyo social y la familiaridad con ejercicios grupales pueden modificar la aceptación y la respuesta.

La intervención posee ventajas prácticas: no requiere dispositivos, puede realizarse en casa y añade un componente social y emocional. No obstante, “bajo coste” no significa ausencia de supervisión. Los pacientes con síntomas inestables, oxígeno domiciliario o enfermedad cardiaca necesitan orientación antes de comenzar ejercicios respiratorios intensos.

El hallazgo más prudente es que un programa estructurado de risa redujo la disnea durante un periodo corto de forma comparable a una técnica respiratoria establecida. El resultado justifica estudios mayores, pero todavía no demuestra efectos sobre la progresión, hospitalización o supervivencia de la EPOC.

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