Un reptil pariente de los cocodrilos, del tamaño de un caniche, habitó los bosques del Triásico tardío hace unos 225 millones de años en lo que hoy es Arizona. Al madurar, pasó de caminar en cuatro patas a erguirse sobre dos, según un estudio publicado hoy en el Journal of Vertebrate Paleontology. El descubrimiento, basado en más de 950 fósiles, revela convergencias evolutivas con dinosaurios.
Descubrimiento y contexto fósil
Los fósiles de Sonselasuchus cedrus, gen. et sp. nov., provienen de un yacimiento en el Petrified Forest National Park, Arizona, excavado desde 2014 en colaboración con el National Park Service. Representan al menos 36 individuos, mayoritariamente inmaduros, de una bonebed multitaxic con más de 3.000 restos óseos totales. El nombre "Sonselasuchus" alude al Miembro Sonsela de la Formación Chinle (Triásico Superior, ~225-201 Ma), y "cedrus" evoca los árboles de cedro de esos bosques.
Características anatómicas clave
Este shuvosaurid (Pseudosuchia, Poposauroidea) medía unos 63 cm de largo y presentaba un pico sin dientes, órbita ocular grande y huesos huecos, rasgos convergentes con dinosaurios ornitomímidos. El análisis de proporciones óseas muestra maxilar reducido, foramen subnarial agrandado y faceta expandida en el proceso posterior. Su dieta probable era omnívora o herbívora, adaptada a entornos forestales.
Transición locomotora ontogenética
En juveniles, las extremidades anteriores y posteriores eran proporcionales, sugiriendo locomoción cuadrúpeda. Al crecer, las patas traseras se alargaron y robustecieron alómetricamente negativos respecto a las delanteras, permitiendo bipedalismo en adultos similar al de avestruces. Este cambio ontogenético es "peculiar" y desafía suposiciones sobre restricciones en la línea crocodylomorfa.
Implicaciones evolutivas
Sonselasuchus ilustra experimentos evolutivos en archosaurios pseudosúquidos, donde bipedalismo, pico edéntulo y huesos huecos evolucionaron independientemente de terópodos dinosaurios. Los shuvosáuridos fueron componentes persistentes de faunas triásicas norteamericanas, destacando plasticidad desarrollativa y presiones ecológicas en ecosistemas compartidos. El estudio (DOI: 10.1080/02724634.2025.2604859) abre preguntas sobre orígenes del bipedalismo vertebral.