Los iris sudamericanos diversificaron sus recompensas florales en varios pasos

Botánica revisa el vínculo de flores aceitosas y abejas recolectoras de aceite

Imagen de referencia creada con IA
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Botánicos de Brasil y Francia publicaron el 26 de julio de 2026 una nueva genealogía evolutiva de Cypella y otros géneros sudamericanos de la familia de los iris. El análisis de 61 taxones indica que sus recompensas florales —aceite, néctar o combinaciones de ambos— cambiaron repetidamente y que la producción de aceite no explica por sí sola la diversidad alcanzada por estos grupos.

Flores que ofrecen algo distinto del néctar

La mayoría de las personas asocia la visita de una abeja con la recolección de néctar o polen. Algunas plantas ofrecen además aceites florales, sustancias lipídicas que determinadas abejas recogen con estructuras especializadas de sus patas. Pueden mezclarlos con polen para alimentar a sus larvas o utilizarlos en la construcción e impermeabilización del nido. Las glándulas que secretan esos lípidos se denominan elaióforos y suelen estar formadas por concentraciones de tricomas, pequeñas estructuras semejantes a pelos.

El estudio se centra en Tigridieae, una tribu de Iridaceae distribuida principalmente en América. Incluye plantas de flores vistosas emparentadas con los iris, entre ellas especies de Cypella, Calydorea, Herbertia, Kelissa y Onira. El aceite constituye una recompensa infrecuente entre las angiospermas y durante años se interpretó como señal de una relación altamente especializada con unas pocas abejas recolectoras.

Una genealogía construida con nueve regiones de ADN

Julia Gabriele Dani y sus colaboradores analizaron 61 taxones y secuenciaron nueve regiones genéticas: tres nucleares y seis del plastidio, el orgánulo vegetal relacionado con la fotosíntesis. Treinta y dos secuencias fueron generadas para este proyecto. La muestra incorporó representantes de todos los géneros del denominado clado A de Tigridieae, según el artículo del Botanical Journal of the Linnean Society.

Los investigadores estimaron las fechas de divergencia con BEAST, un programa que aplica modelos bayesianos a árboles evolutivos. Utilizaron además RevBayes y modelos de especiación y extinción dependientes de caracteres para comprobar si poseer elaióforos coincidía con ritmos distintos de aparición o desaparición de especies. El manuscrito fue recibido el 17 de febrero, revisado el 19 de mayo, aceptado el 9 de junio y publicado el 26 de julio.

Tres géneros que no forman ramas exclusivas

La genealogía recuperó seis grandes clados con apoyo estadístico. Uno de los resultados taxonómicos más importantes es que Calydorea, Cypella y Herbertia, los géneros con más especies del conjunto estudiado, no resultaron monofiléticos. Un grupo monofilético incluye un antepasado y a todos sus descendientes; cuando especies asignadas al mismo género aparecen separadas por otros linajes, su clasificación necesita revisión.

Eso no significa que los nombres queden anulados inmediatamente. Los árboles moleculares deben contrastarse con anatomía, distribución, ejemplares de herbario y reglas de nomenclatura antes de trasladar especies o establecer nuevos géneros. El trabajo proporciona una estructura evolutiva más completa, pero serán necesarias revisiones formales para decidir qué nombres conservan prioridad y cómo describir las ramas identificadas.

Aceite y néctar aparecieron en combinaciones diversas

Una investigación anatómica anterior del mismo grupo había localizado elaióforos en los tépalos de Cypella, Kelissa, Onira y Herbertia. También encontró nectarios en los conectivos de las anteras de Cypella y Onira. Estas dos últimas ofrecen una combinación poco habitual de aceite y néctar, según el estudio publicado en 2022.

La nueva genealogía permite situar esas estructuras sobre un árbol fechado. Los autores concluyen que las recompensas no evolucionaron mediante una sola transición desde flores generalistas hacia una asociación cada vez más exclusiva con abejas aceiteras. Hubo cambios entre estrategias especializadas y más generalizadas, incluidas combinaciones capaces de atraer a visitantes con hábitos diferentes. Esa trayectoria ayuda a explicar por qué especies cercanas pueden presentar arquitecturas florales y ofertas distintas.

Qué significa “selección difusa”

La selección difusa ocurre cuando un rasgo no responde a la presión de una única especie, sino al efecto combinado de varios interlocutores ecológicos. En este caso, la forma de la flor y sus recompensas pueden estar condicionadas por distintas abejas, otros visitantes, la disponibilidad regional de polinizadores y el coste energético de producir cada sustancia. La evolución resultante se parece menos a una pareja exclusiva y más a una red de interacciones que cambia con el lugar y el tiempo.

Estudios de campo con seis Tigridieae brasileñas ya habían situado estos sistemas a lo largo de un continuo entre especialización y generalización, en vez de separarlos en categorías rígidas. Ese trabajo, publicado en el Biological Journal of the Linnean Society, ayuda a interpretar la nueva reconstrucción: ofrecer aceite puede atraer a recolectoras especializadas sin excluir necesariamente otras vías de polinización.

El aceite no garantiza una explosión de especies

El análisis no encontró una relación sencilla en la que la aparición de elaióforos produjera automáticamente una diversificación más rápida. Los géneros con aceite no constituyen una única rama y las recompensas cambiaron varias veces. El resultado obliga a separar dos preguntas: si un rasgo mejora la reproducción en determinados ambientes y si, además, incrementa a largo plazo el número de especies. La primera posibilidad no implica necesariamente la segunda.

En una perspectiva más amplia, los sistemas de flores aceitosas han surgido repetidamente en las angiospermas. Una reconstrucción publicada en 2010 calculó al menos 28 orígenes independientes y entre 36 y 40 pérdidas del rasgo. También mostró que algunas asociaciones entre plantas aceiteras y abejas son antiguas, mientras que las de Iridaceae se encuentran entre las más recientes. Esos resultados están recogidos en New Phytologist.

Límites y siguientes pasos

El estudio publicado el 26 de julio es macroevolutivo: combina ADN, caracteres florales y modelos estadísticos. No observó directamente cada especie durante una temporada de floración ni identificó todos sus visitantes. Las asociaciones actuales con polinizadores siguen siendo incompletas para numerosos taxones, y los resultados pueden cambiar a medida que se incorporen especies no muestreadas o datos genómicos más extensos.

La nueva genealogía ofrece una guía para elegir dónde realizar esos estudios. Los botánicos podrán comparar ramas que conservaron el aceite, lo perdieron o añadieron néctar, y medir qué insectos las visitan y cuánto contribuyen a la producción de semillas. También proporciona un marco para evaluar la conservación de pastizales sudamericanos donde sobreviven plantas y abejas especializadas. Proteger solo una flor no preserva la interacción: es necesario mantener también los polinizadores y los ambientes que conectan ambos linajes.

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