Islandia frena por estrecho margen reabrir negociaciones de adhesión con la UE
Una votación ajustada y participativa
La opción contraria a reabrir las negociaciones obtuvo el 52,8% de los votos, mientras el sí alcanzó el 47,2%. RÚV contabilizó 118.040 papeletas por el no y 105.339 por el sí. La diferencia fue suficiente para detener el proyecto gubernamental, aunque mostró una sociedad prácticamente dividida en dos bloques.
Más del 82% de unos 270.000 electores habilitados acudió a las urnas, según AP. La participación elevada refuerza la legitimidad del resultado y demuestra que la cuestión europea conserva capacidad de movilización más de una década después de la suspensión del proceso anterior.
La pregunta no solicitaba autorizar directamente la entrada en la Unión Europea. Los ciudadanos debían decidir si el Gobierno podía retomar las conversaciones de adhesión. Incluso si hubiese ganado el sí, cualquier acuerdo final habría tenido que someterse a una segunda consulta popular.
El Gobierno promete respetar el resultado
La primera ministra, Kristrún Frostadóttir, afirmó que el resultado representaba una victoria democrática y no una derrota de su coalición. Confirmó que el Ejecutivo no avanzará con el proceso durante su actual mandato, salvo que ocurra un cambio político o internacional extraordinario en los próximos dos años.
La coalición de centroizquierda, elegida en 2024, había previsto originalmente realizar el referéndum en 2027. La consulta fue adelantada en un contexto de mayor incertidumbre geopolítica, marcado por las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump sobre el control de Groenlandia y por sus reiteradas confusiones entre ese territorio e Islandia.
La líder del opositor Partido de la Independencia, Guðrún Hafsteinsdóttir, interpretó el resultado como una orden para archivar el proyecto. Al mismo tiempo, subrayó que rechazar la adhesión no implica romper relaciones con Bruselas ni abandonar la cooperación con otros países europeos.
La pesca inclinó el debate rural
Reikiavik fue la única gran área del país donde la propuesta recibió apoyo mayoritario, según AP. En las regiones rurales y costeras, el rechazo fue más intenso. Esta división refleja la importancia económica, cultural y política de la pesca fuera de la capital.
La industria pesquera encabezó la oposición por temor a que la Política Pesquera Común de la Unión Europea limitara la capacidad islandesa para gestionar cuotas y permitiera un acceso más amplio a embarcaciones de otros Estados miembros. El sector considera que el control nacional de las aguas es una condición esencial para conservar empleo, recursos y comunidades costeras.
La pesca también ocupa un lugar central en la identidad nacional. Islandia amplió progresivamente sus aguas jurisdiccionales durante las denominadas guerras del bacalao contra el Reino Unido, disputas desarrolladas principalmente entre las décadas de 1950 y 1970. Ese precedente alimenta la resistencia a transferir competencias marítimas.
Islandia ya participa en buena parte de Europa
Aunque no pertenece a la Unión Europea, Islandia forma parte del Espacio Económico Europeo, conocido como EEE. Este acuerdo le permite participar en el mercado único, con libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas, a cambio de incorporar numerosas normas comunitarias.
El país pertenece asimismo al espacio Schengen, que elimina controles fronterizos sistemáticos entre sus integrantes. Los partidarios del no argumentaron que este modelo proporciona las principales ventajas de la integración sin aceptar todas las obligaciones políticas de un Estado miembro.
La contrapartida es que Islandia aplica una parte considerable de la regulación europea sin intervenir plenamente en su aprobación. Los defensores de la adhesión sostenían que un asiento en las instituciones comunitarias permitiría influir en decisiones que ya repercuten sobre la economía islandesa.
Moneda, inflación y seguridad
Quienes apoyaban la reapertura presentaron el euro como una posible fuente de estabilidad frente a la corona islandesa, una moneda expuesta a fluctuaciones importantes. También relacionaron una futura adhesión con menores tipos de interés, más inversión y una capacidad superior para afrontar el coste de la vida.
Esas ventajas no estaban garantizadas por la consulta. Retomar negociaciones no habría supuesto adoptar automáticamente el euro, y las condiciones económicas dependerían del acuerdo alcanzado, del cumplimiento de los criterios europeos y de una posterior aprobación ciudadana.
La seguridad fue el otro argumento central. Islandia es miembro fundador de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, pero no mantiene un ejército permanente. Los partidarios del sí defendían que una relación política más profunda con la Unión Europea complementaría la protección atlántica ante las tensiones en el Ártico.
Un proceso anterior inconcluso
Islandia solicitó ingresar en la Unión Europea en 2009, después del colapso bancario y financiero de 2008. Las conversaciones avanzaron en diversos capítulos, pero los desacuerdos sobre pesca y agricultura, junto con un cambio político interno, condujeron a su suspensión.
El referéndum de 2026 ofrecía la posibilidad de continuar aquel proceso, no de comenzar desde cero. No obstante, cualquier negociación actual tendría que incorporar cambios regulatorios y geopolíticos ocurridos durante más de una década.
Como democracia consolidada, país del EEE y Estado que ya aplica numerosas reglas comunitarias, Islandia habría afrontado probablemente un proceso más rápido que candidatos como Ucrania, Moldova o varios países balcánicos. Esa relativa facilidad convirtió la consulta en una prueba simbólica para la política de ampliación de la UE.
Europa mantiene abierta la cooperación
El resultado congela el debate inmediato, pero no impide que un futuro Gobierno convoque otra votación. Frostadóttir evitó descartar definitivamente esa posibilidad, aunque señaló que sería necesario un cambio sustancial para devolverla a la agenda durante el actual mandato.
Estados Unidos aseguró que respeta la decisión soberana y que desea fortalecer su asociación con Islandia en seguridad, energía, innovación y relaciones económicas. Bruselas deberá mantener una cooperación igualmente estrecha mediante el EEE, Schengen y los acuerdos sectoriales existentes.
La votación no fue un rechazo a Europa en sentido amplio, sino a reabrir ahora una negociación de adhesión. La estrechez del resultado obliga a leerlo con cautela: el no ganó y debe aplicarse, pero casi la mitad del electorado considera que Islandia debería volver a explorar la entrada en la Unión.