Dos futbolistas iraníes explican en Australia por qué pidieron allí protección

Dos futbolistas iraníes revelan por qué pidieron asilo y no volverán aún a casa

Las exintegrantes de la selección iraní Atefeh Ramezanisadeh y Fatemeh Pasandideh confirmaron en su primera entrevista desde que pidieron asilo que negarse a cantar el himno nacional durante la Copa Asiática femenina fue una protesta deliberada contra la represión en Irán. Ambas permanecieron en Australia después de recibir visados humanitarios, a diferencia de otros cinco integrantes del equipo que regresaron, y ahora reconstruyen su vida en Brisbane como ciudadanas australianas, aunque temen no volver a ver a sus familias.

El significado de un silencio observado internacionalmente

La selección iraní permaneció en silencio mientras sonaba el himno antes de su partido contra Corea del Sur, disputado el 2 de marzo en Australia. En aquel momento el equipo no explicó públicamente la decisión, que fue interpretada tanto como una protesta contra el Gobierno iraní como una expresión de duelo por la guerra iniciada días antes.

Ramezanisadeh, de 34 años, y Pasandideh, de 22, confirmaron ahora que pretendían solidarizarse con las personas reprimidas durante las protestas contra el sistema político iraní. La primera dijo a 60 Minutes, mediante una intérprete, que no podía permanecer indiferente mientras jóvenes manifestantes eran asesinados. Pasandideh describió el gesto como lo mínimo que podían hacer por quienes arriesgaban la vida.

La explicación fue difundida internacionalmente por Associated Press y ampliada por The Times. Se trata de la primera vez que ambas futbolistas explican conjuntamente ante un medio el propósito político de su silencio.

Ramezanisadeh afirmó que la acción podía haberla expuesto a “cualquier forma de tortura” si regresaba. Esa declaración describe su percepción personal del riesgo. No se ha publicado una orden judicial iraní contra las dos jugadoras, pero medios estatales las calificaron de traidoras y su comportamiento generó llamamientos públicos para que fueran castigadas.

La protesta ocurrió antes de la oferta australiana

El ministro australiano de Inmigración, Tony Burke, aseguró que las jugadoras no habían recibido una oferta de protección cuando decidieron no cantar. Según su versión, en ese momento carecían de garantías de que podrían permanecer en Australia, por lo que el gesto no habría sido realizado para obtener un visado.

La distinción es relevante porque autoridades y medios iraníes insinuaron que la protesta fue alentada desde el extranjero. Burke sostuvo que fue la reacción posterior contra el equipo la que llevó al Gobierno australiano a valorar la necesidad de protección.

Manifestantes y organizaciones de derechos humanos reclamaron que Australia impidiera el regreso forzado del equipo antes de su salida prevista para el 10 de marzo. Donald Trump, entonces presidente de Estados Unidos, pidió públicamente que las jugadoras fueran protegidas y trató el asunto durante una conversación con el primer ministro australiano, Anthony Albanese.

La intervención política internacional aumentó la visibilidad del caso, pero la decisión jurídica correspondía a Australia. Para conceder protección humanitaria, las autoridades debían valorar si las deportistas podían sufrir persecución por una opinión política real o atribuida.

Siete aceptaron inicialmente y solo dos permanecieron

Siete integrantes de la delegación aceptaron en algún momento la posibilidad de permanecer mediante visados humanitarios, según AP. Todos cambiaron después de opinión y regresaron a Irán salvo Ramezanisadeh y Pasandideh.

No existe información pública suficiente para afirmar por qué las otras cinco personas retiraron sus solicitudes. Pasandideh dijo que evitó preguntar a sus compañeras si actuaron libremente o bajo presión porque no quería ponerlas en peligro. Presentar todos los retornos como forzados excedería, por tanto, la evidencia disponible.

Ramezanisadeh relató que sus padres le pidieron regresar siguiendo instrucciones de autoridades iraníes y le aseguraron que no le ocurriría nada. Ella respondió que su decisión era definitiva. Ambas mujeres indicaron que no habían mantenido contacto reciente con sus familias, aunque entendían que sus parientes no habían sido castigados.

