Las fuerzas kurdas se disuelven y se integran en el Ejército

Las fuerzas kurdas sirias se disuelven tras integrarse en el Ejército nacional

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Las Fuerzas Democráticas Sirias, principal socio de Estados Unidos contra el Estado Islámico y antigua autoridad militar de buena parte del noreste de Siria, completaron su integración en las fuerzas estatales y dejaron de existir como organización independiente. El anuncio, realizado el martes 25 de agosto en Damasco, fue recibido el miércoles con apoyo internacional y cautela entre la población kurda.

El final formal de una fuerza decisiva

Mazloum Abdi comunicó desde el palacio presidencial de Damasco que las Fuerzas Democráticas Sirias, conocidas internacionalmente por las siglas SDF, habían completado su fusión con el Ejército nacional. La organización dejará de operar con una cadena de mando separada y sus integrantes pasarán a estructuras estatales.

Las SDF fueron creadas en 2015 como una alianza dirigida por combatientes kurdos e integrada también por formaciones árabes y de otras comunidades. Con respaldo militar estadounidense, desempeñaron un papel central en la derrota territorial del autodenominado Estado Islámico, también llamado ISIS o Dáesh.

En su momento de máxima expansión, la administración vinculada a las SDF controló aproximadamente una cuarta parte del territorio sirio. Esa zona incluía campos petroleros, instalaciones agrícolas, pasos fronterizos y centros de detención donde permanecían combatientes del Estado Islámico y familiares asociados con el grupo.

La ofensiva que cambió el equilibrio

La organización perdió gran parte de su territorio durante una ofensiva gubernamental en enero de 2026. Después de los enfrentamientos, las autoridades de Damasco y los dirigentes kurdos aceleraron un acuerdo para integrar fuerzas militares, organismos civiles, recursos naturales y pasos fronterizos.

La transición ha sido más ordenada de lo que anticipaban numerosos observadores, según AP. Los combatientes están siendo incorporados al aparato militar oficial y las instituciones civiles administradas durante años por las autoridades autónomas pasan gradualmente al control del Estado.

La disolución fortalece al presidente interino Ahmed al-Sharaa, cuyo Gobierno intenta reunificar un país fragmentado tras casi catorce años de guerra. Sin embargo, una estructura estatal única no garantiza por sí sola una cadena de mando eficaz ni resuelve las demandas políticas de las diferentes comunidades.

Los derechos kurdos centran las dudas

Los kurdos sirios padecieron durante décadas restricciones sobre ciudadanía, idioma, educación y participación política bajo la dinastía Assad. Por ello, parte de la población considera que el éxito de la integración debe medirse por las garantías jurídicas obtenidas, no únicamente por la desaparición de las siglas SDF.

Activistas de Qamishli consultados por AP reclamaron el derecho a utilizar el kurdo, trabajar sus tierras, participar en la vida política y administrar asuntos locales. Algunos confían en que Abdi y los negociadores aseguren esas garantías; otros temen que las promesas pierdan fuerza una vez completado el desarme institucional.

Al-Sharaa se ha comprometido a reforzar los derechos kurdos. El enviado estadounidense para Siria, Tom Barrack, aseguró que el acuerdo contempla reconocer el kurdo en la educación e incorporar a figuras de las SDF a puestos relevantes. Esos nombramientos no habían sido confirmados oficialmente al cierre.

Una desaparición recibida con sentimientos mixtos

Para algunos habitantes del noreste, el nombre de la fuerza tiene menos importancia que el reconocimiento de sus derechos. Otros recuerdan sus pérdidas en la lucha contra el Estado Islámico y perciben la disolución como el final doloroso de una organización que proporcionó seguridad y autonomía durante la guerra.

La cautela es especialmente visible entre personas desplazadas de Afrin durante la ofensiva turca de 2018. Aunque algunas han comenzado a regresar, persiste la desconfianza hacia grupos que combatieron contra las SDF y que posteriormente quedaron asociados con las nuevas estructuras de poder.

El traspaso administrativo también ha tenido efectos económicos. AP señala que la retirada de subsidios al combustible aplicados por la antigua administración elevó precios y contribuyó al deterioro de las condiciones de vida. En los últimos meses se produjeron protestas por el coste de productos básicos.

Turquía y los aliados celebran la integración

El partido gobernante del presidente turco Recep Tayyip Erdoğan calificó la disolución como un paso importante para reforzar la unidad de Siria. Ankara considera a las SDF vinculadas con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán, el PKK, organización declarada terrorista por Turquía, Estados Unidos y la Unión Europea.

Turquía realizó varias operaciones militares contra las fuerzas kurdas en el norte de Siria y todavía mantiene miles de soldados en el país. El Gobierno turco sostiene que solo los retirará cuando hayan desaparecido las amenazas contra su seguridad, por lo que la integración será observada también desde esa perspectiva.

El presidente francés, Emmanuel Macron, felicitó a Siria por lo que describió como un avance decisivo hacia la integración pacífica. El dirigente de la región autónoma del Kurdistán iraquí, Nechirvan Barzani, pidió a las fuerzas políticas kurdas y al resto de las comunidades sirias que apoyen el proceso.

Las cuestiones que siguen abiertas

Damasco debe definir cómo se distribuirán los antiguos combatientes, quién controlará las unidades, qué ocurrirá con sus mandos y cómo se evitarán represalias. Una integración meramente nominal permitiría que sobrevivieran cadenas de mando paralelas bajo nuevos uniformes.

También permanece abierta la gestión de prisiones y campamentos con personas vinculadas al Estado Islámico. La pérdida de vigilancia o un relevo mal coordinado podría facilitar fugas y reconstruir redes extremistas que continúan realizando ataques clandestinos.

La disolución elimina uno de los principales ejércitos paralelos surgidos de la guerra, pero su relevancia histórica dependerá del acuerdo político que la acompañe. La prueba será si el nuevo Estado incorpora a los kurdos como ciudadanos con derechos verificables y mantiene la seguridad sin volver al centralismo represivo del pasado.

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