El satélite espía ruso Luch/Olymp se rompe en órbita y genera nueva nube de desechos

El satélite ruso Luch/Olymp se fragmenta en la “órbita cementerio” y reaviva alertas

El satélite ruso Luch/Olymp, identificado desde hace años por analistas occidentales como una plataforma de inteligencia de señales e “inspector” de otros satélites, se fragmentó el 30 de enero de 2026 a las 06:09 UTC en una órbita cementerio situada por encima de la órbita geoestacionaria, según imágenes ópticas de la empresa suiza de vigilancia espacial s2A systems. Un lapso de tiempo captado por la compañía muestra al satélite desintegrándose y comenzando a girar de forma descontrolada, con múltiples objetos de desechos ahora visibles alrededor de su posición previa, lo que ha encendido nuevas alarmas sobre el riesgo de colisiones en las regiones altas de la órbita terrestre.

Detalles del evento de fragmentación
De acuerdo con s2A systems, el evento de fragmentación de Luch/Olymp (también catalogado como object 40258) se produjo el 30 de enero a partir de las 06:09:03 UTC y fue detectado por sus sensores ópticos terrestres como un repentino incremento de brillo seguido de la separación de múltiples fragmentos. El vídeo acelerado difundido por la empresa y por observadores independientes muestra al satélite entrando en tumbling —un giro irregular— mientras nuevas trazas luminosas aparecen alrededor de su trayectoria, consistentes con una ruptura en órbita y no con una maniobra controlada.

El astrofísico y rastreador de satélites Jonathan McDowell, del Centro de Astrofísica Harvard–Smithsonian, confirmó en redes sociales que los datos comerciales apuntan a una desintegración de Luch/Olymp en la órbita cementerio, y señaló que el patrón observado coincide con un evento de colisión o de fallo interno catastrófico. Hasta el momento, Rusia no ha ofrecido una explicación oficial sobre el incidente, y los catálogos públicos de objetos en órbita aún se están actualizando para reflejar el número y la distribución de los nuevos fragmentos.

Un satélite “inspector” con historial de maniobras polémicas
Luch/Olymp fue lanzado en septiembre de 2014 y, a diferencia de la serie comercial Luch‑5 de satélites de retransmisión, fue descrito por analistas occidentales como una plataforma de inteligencia de señales y satélite “inspector”, capaz de acercarse a otros satélites en órbita geoestacionaria. Durante años, su patrón de maniobras —incluidos acercamientos a satélites de comunicaciones de Estados Unidos, Europa y otros países— generó preocupación en círculos militares y comerciales, que lo veían como parte del esfuerzo ruso por vigilar e interceptar comunicaciones en GEO.

Informes de empresas de seguimiento espacial y de medios especializados documentaron múltiples reposicionamientos de Luch/Olymp a lo largo del cinturón geoestacionario, a veces situándose a distancias de decenas de kilómetros de otros satélites, un comportamiento considerado “poco amistoso” aunque dentro de los márgenes que no disparan alertas formales de colisión. Fuentes de defensa occidentales han vinculado el satélite con la agencia de seguridad rusa FSB y con programas de inteligencia electrónica de largo alcance.

Traslado a la órbita cementerio y causas probables
En octubre de 2025, operadores rusos trasladaron Luch/Olymp a una órbita cementerio varios cientos de kilómetros por encima de la órbita geoestacionaria, un procedimiento estándar al final de la vida útil de satélites en GEO para reducir el riesgo de interferencias y colisiones. En esta fase, las buenas prácticas recomiendan despresurizar tanques, ventear combustibles residuales y asegurar las baterías para minimizar la energía interna disponible que pueda provocar explosiones.

McDowell y otros analistas señalan que, dado que Luch/Olymp llevaba más de once años en servicio y ya había sido retirado, lo más probable es que hubiera pasado por esos procedimientos de pasivación, lo que hace menos verosímil un fallo interno como detonante del evento. Por ello, varios expertos consideran más plausible que la fragmentación se deba a un impacto con desechos espaciales, aunque subrayan que, sin datos de radar detallados o información del operador, no es posible descartar completamente una avería estructural o de batería.

Riesgos para la seguridad espacial y el entorno GEO
La destrucción de Luch/Olymp en una órbita cementerio plantea preocupaciones adicionales sobre la proliferación de desechos espaciales en altitudes que hasta ahora se consideraban relativamente seguras. A diferencia del entorno de órbita baja, donde la fricción atmosférica acaba haciendo reentrar a muchos fragmentos, los restos generados en la órbita cementerio pueden permanecer durante décadas o siglos, aumentando el riesgo de colisiones con otros satélites retirados y, en escenarios extremos, contribuyendo al llamado efecto Kessler.

Aunque la órbita cementerio se encuentra por encima de la franja principal de satélites geoestacionarios operativos, una nube de fragmentos de tamaño desconocido complica la gestión del final de vida de futuros satélites y puede obligar a ajustes en las maniobras de retirada para evitar zonas de mayor densidad de desechos. Organizaciones de seguimiento espacial han pedido un análisis detallado del evento, incluyendo estimaciones del número de fragmentos y su distribución, para actualizar modelos de riesgo y coordinar medidas de mitigación entre agencias y operadores comerciales.

Implicaciones políticas y estratégicas
La destrucción de un satélite identificado como parte del aparato ruso de inteligencia de señales se produce en un contexto de creciente militarización del espacio y tensiones entre Rusia y países occidentales. En los últimos años, Estados Unidos y sus aliados han denunciado maniobras cercanas de satélites rusos y chinos, mientras que Rusia ha acusado a Occidente de militarizar la órbita mediante capacidades de vigilancia y potenciales armas antisatélite.

Por ahora, no hay indicios públicos que apunten a un ataque deliberado contra Luch/Olymp, y los expertos consideran que un impacto accidental con desechos es el escenario más probable. Sin embargo, el episodio refuerza las llamadas a reforzar las normas internacionales sobre operaciones seguras en GEO y órbitas aledañas, así como a mejorar la transparencia sobre la pasivación y el fin de vida de satélites con funciones sensibles. Para los analistas de política espacial, el caso subraya la urgencia de avanzar en mecanismos de intercambio de datos y códigos de conducta que reduzcan el riesgo de incidentes mal interpretados en un entorno cada vez más congestionado y estratégico.

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