El tabaco, factor clave
Fernández ha insistido en que el tabaco es la principal causa conocida del cáncer de vejiga y que se trata de una enfermedad “en gran parte prevenible” si se reduce o elimina el consumo de cigarrillos.
La evidencia médica disponible coincide en que el riesgo aumenta con la duración del hábito y con el número de cigarrillos fumados al día, mientras que dejar de fumar reduce progresivamente la probabilidad de desarrollar este tumor.
Un tumor frecuente
El cáncer de vejiga figura entre los tumores urológicos más habituales y su incidencia mantiene al tabaquismo como el principal factor modificable asociado al diagnóstico.
Distintas fuentes médicas sitúan al tabaco detrás de una parte muy significativa de los casos, con estimaciones que van desde más del 40% hasta alrededor de la mitad de los diagnósticos.
Por qué el tabaco daña la vejiga
Las sustancias carcinógenas del tabaco pasan al torrente urinario y se eliminan por la orina, donde permanecen en contacto con el revestimiento de la vejiga.
Ese contacto repetido con compuestos tóxicos favorece alteraciones celulares que, con el tiempo, pueden derivar en un tumor vesical.
Síntomas y detección
Uno de los signos de alarma más importantes del cáncer de vejiga es la presencia de sangre en la orina, un síntoma que no debe ignorarse y que requiere valoración médica temprana.
La detección precoz es clave porque permite tratar la enfermedad en fases iniciales y mejorar el pronóstico, especialmente en pacientes con formas agresivas.
Tratamiento y pronóstico
Fernández ha destacado que en los casos de peor pronóstico ha habido avances importantes en supervivencia, especialmente gracias al desarrollo de la inmunoterapia.
El objetivo clínico actual, según explicó, es cronificar la enfermedad cuando está diseminada y ampliar las opciones de control a largo plazo.
Prevención
La medida preventiva más eficaz sigue siendo dejar de fumar, acompañada de una reducción de la exposición a sustancias químicas laborales o ambientales vinculadas al riesgo vesical.
La combinación de prevención primaria y consulta médica temprana ante síntomas urinarios sigue siendo la estrategia más útil para reducir casos y complicaciones.