En la sesión de este 23 de febrero de 2026, Ethereum (ETH) cotiza en torno a los 1.880–1.950 dólares, después de un rebote moderado desde mínimos recientes por debajo del umbral de los 1.900 dólares. Datos de distintos proveedores de mercado sitúan el precio diario de ETH alrededor de los 1.884–1.954 dólares, lo que refleja una ligera recuperación intradía tras una caída que llevó al activo a un nuevo mínimo de dos semanas. Esta zona cercana a los 1.900 dólares se ha convertido en un nivel clave de soporte psicológico y técnico para los inversores que siguen la segunda mayor criptomoneda por capitalización.
Pese al repunte puntual, el comportamiento de Ethereum en 2026 está siendo claramente bajista. Desde el 1 de enero, el activo acumula un descenso aproximado del 30–35%, con informes que señalan una pérdida de alrededor del 34% y un precio cercano a los 2.000 dólares a mediados de febrero. En el último mes, el token ha corregido en torno al 37%, situándose más de un 30% por debajo de su nivel de hace un año, cuando se negociaba cerca de los 2.760 dólares. En perspectiva de ciclo, ETH sigue lejos de su máximo histórico, alcanzado en agosto de 2025 por encima de los 4.940 dólares, lo que ilustra la magnitud de la corrección acumulada.
Los indicadores técnicos apuntan a un entorno de presión vendedora persistente. Análisis especializados describen un sentimiento general “bajista” para Ethereum, con todas las principales métricas de corto y medio plazo alineadas en favor de un escenario de debilidad. El índice de Miedo y Codicia del mercado cripto se sitúa en niveles de “miedo extremo”, lo que refleja la cautela de los inversores y una elevada aversión al riesgo en el conjunto de los activos digitales. Varios indicadores de tendencia, como medias móviles simples y exponenciales, continúan generando señales de venta en la mayoría de los plazos, mientras que el RSI de 14 periodos se mantiene en zona neutral-baja, indicando que el activo aún no entra claramente en terreno de sobreventa.
A corto plazo, los analistas técnicos identifican rangos concretos de soporte y resistencia que pueden condicionar la evolución del precio. Entre los niveles de soporte más relevantes se sitúan aproximadamente los 1.890, 1.913 y 1.934 dólares, que han actuado como zonas de contención durante las últimas sesiones. En el lado superior, las principales resistencias inmediatas se encuentran en torno a los 1.978, 2.001 y 2.022 dólares, umbrales cuya superación sostenida podría abrir la puerta a una recuperación de mayor recorrido hacia niveles superiores. Este estrecho rango operativo refuerza la importancia de la zona de 1.900–2.000 dólares como franja decisiva para la evolución de ETH en los próximos días.
Pese al contexto correctivo, algunas proyecciones de precio siguen contemplando un potencial rebote en el corto plazo. Modelos cuantitativos estiman que Ethereum podría avanzar alrededor de un 10–11% en los próximos cinco días, hasta aproximarse a los 2.160 dólares, siempre que el mercado encuentre estabilidad y recupere parte de la confianza perdida. Estas previsiones se apoyan en la hipótesis de que la fase actual de caídas intensas y volatilidad elevada pueda propiciar un movimiento de alivio, aunque con un sesgo general que los propios analistas califican como “bajista”. En cualquier caso, los expertos recuerdan que las criptomonedas siguen expuestas a cambios abruptos de sentimiento y a factores externos, por lo que los escenarios de precio permanecen sujetos a una elevada incertidumbre.
El deterioro de la cotización de Ethereum también se refleja en su posición relativa dentro del mercado global de activos. El retroceso por debajo de los 1.900 dólares ha reducido su capitalización hasta aproximadamente 225.000 millones de dólares, situándola por detrás de grandes compañías cotizadas como Siemens en los rankings globales de valor de mercado. Este descenso en la clasificación muestra cómo la corrección de los criptoactivos impacta en la percepción de Ethereum como activo líder, aunque la red mantiene un papel central en el ecosistema de finanzas descentralizadas y aplicaciones basadas en contratos inteligentes.
En el plano fundamental, el comportamiento de ETH se enmarca en un inicio de año especialmente débil para el conjunto del mercado cripto. Informes recientes destacan que tanto Bitcoin como Ethereum han registrado uno de sus peores arranques de ejercicio, con caídas cercanas al 24% para BTC y del entorno del 34% para ETH respecto al 1 de enero. Entre los factores señalados figuran la presión vendedora tras los máximos de 2025, la moderación de los flujos hacia productos de inversión vinculados a criptomonedas y la incertidumbre regulatoria y macroeconómica. A ello se suma el impacto psicológico de la volatilidad reciente, que ha reforzado la preferencia por activos considerados más seguros en parte de los inversores institucionales.
De cara al medio y largo plazo, diversas casas de análisis mantienen previsiones alcistas para Ethereum, aunque con objetivos revisados a la baja frente a estimaciones anteriores. Algunos bancos de inversión contemplan ahora que ETH cierre 2026 cerca de los 7.500 dólares, por debajo de proyecciones previas que situaban el precio potencial en torno a los 12.000–15.000 dólares. Este ajuste refleja un escenario en el que la red de Ethereum seguiría captando valor por su papel en DeFi, NFTs y soluciones de escalado, pero en un entorno de menor exuberancia y mayor selectividad por parte de los inversores. La posibilidad de que se aprueben nuevos vehículos de inversión regulados, junto con el avance en mejoras de la red, se perfila como un elemento clave a la hora de determinar si Ethereum podrá retomar una senda de crecimiento sostenido en los próximos años.
En síntesis, Ethereum se mantiene este 23 de febrero de 2026 cerca de los 1.900 dólares, oscilando en un rango estrecho tras semanas de caídas pronunciadas. La combinación de un sentimiento de mercado dominado por el miedo extremo, señales técnicas mayoritariamente bajistas y previsiones todavía optimistas a medio plazo configura un escenario complejo, en el que cada ruptura de soporte o resistencia puede desencadenar movimientos bruscos en el precio. Los analistas coinciden en subrayar que, en este contexto, la gestión del riesgo y el seguimiento cercano de los niveles técnicos críticos resultan esenciales para los participantes del mercado.