Una solicitud de asilo es una petición de protección presentada por alguien que teme persecución o daño grave. Un visado humanitario permite residir legalmente por razones de protección, mientras que la ciudadanía crea un vínculo jurídico permanente con derechos políticos y un pasaporte nacional. Son etapas diferentes y no deben utilizarse como sinónimos.

De la protección humanitaria a la ciudadanía

Las dos futbolistas recibieron visados humanitarios y permanecieron en Australia. El 5 de agosto prestaron juramento como ciudadanas en Brisbane durante una ceremonia encabezada por Burke.

El Gobierno no ha divulgado todos los detalles del procedimiento que permitió completar la ciudadanía en pocos meses. La decisión ofrece estabilidad a las deportistas, pero organizaciones jurídicas australianas recordaron que otros refugiados llevan más de una década con visados provisionales sin una vía comparable.

El Human Rights Law Centre estimó en agosto que unas 700 personas refugiadas seguían viviendo en Australia con permisos puente de corta duración, casi la mitad de ellas procedentes de Irán. Esa comparación no invalida la protección concedida a las jugadoras, pero plantea preguntas sobre la igualdad y transparencia de los itinerarios hacia la residencia permanente.

Un visado puente —bridging visa en inglés— mantiene legalmente a una persona en Australia mientras se resuelve otro trámite o no puede ejecutarse su salida. Puede incluir restricciones de trabajo, viaje o acceso a servicios y no ofrece la seguridad de una ciudadanía.

Una nueva vida deportiva en Brisbane

Ramezanisadeh y Pasandideh juegan actualmente para Wynnum Wolves, un equipo semiprofesional de Brisbane. Pasandideh estudia inglés y ambas intentan continuar sus carreras después de abandonar la selección y los clubes con los que competían en Irán.

Su integración deportiva no elimina el impacto del exilio. Además de separarse de sus familias, dejaron atrás compañeras, redes profesionales y una trayectoria construida dentro del fútbol iraní. La posibilidad de regresar depende tanto de su situación personal como de la evolución política del país.

Pasandideh expresó el temor de no volver a ver a sus familiares. Ramezanisadeh dijo que sueña con regresar cuando Irán se encuentre en circunstancias distintas y su población pueda vivir con libertad. Son aspiraciones personales, no indicios de un viaje próximo ni de que las condiciones de seguridad hayan cambiado.

El caso ilustra cómo la participación en una competición internacional puede abrir temporalmente una vía de salida para deportistas sometidas a control político. También muestra que pedir protección exige decisiones individuales: pertenecer al mismo equipo y participar en el mismo gesto no produjo la misma respuesta final para todas.

Protección, deporte y responsabilidad editorial

Los actos simbólicos de deportistas iraníes suelen interpretarse dentro y fuera del país como posicionamientos políticos. No cantar un himno puede expresar protesta, duelo, miedo o una combinación de motivos. Hasta esta entrevista, atribuir a las dos futbolistas una intención concreta dependía de interpretaciones externas; ahora existe una explicación directa.

Esa confirmación no permite asegurar qué pensaba cada integrante del resto del equipo. Tampoco prueba que todas las personas que regresaron lo hicieran bajo coacción. La seguridad de las familias que permanecen en Irán exige evitar especulaciones que puedan aumentar su exposición.

Está confirmado que Ramezanisadeh y Pasandideh protestaron mediante el silencio, aceptaron protección australiana, permanecieron en el país y obtuvieron la ciudadanía. También está documentado que ahora juegan en Brisbane y consideran inseguro regresar a Irán.

No se conocen las condiciones exactas de las demás solicitantes, el contenido completo de las evaluaciones de protección ni las gestiones diplomáticas realizadas con Teherán. La novedad informativa es la voz directa de las dos jugadoras: su silencio no fue accidental ni una iniciativa australiana, sino una decisión política asumida antes de saber si encontrarían refugio.