Un gas de Rydberg forma un cuasicristal temporal bajo dos ritmos incompatibles

Física cuántica observa un orden temporal que nunca se repite de forma precisa

Imagen de referencia creada con IA
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Investigadores de la Universidad de Ciencia y Tecnología de China observaron en un gas de átomos de Rydberg una fase que conserva un orden reconocible en el tiempo sin repetir exactamente su evolución. El experimento utiliza dos señales de radiofrecuencia cuyos ritmos no comparten un periodo común. El resultado circulaba como prepublicación desde septiembre de 2025 y apareció revisado por pares en Nature Communications el 29 de julio de 2026.

Un orden que no vuelve al mismo punto

Un cristal convencional mantiene una estructura que se repite en el espacio: al desplazarse una distancia determinada, vuelve a encontrarse el mismo patrón de átomos. Un cristal temporal traslada esa idea a la evolución de un sistema. Cuando recibe una perturbación periódica, responde con un ritmo propio que puede tardar dos o más ciclos externos en regresar al estado inicial. La nueva investigación amplía esa familia hacia un cuasicristal temporal discreto, cuyo orden no posee un periodo exacto de repetición.

“Cuasicristal” no significa que la evolución sea aleatoria. El sistema produce un conjunto estable y organizado de frecuencias, pero estas no pueden reducirse a múltiplos de un único ritmo fundamental. La diferencia se parece a la que existe entre un mosaico que repite siempre la misma baldosa y otro construido mediante proporciones regulares que nunca reproducen exactamente la composición completa. El artículo publicado el 29 de julio describe esta fase como una forma de materia fuera del equilibrio con orden temporal y sin periodicidad estricta.

Átomos agrandados mediante excitación

El equipo de Dong-Yang Zhu y sus colaboradores trabajó en Hefei con átomos de Rydberg. En estos átomos, uno de los electrones ha sido elevado a un nivel energético muy alto, por lo que su órbita efectiva aumenta considerablemente y el átomo se vuelve extremadamente sensible a los campos eléctricos. Dos átomos de Rydberg pueden interactuar con fuerza incluso cuando se encuentran relativamente separados, una propiedad útil para estudiar fenómenos colectivos.

Los investigadores excitaron y midieron el gas mediante transparencia inducida electromagnéticamente, o EIT por sus siglas inglesas. Tres campos luminosos conectaron diferentes niveles de energía, mientras dos señales de radiofrecuencia se aplicaban por medio de electrodos. La transmisión de un láser de prueba revelaba cómo cambiaba la población atómica. El sistema era además disipativo: recibía energía continuamente, pero también la perdía por desexcitación y otros procesos. La fase observada existe gracias a ese equilibrio dinámico y no corresponde al estado estable de un material aislado.

Dos ritmos deliberadamente incompatibles

Para crear el patrón cuasiperiódico, el equipo eligió señales cuyas frecuencias guardaban una relación cercana al número áureo, aproximadamente 1,618. En una de las configuraciones, las modulaciones fueron de 88 y 54,387 kilohercios; en otra utilizada para trazar el diagrama de fases, de 70 y 43,262 kilohercios. La relación irracional impide que ambas oscilaciones completen un número entero de ciclos y vuelvan a coincidir exactamente.

La prepublicación depositada en arXiv el 25 de septiembre de 2025 detalla que, cuando se aplicaba cada señal por separado, el gas podía responder a la mitad de la frecuencia externa. Al activar ambas simultáneamente, aparecieron combinaciones como la mitad de una frecuencia menos la mitad de la otra. Esas respuestas subarmónicas no estaban presentes como simples componentes de la excitación: surgieron de la interacción colectiva entre los átomos.

Una huella leída en el espectro

El experimento no fotografió un objeto que cambiara de forma como un reloj. Los científicos registraron la luz transmitida a lo largo del tiempo y la descompusieron mediante un análisis de Fourier. Esta operación permite identificar qué frecuencias forman una señal compleja, del mismo modo que un análisis acústico separa las notas presentes en un sonido. Los picos obtenidos mostraron varias frecuencias incompatibles entre sí, pero relacionadas de manera estable con las dos señales externas.

La interacción de van der Waals entre los átomos resultó esencial. Sin ella, cada átomo habría reaccionado casi de manera independiente y el espectro habría contenido principalmente las frecuencias de excitación y sus armónicos ordinarios. Las interacciones introdujeron correlaciones y una respuesta no lineal capaz de mezclar ambos ritmos. El resultado fue una estructura de frecuencias que el estudio describe como semejante a un patrón fractal y que no presenta recurrencia periódica a largo plazo.

Rigidez frente a pequeñas perturbaciones

Una sucesión de picos inesperados no basta para identificar una nueva fase de la materia. Podrían deberse a ruido, inestabilidad instrumental o una coincidencia válida únicamente para parámetros muy precisos. Por ello, los autores modificaron la intensidad del campo de radiofrecuencia y el ajuste de los láseres. El patrón subarmónico persistió dentro de una región delimitada del diagrama de fases y ganó intensidad cuando aumentó la excitación.

En una de las pruebas, el voltaje de uno de los campos se elevó progresivamente de 1,0 a 1,6 voltios, mientras el segundo permanecía en 1,5. La respuesta se mantuvo frente a pequeñas variaciones del láser, aunque terminó dividiéndose o dispersándose al superar los límites de estabilidad. Esa rigidez constituye una diferencia importante entre una fase colectiva y una oscilación accidental: el orden no desaparece ante cualquier perturbación pequeña.

La simetría limita qué cuasicristales pueden existir

Los investigadores representaron las respuestas mediante grupos matemáticos denominados Zₘ × Zₙ. Esta notación describe cuántas transformaciones temporales debe experimentar cada componente antes de recuperar su configuración. El equipo observó fases Z₂ × Z₂ y exploró estructuras Z₂ × Z₃ y Z₃ × Z₃. Algunas combinaciones quedaban bloqueadas en un comportamiento periódico cuando sus factores y frecuencias permitían reducirlas a un ciclo común.

El resultado muestra que utilizar dos frecuencias incompatibles no garantiza por sí solo un cuasicristal temporal. También importan la simetría interna, las interacciones y la disipación. Una investigación teórica publicada en marzo ya había predicho cuasicristales temporales discretos en cadenas de átomos de Rydberg; el nuevo trabajo aporta una realización experimental en un gas sometido a excitación y pérdidas.

Qué demuestra y qué no

El cuasicristal temporal no viaja en el tiempo, no produce energía y no constituye una máquina de movimiento perpetuo. Los campos externos sostienen la dinámica y los átomos disipan energía. “Cristal” describe la organización de la respuesta, no un objeto sólido capaz de funcionar sin alimentación. Tampoco se ha presentado una aplicación tecnológica inmediata.

Su valor es fundamental: ofrece un sistema controlable para estudiar cómo la materia colectiva adquiere orden lejos del equilibrio y cómo una simetría temporal puede romperse de formas más complejas que la repetición periódica. Los siguientes trabajos deberán reproducir la fase en otras plataformas, medir durante intervalos mayores su estabilidad y establecer si estos patrones ayudan a proteger información frente a ciertas perturbaciones. Por ahora, el logro verificable es haber convertido una construcción teórica en un espectro experimental robusto.

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