Familias de 147 venezolanos repatriados desde Estados Unidos buscan respuestas

El vuelo 164: los deportados que regresaron a Venezuela y quedaron atrapados

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La llegada de un grupo de venezolanos deportados desde Estados Unidos coincidió con una de las jornadas más devastadoras que ha vivido Venezuela en décadas. Eran 147 personas, según los recuentos difundidos por familiares y medios locales, y habían aterrizado el 24 de junio en el aeropuerto internacional Simón Bolívar de Maiquetía. Horas después, parte del grupo fue trasladado a un centro de acogida u hotel en La Guaira que terminó colapsando tras los terremotos que sacudieron el litoral central del país.

La tragedia ha abierto una nueva herida dentro de la emergencia venezolana: la de los migrantes que habían sido expulsados de Estados Unidos y que, apenas regresados a su país, quedaron atrapados bajo los escombros. Las familias denuncian falta de información oficial, ausencia de listados completos de sobrevivientes y fallecidos, y versiones contradictorias sobre el paradero exacto de sus allegados.

De acuerdo con los testimonios recopilados por medios venezolanos, el grupo formaba parte del llamado vuelo 164 de repatriación. Entre los pasajeros había hombres, mujeres y menores de edad. Algunas familias aseguran que lograron hablar con sus parientes después del aterrizaje, pero perdieron todo contacto cuando fueron trasladados a La Guaira. Desde entonces, muchos recorren hospitales, centros de atención y zonas de rescate en busca de nombres, fotografías o cualquier confirmación.

La cifra más repetida por los allegados es especialmente dura: solo 12 personas habrían sido localizadas con vida. Sin embargo, ese dato todavía no ha sido confirmado oficialmente por las autoridades venezolanas. Tampoco se ha publicado un listado público y completo que permita saber cuántos de los deportados sobrevivieron, cuántos murieron y cuántos continúan desaparecidos.

El caso del vuelo 164 concentra dos crisis superpuestas. La primera es la migratoria: venezolanos que habían salido del país, fueron detenidos o expulsados en Estados Unidos y regresaron en condiciones de enorme vulnerabilidad. La segunda es la catástrofe natural: los terremotos del 24 de junio dejaron edificios colapsados, miles de personas afectadas y operaciones de rescate todavía abiertas en La Guaira y otras zonas golpeadas.

La falta de información ha aumentado la angustia de las familias. Algunos allegados sostienen que los repatriados fueron alojados en un edificio que no reunía condiciones suficientes de seguridad o que no se les permitió comunicarse libremente con sus parientes tras la llegada. Esas denuncias, por ahora, deben ser investigadas y contrastadas con información oficial, pero reflejan el clima de desesperación que rodea al caso.

La emergencia humanitaria en Venezuela sigue agravándose. Organismos internacionales han advertido de la necesidad urgente de agua, protección, atención médica y apoyo psicosocial para las familias afectadas. En las zonas más golpeadas, los equipos de rescate continúan removiendo escombros mientras las autoridades tratan de restablecer servicios básicos y evaluar daños estructurales.

El destino de los deportados del vuelo 164 se ha convertido en uno de los símbolos más dolorosos de la catástrofe. Para sus familias, no basta con saber que el avión aterrizó. Reclaman saber quiénes llegaron, a dónde fueron llevados, quiénes sobrevivieron y dónde están los cuerpos o los desaparecidos. En medio del duelo nacional, la exigencia es una sola: nombres, listas y respuestas.

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