Un nuevo estudio multicéntrico ha identificado una correlación significativa entre los niveles de fatiga previa al tratamiento oncológico y el riesgo de desarrollar efectos secundarios severos durante la terapia. La investigación, publicada en la revista Journal of Clinical Oncology, evaluó a más de 7.000 pacientes con distintos tipos de cáncer, incluidos de mama, pulmón, colon y próstata, desde el diagnóstico hasta las fases activas del tratamiento.
Los resultados muestran que aquellos pacientes que reportaron fatiga elevada antes de iniciar quimioterapia, radioterapia o inmunoterapia presentaron un incremento de hasta el 42 % en la probabilidad de sufrir eventos adversos graves, incluyendo hospitalizaciones prolongadas, infecciones agudas o deterioro funcional irreversible. En los casos más severos, la fatiga preexistente también se asoció con un mayor riesgo de mortalidad temprana.
Los investigadores subrayan que la fatiga podría actuar como un marcador clínico de vulnerabilidad fisiológica, reflejando condiciones subyacentes como baja capacidad cardiorrespiratoria, desnutrición o inflamación sistémica. “Identificar estos niveles antes del tratamiento permite adaptar la intensidad de la terapia y prevenir complicaciones”, explicó la doctora Emily Grant, coautora principal del estudio.
En respuesta a los hallazgos, expertos en oncología recomiendan la implementación sistemática de programas de prehabilitación basados en ejercicio supervisado, diseñados para mejorar la resistencia física antes del inicio del tratamiento. Diversos ensayos clínicos previos han demostrado que la actividad física moderada y el entrenamiento funcional pueden reducir la fatiga, fortalecer la musculatura y mejorar la tolerancia a la terapia.
El estudio también destaca que los pacientes que participaron en intervenciones de prehabilitación presentaron una reducción de hasta el 30 % en la incidencia de efectos adversos graves, además de una mejoría en la calidad de vida global. Estos datos apoyan el llamado de varias sociedades médicas, como la American Society of Clinical Oncology (ASCO) y la European Society for Medical Oncology (ESMO), para que los programas de ejercicio terapéutico sean incorporados a las guías clínicas internacionales.
Además de los beneficios físicos, los especialistas resaltan el componente psicológico de la prehabilitación. “La preparación activa antes del tratamiento puede reducir la ansiedad, aumentar la percepción de control y mejorar la adherencia terapéutica”, señaló el doctor Luis Abreu, oncólogo clínico en Barcelona, no vinculado al estudio.
Los autores concluyen que la detección temprana de la fatiga y la integración de estrategias preventivas podrían constituir un nuevo paradigma en la atención personalizada del cáncer, centrado no solo en la eficacia del tratamiento, sino también en la optimización del estado funcional del paciente.