Lai reclama un plan para adquirir 210.000 drones militares

Taiwán impulsa 210.000 drones militares mediante un plan especial de seis años

El presidente taiwanés, Lai Ching-te, pidió el miércoles 26 de agosto al Parlamento aprobar un presupuesto extraordinario de seis años y 210.000 millones de dólares taiwaneses para adquirir aproximadamente 210.000 drones militares. La votación enfrenta al Gobierno con la oposición, que controla la Cámara y propone limitar el gasto anual y someter el programa al Ministerio de Economía.

Un programa de 6.600 millones de dólares

El Ejecutivo propone invertir 210.000 millones de dólares taiwaneses, equivalentes a unos 6.600 millones de dólares estadounidenses al cambio citado por Reuters. El gasto se repartiría durante seis años y financiaría la compra de unos 210.000 sistemas no tripulados.

La expresión “dron militar” agrupa equipos muy distintos. Puede incluir aparatos pequeños de reconocimiento, vehículos destinados a comunicaciones o vigilancia, drones navales y sistemas capaces de transportar munición. El Gobierno no ha divulgado en esta fase una distribución completa por modelos, misiones y cantidades.

Lai afirmó que la expansión pretende demostrar la determinación de Taiwán para defenderse y desarrollar capacidad de combate asimétrica. Este concepto consiste en utilizar medios numerosos, móviles y relativamente económicos para dificultar las operaciones de una fuerza convencional mucho mayor.

El Parlamento estudia propuestas rivales

Los partidos del Gobierno y de la oposición debatieron el miércoles varias versiones del programa, pero no alcanzaron un acuerdo previo. La oposición controla el Yuan Legislativo, nombre oficial del Parlamento taiwanés, y puede bloquear o modificar sustancialmente la propuesta del Ejecutivo.

El Kuomintang, principal fuerza opositora, plantea limitar el gasto anual a 40.000 millones de dólares taiwaneses. Los fondos procederían del presupuesto ordinario y quedarían supervisados por el Ministerio de Economía, en lugar de centralizarse mediante un presupuesto especial gestionado desde Defensa.

El legislador Lai Shyh-bao defendió esa opción porque la tecnología evoluciona rápidamente y una adquisición masiva podría quedar obsoleta. El ministro de Defensa, Wellington Koo, replicó que el proyecto contempla compras anuales y actualizaciones periódicas, no la adquisición simultánea de todos los aparatos.

Defensa rechaza el límite anual

Koo señaló que el límite propuesto por la oposición sería inferior a las necesidades ya previstas. El Ministerio de Defensa calcula gastar 42.100 millones de dólares taiwaneses en drones únicamente durante 2027, por encima del máximo anual de 40.000 millones planteado por el Kuomintang.

La diferencia no es exclusivamente contable. Un presupuesto extraordinario proporciona previsibilidad para firmar contratos plurianuales, ampliar fábricas y formar operadores. El presupuesto ordinario permite una revisión más frecuente, pero puede fragmentar las compras y retrasar las entregas.

El Parlamento ya aprobó durante agosto otras medidas relacionadas con el desarrollo de la industria de drones. El nuevo debate determinará la escala de las adquisiciones y qué organismo controla la ejecución, los contratos y la rendición de cuentas.

Una cadena de suministro sin componentes chinos

Taiwán quiere construir una cadena industrial denominada “no roja”, expresión utilizada para describir componentes y proveedores independientes de China. Pekín ocupa una posición dominante en el mercado mundial de drones comerciales y en numerosos elementos electrónicos necesarios para fabricarlos.

La autonomía industrial es compleja porque un dron combina motores, baterías, cámaras, sensores, chips, navegación y comunicaciones. Sustituir proveedores requiere certificar componentes alternativos y mantener costes suficientes para fabricar decenas de miles de unidades.

El programa puede proporcionar demanda estable a empresas taiwanesas y favorecer economías de escala. Sin embargo, deberá evitar la concentración de contratos, garantizar pruebas rigurosas y proteger las fábricas y redes logísticas frente a sabotaje, ciberataques o interrupciones comerciales.

Las guerras recientes cambian la doctrina

El Gobierno taiwanés cita Ucrania y los conflictos de Oriente Próximo como demostraciones de la importancia de los vehículos no tripulados. Equipos baratos han sido empleados para observar posiciones, corregir fuego, transportar cargas y atacar objetivos cuyo valor supera ampliamente el coste del aparato.

La cantidad no equivale automáticamente a capacidad militar. Los drones necesitan operadores, frecuencias resistentes a interferencias, enlaces cifrados, repuestos, software actualizado y coordinación con unidades terrestres, navales y aéreas. También requieren tácticas adaptadas a un entorno en el que el adversario intentará bloquear sus señales.

Una flota extensa puede dispersarse, reemplazar pérdidas y complicar una operación anfibia, pero no sustituye a submarinos, defensa aérea, aviación, minas navales ni fuerzas convencionales. Su utilidad dependerá de que forme parte de un sistema defensivo integrado.

Pekín denuncia una militarización

China considera Taiwán parte de su territorio y no ha renunciado al uso de la fuerza para lograr la reunificación. En su comparecencia del miércoles, la Oficina de Asuntos de Taiwán del Gobierno chino acusó a Lai de buscar la independencia mediante medios militares.

El Gobierno taiwanés rechaza la soberanía de Pekín y afirma que solo los habitantes de la isla pueden decidir su futuro. Lai presenta el refuerzo defensivo como una forma de disuasión: elevar el coste potencial de una invasión para reducir la probabilidad de que ocurra.

La propuesta aún no equivale a una compra aprobada. La votación deberá establecer qué versión prospera, cuánto dinero queda autorizado y cómo se distribuye. Después vendrán los concursos, los contratos, las pruebas y las entregas, un proceso que puede extenderse durante todo el periodo presupuestado.

El resultado tendrá consecuencias más allá del número de aparatos. Medirá si el Gobierno y la oposición pueden acordar una estrategia industrial y militar sostenible, sometida a control parlamentario y capaz de mantenerse frente a la rápida evolución de la tecnología.