La genómica patagónica rastrea hibernación, frío y calor en un marsupial único

El genoma del monito del monte revela señales para hibernar y afrontar el calor

Imagen de referencia creada con IA
Un equipo de universidades chilenas comparó los genomas de dos linajes de monito del monte, Dromiciops gliroides y Dromiciops bozinovici, y encontró señales de selección relacionadas con metabolismo, mantenimiento mitocondrial, estrés térmico e hibernación. El estudio, publicado el 2 de agosto de 2026, indica que ambas especies afrontaron historias climáticas distintas y no utilizaron exactamente las mismas soluciones genéticas.

El último representante de un linaje antiguo

El monito del monte es un pequeño marsupial nocturno de los bosques templados de Chile y Argentina. Aunque vive en Sudamérica, pertenece a Microbiotheria, el grupo viviente más próximo a los marsupiales australasianos. Esa posición evolutiva explica que se le denomine con frecuencia “fósil viviente”, una expresión divulgativa que describe la supervivencia de un linaje antiguo, no la ausencia de evolución.

El nuevo análisis, encabezado por Elisa González-Ugalde y publicado en Ecology and Evolution, trata a D. bozinovici como el linaje septentrional y a D. gliroides como el meridional. La clasificación sigue sometida a discusión: algunos esquemas elevan también a D. mondaca a especie, mientras otros la consideran una subespecie. 

Selección natural escrita en el genoma

Los investigadores compararon secuencias genómicas para buscar genes que acumularon cambios funcionales con una rapidez mayor de la esperada bajo una evolución neutral. Esa señal estadística se conoce como selección positiva. También examinaron expansiones de familias génicas y reconstruyeron cambios históricos en el tamaño de las poblaciones, incluidos periodos de crecimiento y cuellos de botella.

En el antepasado común de Dromiciops aparecieron señales en cuatro genes: PFKFB2, relacionado con la regulación del uso de glucosa; LAMP3, vinculado con funciones celulares y lisosómicas; OTX1, implicado en desarrollo; y RAPSN, importante para la organización de receptores en las conexiones neuromusculares. También resultaron enriquecidas las rutas MAPK —una red de comunicación celular— y de biosíntesis de hormonas esteroideas, ambas relacionadas anteriormente con respuestas de hibernación.

Mitocondrias protegidas durante el letargo

Las expansiones de familias génicas convergieron en mantenimiento mitocondrial y regulación del equilibrio de oxidación y reducción. Las mitocondrias producen buena parte de la energía celular, pero también generan moléculas reactivas capaces de dañar proteínas y membranas. Durante la entrada y salida del letargo, el metabolismo cambia con rapidez, por lo que controlar esos compuestos puede resultar especialmente importante.

Estudios fisiológicos anteriores muestran la magnitud de esa transición. En condiciones frías, D. gliroides puede mantener episodios profundos de torpor durante varios días, acercar su temperatura corporal a la ambiental y reducir el metabolismo hasta aproximadamente el 1–5 % del nivel activo. Su frecuencia respiratoria puede caer desde unos 370 movimientos por minuto hasta alrededor de dos, según la investigación publicada en Scientific Reports. El nuevo trabajo no volvió a medir esos valores: busca las huellas evolutivas capaces de sostener una fisiología ya documentada.

Dos especies, soluciones genéticas diferentes

Los genes bajo selección positiva no se solaparon entre las dos especies. En D. gliroides aparecieron señales adicionales en LSS, que participa en la producción de esteroles, y RASL11B, relacionado con respuestas celulares al estrés. En D. bozinovici destacó HSPA2, miembro de una familia de proteínas de choque térmico que ayuda a plegar o proteger otras proteínas cuando la temperatura amenaza su estabilidad.

Los autores interpretan HSPA2 como una señal compatible con tolerancia a un rango térmico amplio. No significa que un único gen convierta al animal en resistente al calor ni que se haya realizado una prueba experimental eliminándolo. La adaptación surge de muchos genes, de su regulación y del comportamiento. El hallazgo permite formular una hipótesis comprobable sobre por qué el linaje septentrional afronta condiciones diferentes de las poblaciones más australes.

Glaciaciones, refugios y cuellos de botella

Las oscilaciones climáticas del Pleistoceno fragmentaron repetidamente los bosques templados sudamericanos. El hielo, las montañas, los ríos y las zonas secas pudieron aislar poblaciones, mientras periodos más benignos permitieron nuevas expansiones. El estudio encuentra que esos cambios demográficos no fueron iguales en todo el género y contribuyeron a producir diversidad y adaptación local.

Una investigación genómica de 2024 ya había identificado tres grupos dentro de D. bozinovici y cuatro dentro de D. gliroides, además de asociaciones entre variantes genéticas, temperatura, precipitación y elevación. Aquel trabajo analizó 191 individuos que superaron los filtros de calidad y encontró que ambos linajes poseían una estructura marcada, según el estudio de adaptación local. La nueva comparación profundiza en la función de genes completos y en el origen de la hibernación.

Conservación de una capacidad evolutiva

El monito del monte dispersa semillas de plantas nativas, utiliza nidos esféricos de musgo y hojas y depende de sotobosques suficientemente conectados. El Servicio Agrícola y Ganadero de Chile lo considera fauna protegida y beneficiosa para el mantenimiento del bosque. En marzo de 2025, la autoridad recordó esa condición al liberar un ejemplar rehabilitado en el monumento natural Cerro Ñielol, según la información oficial del SAG.

La fragmentación del hábitat y el calentamiento pueden afectar tanto a la distribución como al calendario del torpor. Una revisión ecológica advierte que inviernos ligeramente más cálidos pueden provocar despertares energéticamente costosos cuando escasea el alimento, de acuerdo con la síntesis publicada en 2022. Los nuevos genes candidatos no autorizan a trasladar poblaciones ni predicen por sí solos qué grupo sobrevivirá mejor; sí muestran que conservar diversidad genómica significa preservar soluciones adaptativas diferentes.