El mensaje del Papa León XIV para la 60ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales se hizo público el 24 de enero, festividad de San Francisco de Sales, patrono de los periodistas y comunicadores católicos. Bajo el lema “Preservar las voces y los rostros humanos”, el texto sitúa en el centro del debate el impacto de la inteligencia artificial (IA) y de los sistemas algorítmicos sobre la identidad, la creatividad y las relaciones entre personas. El pontífice subraya que los mayores riesgos no son técnicos, sino profundamente humanos, porque estas tecnologías “invaden el nivel más profundo de la comunicación, el de las relaciones entre personas humanas”.
León XIV compara el actual escenario digital con el cambio de época de la revolución industrial, al presentar este documento como programático para orientar la respuesta de la Iglesia a la irrupción de la IA, de modo semejante a cómo León XIII afrontó la cuestión social a finales del siglo XIX. Advierte de que, si no se protege y educa en su uso, la tecnología digital “corre el riesgo de modificar radicalmente algunos de los pilares fundamentales de la civilización humana, que a veces damos por descontados”. Entre estos pilares menciona la manera de comunicar, de pensar y de comprenderse a sí mismo, que pueden verse condicionados por entornos informativos dominados por la simulación de voces, rostros, conocimiento y empatía.
El Papa señala que los sistemas de IA, capaces de simular semblantes y voces humanas, sabiduría y responsabilidad, no solo interfieren en los ecosistemas informativos, sino que penetran en la construcción de la percepción de la realidad y en la vida afectiva. Por ello, alerta contra la “antropomorfización de la tecnología”, es decir, la tendencia a atribuirle rasgos y cualidades propias de la persona humana, y reivindica que los seres humanos no son “una especie compuesta de algoritmos bioquímicos”, sino personas únicas, creadas a imagen y semejanza de Dios. Esta advertencia se acompaña de un llamamiento a no delegar el juicio moral y el discernimiento en máquinas o plataformas, manteniendo el pensamiento propio frente a la comodidad de las respuestas automatizadas.
En el ámbito de los medios y de las plataformas digitales, León XIV critica los algoritmos que “recompensan las emociones espontáneas y penalizan las expresiones humanas que requieren más tiempo, como el esfuerzo de comprensión y reflexión”. A su juicio, esta lógica favorece la polarización, la superficialidad y la difusión de contenidos manipulados, dificultando el trabajo responsable del periodismo y la deliberación democrática. Frente a ello, insiste en que la confianza pública “se gana con precisión y transparencia”, no persiguiendo la interacción “a cualquier precio”, y reclama que los contenidos generados o modificados por IA se identifiquen claramente y se distingan del material producido por personas.
El Santo Padre pide una “alianza ética y social” que involucre a gobiernos, empresas tecnológicas, medios de comunicación, instituciones educativas, comunidades religiosas y ciudadanía para orientar el desarrollo de la IA. Esta alianza debe asentarse, indica, sobre tres pilares: responsabilidad, cooperación y educación, de forma que ningún sector aborde en solitario la gobernanza de la innovación digital. Al mismo tiempo, anima a los comunicadores a asumir su papel como guardianes de la verdad, cuidando el rigor de las fuentes, la inclusión de las partes afectadas y la calidad del servicio informativo en un entorno saturado de datos.
La dimensión educativa ocupa un lugar destacado en el mensaje, que reclama reforzar la alfabetización mediática, informacional y en inteligencia artificial como condición para una ciudadanía crítica y libre. León XIV subraya que no se trata de detener la innovación digital, sino de “guiarla” y de tomar conciencia de su carácter ambivalente, capaz tanto de favorecer el bien común como de dañar el tejido social, cultural y político. En esta línea, propone integrar la IA como aliada al servicio de una comunicación más humana, en lugar de permitir que sustituya la relación personal o erosione el compromiso con la verdad.
El mensaje se inserta en una continuidad de intervenciones del magisterio reciente que reclaman poner la tecnología “al servicio de un desarrollo más humano, más social y más integral”, subordinando siempre la eficiencia al respeto de la dignidad humana. León XIV retoma esta perspectiva al insistir en que la meta de todo progreso tecnológico debe ser “una humanidad más justa y fraterna”, donde la comunicación favorezca la inclusión, el cuidado de los vulnerables y la construcción de paz. En conclusión, el Papa llama a “alzar la voz en defensa de la persona humana” y a asumir de forma compartida la misión de que la inteligencia artificial y las tecnologías digitales se integren como herramientas confiables al servicio de la comunicación y de la civilización.