Carney hizo esta declaración durante una comparecencia ante la prensa en Ottawa el domingo, donde aclaró que los recientes arreglos con China se limitan a la eliminación de barreras arancelarias en sectores específicos como vehículos eléctricos chinos y productos agrícolas canadienses, sin aspirar a un tratado de libre comercio integral. Estos ajustes responden a disputas comerciales surgidas en los últimos años, incluyendo aranceles canadienses del 100% a vehículos eléctricos chinos y del 25% a acero y aluminio, con represalias chinas sobre aceite de canola, carne de cerdo y mariscos canadienses.
La amenaza de Trump se produjo en un mensaje publicado en Truth Social el sábado, donde advirtió que si Canadá se convierte en un “puerto de descarga” para productos chinos hacia EE UU, Pekín “devorará” su economía, tejido social y forma de vida, y Ottawa enfrentará aranceles del 100% inmediatos sobre todos sus bienes. Trump se refirió a Carney como “gobernador”, término que ha usado previamente para su predecesor Justin Trudeau, y acusó a Canadá de socavar los intereses estadounidenses al profundizar lazos con China.
El intercambio verbal se enmarca en tensiones crecientes entre Washington y Ottawa, exacerbadas por el reciente viaje de Carney a China —el primero de un líder canadiense en casi una década—, donde se acordó una “nueva asociación estratégica” que incluye la reducción de aranceles chinos sobre canola, langosta y guisantes canadienses, y el aumento de cuotas para vehículos eléctricos chinos en Canadá con aranceles preferenciales del 0,1%. Trump había alentado previamente un acuerdo con China, pero cambió de postura tras el discurso de Carney en el Foro Económico Mundial de Davos, donde el primer ministro criticó el “unilateralismo” de las grandes potencias y llamó a las naciones medianas a unirse.
Carney reiteró que el Tratado entre México, EE UU y Canadá (USMCA) obliga a Ottawa a notificar con antelación cualquier pacto con economías no de mercado como China, y enfatizó que el país no persigue tales acuerdos con Pekín ni con ninguna otra. No confirmó si ha hablado directamente con Trump desde la amenaza, pero instó a los canadienses a apoyar empresas y trabajadores locales bajo una nueva política “Compra Canadiense”.
Canadá es el segundo socio comercial de EE UU después de México, con un intercambio bilateral que supera los 700.000 millones de dólares anuales, lo que hace que las amenazas arancelarias tengan un impacto potencialmente devastador en ambos lados de la frontera. Carney ha advertido previamente de que las grandes naciones usan “tarifas como palanca” y cadenas de suministro como vulnerabilidades, describiendo el contexto global como una “ruptura” en la que las potencias medianas deben aliarse para no terminar “en el menú”.