Herbívoros dentro de un paisaje que aparece y desaparece
El dugongo, Dugong dugon, es el único mamífero estrictamente marino que se alimenta principalmente de plantas. Arranca hierbas marinas con el hocico y deja en el sedimento surcos sinuosos conocidos como rastros de alimentación. En el golfo de Kachchh, en el estado indio de Gujarat, esta actividad se desarrolla dentro de uno de los ambientes de mareas más variables ocupados por la especie.
La amplitud entre pleamar y bajamar alcanza unos 3,4 metros en el puerto de Okha y hasta 6,2 metros en Navlakhi, según el estudio publicado en Scientific Reports. Las mareas son semidiurnas, con dos ascensos y dos descensos principales cada día. Una pradera accesible durante la pleamar puede quedar pocas horas después demasiado somera, aislada o directamente expuesta al aire. El animal debe obtener alimento sin quedar atrapado lejos de aguas navegables.
Seis años de rastros en trece praderas
Sameeha Pathan y sus colaboradores, del Instituto de Vida Silvestre de India y la Universidad de Pondicherry, cartografiaron 1.507 rastros frescos entre 2018 y 2023. Examinaron trece praderas: seis situadas sobre plataformas de arrecife, cuatro en zonas intermareales atravesadas por canales y tres permanentemente sumergidas. Los trabajos de campo, por tanto, precedieron a la publicación del 29 de julio; esa fecha corresponde al artículo revisado por pares.
Los rastros ofrecieron un indicador no invasivo de presencia y alimentación. El método no identifica qué dugongo produjo cada surco ni sigue todos sus movimientos individuales, pero permite reconstruir dónde y durante cuánto espacio excavó el fondo. Los investigadores midieron el número y la longitud de las marcas, la profundidad, la cantidad de hierba marina, la textura del sedimento y la distancia hasta calas o canales que podían servir como refugios.
La marea pesó más que la abundancia vegetal
El equipo construyó mapas batimétricos con una resolución de 30 metros y superpuso las áreas de alimentación sobre niveles representativos de pleamares y bajamares. Calculó que el 73,4 % de la superficie utilizada estaba condicionada por la marea. En todos los tipos de pradera, los dugongos mostraron preferencia por los bordes próximos a agua profunda, en vez de distribuirse uniformemente por toda la extensión vegetal.
Factores considerados tradicionalmente importantes —como la composición de especies de hierba, la calidad nutricional y la densidad de brotes— resultaron predictores relativamente débiles de la selección general. Eso no significa que el alimento carezca de importancia. Indica que, en este entorno concreto, una pradera abundante puede resultar poco útil si obliga al animal a alejarse demasiado de una salida segura antes de que el agua retroceda.
Más distancia cuando la recompensa lo compensa
La estrategia no fue idéntica en todos los hábitats. Sobre las plataformas de arrecife, donde las plantas presentaban una proporción mayor de proteína bruta, los dugongos se aventuraron más lejos de los refugios. En áreas menos productivas o más someras permanecieron cerca del borde. El comportamiento encaja con una decisión de coste y beneficio: aceptar un recorrido mayor cuando la recompensa nutricional puede compensarlo.
La longitud de los rastros también cambió con el sedimento. Excavar plantas en un fondo blando requiere un esfuerzo diferente al necesario sobre una superficie más compacta. Los modelos estadísticos relacionaron esos cambios con la facilidad para arrancar la hierba y con la profundidad disponible. La conclusión no atribuye al dugongo un cálculo consciente en metros o proteínas; describe una pauta acumulada de comportamiento adaptativo.
Los canales funcionan como carreteras y refugios
Los canales de marea conectaban distintas zonas de una misma pradera y, en algunos casos, hábitats separados. Al conservar mayor profundidad durante el descenso del agua, actuaban como corredores de desplazamiento y vías de retirada. Las calas cumplían una función semejante. Proteger únicamente el centro de una pradera y permitir la alteración de sus accesos podría conservar alimento, pero volverlo inaccesible para los animales.
Esta perspectiva resulta especialmente relevante en el golfo de Kachchh, donde las poblaciones de dugongos son pequeñas y están sometidas a presiones costeras. La zona reconocida como área importante para mamíferos marinos abarca 2.678 kilómetros cuadrados. La Marine Mammal Protected Areas Task Force señala como amenazas la captura accidental en redes, el tráfico marítimo, la fragmentación del hábitat, el dragado y el crecimiento industrial junto a las praderas.
Una especie protegida y difícil de contar
El Instituto de Vida Silvestre de India sitúa las poblaciones nacionales en el golfo de Mannar, la bahía de Palk, Kachchh y las islas Andamán y Nicobar. El dugongo está protegido por la legislación india y actúa como especie emblemática de los ecosistemas costeros. Las cifras disponibles son aproximadas porque los animales emergen brevemente, recorren áreas extensas y suelen vivir en aguas turbias.
El nuevo artículo no ofrece un censo actualizado de Kachchh. Su contribución consiste en localizar los espacios funcionales que usa la población residente. Los rastros permiten obtener información incluso cuando los ejemplares no son observados directamente. Los autores trabajaron además con pescadores de Beyt Dwarka, Balapur, Salaya y Sikka, cuya experiencia aportó conocimiento sobre rutas, mareas y puntos de alimentación, además de apoyo logístico.
Conservación ajustada al reloj del mar
Los mapas pueden orientar horarios y lugares de navegación, dragado, pesca o construcción. Una evaluación que considere únicamente la presencia de hierba marina podría pasar por alto un canal estrecho pero imprescindible. También puede ser necesario adaptar las restricciones a la fase de marea: una perturbación cerca del acceso durante la retirada del agua puede tener consecuencias distintas de la misma actividad cuando los dugongos permanecen en zonas profundas.
El método resulta relativamente económico y reproducible porque combina rastros, análisis de plantas, sedimentos y cartografía, sin depender exclusivamente de transmisores instalados en animales. Sus límites son claros: no identifica decisiones individuales, no mide toda la actividad nocturna y no sustituye los censos ni el seguimiento por satélite. Sí revela una regla ecológica concreta: en una costa sometida a variaciones de hasta seis metros, el mejor alimento no siempre es el más abundante, sino aquel del que todavía es posible escapar.