La creencia errónea de que tener un gato supone un riesgo de contagio seguro de toxoplasmosis y que las mujeres embarazadas no pueden convivir con su mascota persiste entre muchas futuras madres. La infección por toxoplasmosis durante el embarazo es poco frecuente y la principal vía de contagio en humanos no suele ser el gato doméstico que vive dentro de casa, sino el consumo de carne poco cocinada, vegetales mal lavados, agua contaminada y el contacto con tierra infectada. Las mujeres embarazadas tan solo deben extremar las medidas de higiene cuando toquen las heces de un gato y evitar la ingesta de carne cruda o verdura mal lavada.
¿Qué es la toxoplasmosis?
La toxoplasmosis es una enfermedad zoonótica provocada por la infección por Toxoplasma gondii, un parásito protozoario. Las personas inmunodeprimidas o las mujeres embarazadas son los dos grupos más vulnerables a esta enfermedad. Cuando una mujer contrae toxoplasmosis durante el embarazo, puede provocar problemas de salud serios en el bebé, como pérdida de audición o problemas neurológicos.
Mitos de la toxoplasmosis que persisten
Existen varios mitos sobre la toxoplasmosis que aún persisten en el imaginario popular:

La principal vía de contagio
La principal vía de contagio en humanos no suele ser el gato doméstico. Las formas más habituales de contagio son:
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Comer carne cruda o poco cocinada
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Ingerir vegetales contaminados mal lavados
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Manipular tierra infectada sin higiene adecuada
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Consumir agua contaminada
Cuándo existe riesgo real con el gato
Para que el gato pueda contagiar toxoplasma tiene que haber sido infectado recientemente, ya que es cuando se produce la eliminación de los quistes. Cuando un gato se infecta por primera vez, solo elimina ooquistes (la forma infecciosa del parásito) durante un periodo relativamente corto: 10 a 14 días postinfección. La persona se contagiaría estando en contacto directamente con las heces del gato o con los areneros, no por acariciar al animal.
Medidas de prevención recomendadas
Las mujeres embarazadas que tienen un gato nunca experimentan complicaciones, siempre y cuando mantengan buenas prácticas de higiene. Las medidas de prevención más importantes son:
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Consumir siempre frutas y verduras bien lavadas (durante más de 30 segundos con abundante agua, o empleando agua y vinagre)
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Evitar el consumo de carnes crudas o poco cocinadas (tomar bien cocinada, a temperaturas superiores a 80°C)
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Lavar y desinfectar utensilios de cocina con agua caliente y jabón, especialmente cuchillos y tablas de cortar carne
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Lavar bien las manos con agua caliente y jabón antes de manipular alimentos
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Utilizar guantes en trabajos de jardinería o manipulación de tierra
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Evitar el consumo de leche no pasteurizada
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Evitar la limpieza de heces del gato o sustituir carne cruda por pienso/comida enlatada
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Pelar la fruta después de lavarla
Riesgo de transmisión al feto
Si se contrae toxoplasmosis durante el embarazo, el riesgo de transmisión al feto aumenta conforme avanza el embarazo. La infección puede provocar en el feto alteraciones neuronales y oculares. En caso de que la futura madre esté inmunizada frente a la toxoplasmosis (si ha sufrido la enfermedad entre 6 y 9 meses antes de quedar embarazada), no existe ninguna probabilidad de que el feto se infecte.
Conclusión
La mayoría de las mujeres embarazadas que tienen un gato nunca experimentan complicaciones. Un felino que no está infectado por el parásito no transmitirá la toxoplasmosis a una mujer embarazada ni a cualquier otra persona. Las probabilidades de que un felino doméstico y controlado desde el punto de vista sanitario contagie la toxoplasmosis son reducidas y, en algunos casos, nulas.