Un bloque ampliado cierra filas en Nueva Delhi
BRICS nació como acrónimo de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. La ampliación incorporó posteriormente a Egipto, Etiopía, Irán, Emiratos Árabes Unidos, Indonesia y Arabia Saudí, hasta reunir once Estados que, según Associated Press, representan aproximadamente la mitad de la población mundial.
El grupo no es una alianza militar ni una organización supranacional comparable con la Unión Europea. Sus decisiones se adoptan por consenso y no existe una autoridad central capaz de obligar a los miembros a ejecutar una declaración. Su influencia depende de la coordinación política, el peso económico agregado y las instituciones que crea.
India presentó la cumbre como una oportunidad para reforzar la cooperación del denominado Sur Global, expresión que agrupa de forma amplia a países de Asia, África, América Latina y otras regiones con experiencias de desarrollo y relaciones de poder diferentes a las occidentales.
Modi advierte de una crisis internacional acumulada
El primer ministro indio, Narendra Modi, afirmó que las tensiones geopolíticas, las alteraciones de las cadenas de suministro, el proteccionismo y el cambio climático están afectando especialmente a los países en desarrollo. Propuso que los BRICS actúen como plataforma para aumentar su capacidad de respuesta.
La declaración plantea cooperación en seguridad alimentaria y energética, salud, tecnología digital, comercio y financiación climática. También defiende sistemas internacionales más representativos, una reivindicación recurrente de países que consideran insuficiente su peso en organismos diseñados después de la Segunda Guerra Mundial.
El consenso no elimina los intereses nacionales. China y la India compiten por influencia regional; Irán y Emiratos Árabes Unidos mantienen posiciones distintas sobre seguridad; y Brasil, Sudáfrica e Indonesia buscan evitar que el bloque se convierta en una coalición automática contra Occidente.
Las guerras ponen a prueba el consenso
La reunión se desarrolló con la guerra regional de Oriente Medio como principal foco de tensión. Irán forma parte del bloque, al igual que Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, dos Estados directamente expuestos a los riesgos militares, energéticos y comerciales de una escalada.
El texto conjunto pidió “máxima contención” y una resolución diplomática. Esa fórmula permitió mantener el consenso, pero evitó asignar responsabilidades detalladas o comprometer una mediación específica. Los miembros continúan sosteniendo relaciones muy diferentes con Teherán, Washington e Israel.
La declaración también abordó otras crisis internacionales y defendió la solución pacífica de disputas conforme a la Carta de Naciones Unidas. El lenguaje común tiene valor diplomático, aunque no equivale a un alto el fuego, una garantía de seguridad o un mecanismo de supervisión.
Reforma de la ONU, el FMI y el Banco Mundial
Los BRICS reclamaron una arquitectura internacional más “democrática y representativa”. El planteamiento incluye reformar el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y ampliar la voz de las economías emergentes en el Fondo Monetario Internacional, FMI, y el Banco Mundial.
El FMI proporciona financiación y supervisión macroeconómica a países con problemas de balanza de pagos; el Banco Mundial financia proyectos de desarrollo y reducción de la pobreza. Ambos asignan influencia parcialmente según las cuotas de capital, un sistema que los BRICS consideran demasiado favorable a las economías occidentales.
Reformar esas instituciones exige la aprobación de accionistas que perderían peso relativo. Por ello, la declaración expresa una posición compartida, pero no establece un calendario ni garantiza cambios. El bloque intenta aumentar entretanto sus alternativas mediante el Nuevo Banco de Desarrollo.
Pagos locales sin una moneda común
La cumbre defendió ampliar el uso de monedas nacionales en el comercio y mejorar las plataformas de pagos transfronterizos. El objetivo es reducir costes, acelerar operaciones y limitar la dependencia de redes dominadas por el dólar, especialmente para países expuestos a sanciones financieras.
Pagar en monedas locales no significa crear una divisa común de los BRICS. Una moneda compartida exigiría reglas sobre emisión, reservas, política monetaria y gestión de desequilibrios, además de un grado de confianza institucional que el grupo todavía no posee.
