El balance ambiental mezcla una leve subida anual con una mejora de largo plazo

Colombia perdió 119.483 hectáreas de bosque en 2025, un 5% más que un año antes

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Colombia registró la pérdida de 119.483 hectáreas de bosque durante 2025, un 5% más que en 2024, aunque el resultado permanece un 31% por debajo de la línea base de 2021 y entre los menores de las últimas dos décadas. El informe oficial se presentó el viernes 31 de julio, Reuters lo difundió el sábado 1 y Associated Press publicó el domingo 2 una ampliación sobre las causas, los focos amazónicos y los retos que heredará el nuevo Gobierno.

Tres fechas para un mismo balance

El periodo medido terminó el 31 de diciembre de 2025. El Gobierno presentó el resultado anual el viernes 31 de julio de 2026;

La cifra procede del seguimiento oficial de coberturas forestales, que combina imágenes satelitales, análisis geográfico y comprobaciones técnicas. “Pérdida de bosque” identifica la transformación de una superficie previamente clasificada como boscosa; no equivale necesariamente a toda degradación ambiental, pues un territorio puede conservar árboles y sufrir fragmentación, incendios selectivos o pérdida de biodiversidad.

Una subida del 5% con perspectiva histórica

Las 119.483 hectáreas de 2025 representan aproximadamente 5.875 más que las 113.608 registradas en 2024. El aumento anual es real y rompe la posibilidad de presentar el balance como una reducción continua. Sin embargo, el total se mantiene entre los más bajos desde que Colombia dispone de una serie comparable.

Frente a la línea base de 2021, la caída acumulada alcanza el 31%. El Plan Nacional de Desarrollo había fijado como meta reducir la deforestación al menos un 20%, de modo que el resultado supera ese objetivo. Las dos comparaciones responden a preguntas diferentes: frente a 2024 hubo deterioro; respecto de 2021 existe una mejora sustancial.

En 2023 Colombia alcanzó un mínimo histórico. Durante 2024 la pérdida aumentó un 43%, hasta 113.608 hectáreas, según el balance oficial publicado por el Ministerio de Ambiente. El crecimiento del 5% en 2025 indica que la aceleración se moderó, pero no que la presión haya desaparecido.

La Amazonía concentra casi dos tercios

La Amazonía colombiana perdió 77.805 hectáreas, frente a 77.124 en 2024. La variación es inferior al 1%, pero la región sigue concentrando algo más del 65% de la deforestación nacional. Esto convierte cualquier cambio amazónico en el principal determinante del balance colombiano.

El llamado arco noroccidental continúa reuniendo los focos más intensos. Entre los municipios señalados aparecen Cartagena del Chairá y San Vicente del Caguán, en Caquetá; Calamar, en Guaviare, y Mapiripán, en Meta. Se trata de territorios donde confluyen frontera agropecuaria, vías informales, débil presencia estatal, áreas protegidas y disputas sobre la propiedad de la tierra.

Los datos de detección temprana ya habían localizado presiones en Meta, Caquetá, Guaviare y Putumayo. El Ministerio de Ambiente informó en diciembre que esos cuatro departamentos concentraban el 98% de la deforestación amazónica estimada durante los primeros nueve meses de 2025.

Acaparamiento, ganado y carreteras

Las principales causas identificadas son la apropiación de tierras, la expansión de ganadería extensiva y la construcción de carreteras no planificadas. El procedimiento suele comenzar con la apertura de una vía o trocha; después se talan y queman áreas para transformarlas en pastizales. La ocupación permite a redes económicas reclamar control de hecho y aumentar el valor especulativo del terreno.

No toda ganadería es responsable de deforestación, pero los sistemas extensivos emplean grandes superficies para un número relativamente pequeño de animales. Cuando el ganado aparece poco después de una tala puede servir para consolidar la ocupación y presentar el terreno como productivo. Por ello, la trazabilidad debe identificar dónde nació, fue criado y se vendió cada animal.

El Gobierno atribuyó una importancia menor a la coca dentro del aumento nacional de 2025. Esa conclusión no significa que los cultivos ilícitos carezcan de impacto en zonas concretas. El boletín de alertas identificó, por ejemplo, una combinación de coca y posterior conversión a pasturas en sectores de Putumayo. Las causas varían entre municipios y requieren respuestas diferenciadas.