El avance práctico dependerá de la convertibilidad de cada moneda, la liquidez de los mercados y la disposición de las empresas a mantener activos sujetos a controles o variaciones bruscas. El dólar continúa siendo dominante por la profundidad de sus mercados, no solo por una decisión política.
Xi propone un “Gran BRICS” económico y tecnológico
El presidente chino, Xi Jinping, anunció iniciativas para estrechar comercio, inversión y cooperación industrial. Reuters informó de una Zona de Código Abierto para Inteligencia Artificial, una asociación entre zonas económicas especiales y un foro sobre comercio de servicios previsto para 2027.
Una zona de código abierto busca compartir modelos, herramientas o componentes tecnológicos que puedan ser examinados y adaptados por distintos participantes. Será necesario conocer qué recursos aporta China, qué reglas protegen los datos y cómo se gestionan seguridad, propiedad intelectual y acceso empresarial.
Xi presentó la ampliación como un “Gran BRICS” capaz de asumir una función mayor en la gobernanza mundial. China obtiene con ello una plataforma para promover normas y redes propias, mientras otros miembros intentan aprovechar sus inversiones sin quedar subordinados a Pekín.
Salud y clima aportan una agenda menos conflictiva
Modi propuso un sistema de alerta temprana frente a enfermedades infecciosas. Compartir datos epidemiológicos, secuencias genéticas y capacidad de laboratorio podría acelerar la detección de brotes, siempre que los miembros acuerden estándares y comuniquen la información sin retrasos políticos.
La cooperación climática incluye financiación, adaptación e intercambio tecnológico. Los miembros poseen perfiles muy diferentes: algunos son grandes productores de combustibles fósiles; otros afrontan sequías, inundaciones, contaminación o pérdida de cosechas. Esa diversidad permite compartir soluciones, pero dificulta fijar objetivos comunes exigentes.
El documento también menciona inteligencia artificial responsable, infraestructuras digitales y cadenas de suministro resilientes. Son compromisos amplios cuya utilidad dependerá de proyectos, presupuestos y métricas posteriores, no únicamente de su inclusión en la declaración.
Sanciones y barreras comerciales dividen al sistema mundial
Los BRICS criticaron las sanciones unilaterales que no han sido autorizadas por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Rusia e Irán consideran prioritario debilitar esas medidas; otros miembros mantienen relaciones económicas extensas con Estados Unidos y Europa y evitan exponerse a restricciones secundarias.
La declaración se opuso además a aranceles y barreras no arancelarias discriminatorias. Una barrera no arancelaria puede ser una licencia, cuota, exigencia técnica o control administrativo que limita importaciones sin aplicar directamente un impuesto aduanero.
El bloque defiende un comercio más abierto mientras varios de sus integrantes emplean también protecciones nacionales. Esa contradicción no es exclusiva de los BRICS, pero muestra la distancia entre las declaraciones multilaterales y las políticas aplicadas cuando sectores internos reclaman protección.
El peso agregado convive con profundas diferencias
Los once países reúnen población, energía, materias primas, capacidad industrial y mercados suficientes para influir en el orden internacional. Además, mantienen diez países asociados que participan en parte de sus actividades sin poseer la condición plena de miembro, según Reuters.
Sin embargo, el grupo carece de una estrategia exterior única. India coopera militarmente con Estados Unidos y desconfía de China; Brasil busca autonomía diplomática; Rusia necesita respaldo frente a las sanciones; y los países de Oriente Medio equilibran relaciones con Washington, Pekín y Moscú.
El resultado de Nueva Delhi es, por ello, más político que jurídico: once Gobiernos con intereses divergentes acordaron una declaración y varias líneas de cooperación. La prueba llegará después, cuando deban financiar proyectos, conectar sistemas de pagos y convertir las iniciativas de inteligencia artificial, salud y comercio en resultados medibles.