Resultados dentro de parques nacionales

La pérdida de bosque en parques nacionales disminuyó un 19%, hasta aproximadamente 9.388 hectáreas, según el balance reproducido por AP. La reducción es relevante porque estas áreas conservan ecosistemas especialmente valiosos y deberían mantener una protección jurídica superior a la del territorio ordinario.

Un cálculo preliminar anterior había estimado una caída del 25% en los parques amazónicos, desde 9.298 hectáreas en 2024 hasta 6.938 en 2025. La Presidencia publicó aquella estimación el 3 de abril. La diferencia con la cifra anual definitiva puede responder al alcance geográfico, al cierre de la metodología y a la incorporación posterior de datos.

Reducir la deforestación dentro de un parque no garantiza su integridad. Una carretera ilegal situada en su periferia puede fragmentar corredores biológicos y facilitar nuevas ocupaciones. La conservación requiere vigilar también las zonas de amortiguación, los resguardos indígenas y las reservas forestales conectadas con cada área protegida.

Investigación penal y trazabilidad ganadera

En Mapiripán, las autoridades detuvieron a 17 personas presuntamente vinculadas con una red de deforestación y apropiación de terrenos, según Associated Press. Las detenciones forman parte de una investigación y no equivalen a condenas. La Fiscalía deberá demostrar la responsabilidad individual, el origen de los recursos y la relación entre la tala y eventuales beneficios económicos.

Las operaciones concentradas en trabajadores o colonos de menor rango no desarticulan necesariamente el negocio. Las investigaciones deben llegar a financiadores, compradores, intermediarios y propietarios que incorporan ganado o madera a mercados legales. Para ello son necesarias bases de datos compatibles sobre transporte, predios, vacunación, mataderos, movimientos financieros y autorizaciones ambientales.

Colombia aprobó una legislación de trazabilidad ganadera destinada a impedir que productos procedentes de zonas recién deforestadas entren en la cadena comercial. Su aplicación exigirá identificación individual o por lotes, georreferenciación de fincas y controles sobre el movimiento entre predios. Sin inspecciones y sanciones, un registro formal podría convertirse en una certificación sin capacidad preventiva.

Cambio de Gobierno y continuidad ambiental

El resultado se publica durante la transición entre Gustavo Petro y el presidente electo Abelardo de la Espriella, quien asumirá el 7 de agosto. La política de Petro combinó operaciones de control con pagos e incentivos para comunidades que conservan el bosque. El próximo Ejecutivo recibirá cifras mejores que las de 2021, pero también una Amazonía donde la reducción se ha estancado.

La continuidad presupuestaria será decisiva. Los acuerdos comunitarios requieren pagos previsibles, asistencia técnica, alternativas económicas y seguridad para líderes ambientales. Una interrupción abrupta puede devolver a familias y organizaciones locales a actividades de mayor rentabilidad inmediata, incluidas la tala y la ampliación de pasturas.

El nuevo Gobierno deberá definir si conserva el programa Conservar Paga, cómo aplica la trazabilidad y qué prioridad concede a perseguir las estructuras financieras del acaparamiento. También tendrá que coordinarse con autoridades indígenas, gobernaciones, municipios, Fiscalía y Fuerza Pública sin criminalizar indiscriminadamente a comunidades rurales.

Qué indicadores deben vigilarse

El balance de 2026 permitirá comprobar si el aumento de 2025 fue una oscilación limitada o el comienzo de una nueva tendencia. No bastará con observar el total nacional: será necesario desglosar Amazonía, parques, resguardos, departamentos, municipios y causas directas.

También deberá publicarse información sobre restauración. Plantar árboles no sustituye automáticamente un bosque maduro, cuyos suelos, especies y conexiones ecológicas tardaron décadas o siglos en formarse. La prioridad debe ser evitar nuevas pérdidas y restaurar de forma complementaria las áreas donde la recuperación sea viable.

Colombia conserva una mejora clara frente a 2021 y ha superado su meta oficial de reducción. Al mismo tiempo, perdió una superficie equivalente a más de 167.000 campos de fútbol durante 2025. Mantener ambas realidades en la misma lectura evita tanto el triunfalismo como la conclusión errónea de que las políticas ambientales no han producido resultados.

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