Dos figuras recuperadas entre sedimentos diminutos
La revista Nature publicó el hallazgo el 29 de julio de 2026, coincidiendo con su presentación en Blaubeuren, en el suroeste de Alemania. Las piezas no fueron extraídas ese mismo día: aparecieron durante la campaña arqueológica de 2025 y posteriormente fueron limpiadas, reconstruidas y estudiadas antes de su anuncio. Nature documentó la presentación, sus responsables y el contexto de la excavación.
Las dos esculturas proceden de Hohle Fels, una cueva situada cerca de Schelklingen, en la región montañosa del Jura de Suabia. Miden aproximadamente entre dos y tres centímetros y fueron talladas en marfil de mamut. Una muestra al ave en reposo; la otra parece representarla con las alas extendidas, posiblemente durante el vuelo.
Los arqueólogos consideran que ambas recuerdan a perdices nivales del género Lagopus, parientes de los faisanes adaptados a ambientes fríos. La identificación no equivale a una determinación zoológica definitiva: las formas son suficientemente reconocibles como aves, pero su pequeño tamaño, el desgaste y la pérdida de una de las alas limitan la precisión.
Elisa Luzi, paleontóloga de la Universidad de Tubinga, reconoció una de las figuras mientras revisaba sedimento lavado junto con Quentin Schäfer. Buscaban pequeños fósiles de roedores y otros animales cuando distinguieron la silueta del ave, que llevaba alrededor de cuarenta milenios sin ser observada.
Una excavación en capas de pocos centímetros
El equipo dirigido por Nicholas Conard excava Hohle Fels desde 1997. Los trabajos se concentran en una cámara de aproximadamente ocho por nueve metros situada cerca de la entrada. Cada cuadrante se rebaja en niveles de apenas dos o tres centímetros para conservar la relación entre herramientas, huesos, carbón y objetos artísticos.
Todo el sedimento se guarda y se tamiza con agua a través de mallas finas. Ese procedimiento permite recuperar fragmentos demasiado pequeños para detectarlos directamente durante la excavación. Las dos aves ilustran la utilidad de esa técnica: una pieza diminuta puede confundirse inicialmente con una astilla de hueso o marfil.
Las figurillas se asocian con niveles auriñacienses, correspondientes a algunas de las primeras poblaciones de Homo sapiens que se establecieron de forma duradera en Europa. Las capas más antiguas de esa secuencia alcanzan aproximadamente 42.500 años, aunque la datación se aplica al contexto arqueológico y no directamente al marfil de cada pájaro.
La noticia también incluyó fragmentos de una flauta elaborada con hueso de buitre. Su presencia refuerza una característica ya conocida de Hohle Fels: la cueva reúne algunas de las pruebas más antiguas de música, escultura y representación figurativa conservadas en Europa.
Una colección creada en plena Edad de Hielo
Entre los descubrimientos anteriores figura la llamada Venus de Hohle Fels, una escultura femenina de marfil con unos 40.000 años. También se han recuperado representaciones de un caballo, una nutria, un ave acuática y una pequeña figura híbrida con rasgos humanos y felinos.
En una cueva cercana apareció el Hombre León de Hohlenstein-Stadel, una figura de 31 centímetros con cuerpo humano y cabeza de felino. El conjunto forma parte del sitio reconocido por la Unesco como “Cuevas y arte de la Edad de Hielo del Jura de Suabia”.
Las esculturas no eran necesariamente objetos excepcionales creados por una sola persona. La cantidad creciente sugiere una tradición transmitida entre generaciones, con conocimientos para seleccionar el marfil, dividirlo, rebajarlo y producir formas reconocibles mediante herramientas líticas.
Una reconstrucción experimental del Hombre León necesitó unas 360 horas de trabajo. Ese cálculo no puede trasladarse automáticamente a las aves, mucho más pequeñas, pero ilustra que fabricar una figura exigía planificación y una inversión de tiempo que iba más allá de resolver necesidades inmediatas de alimentación o refugio.
Qué podían significar aquellas aves
El significado preciso de las figuras permanece desconocido. Amy Clark, arqueóloga de Harvard consultada por Nature, destacó su apariencia vivaz y reconocible. Otros especialistas han propuesto que el arte portátil podía conservar recuerdos, acompañar relatos o expresar la pertenencia a un grupo.
También se han planteado funciones rituales, educativas o lúdicas. Ninguna puede demostrarse solamente mediante la forma del objeto. La cueva no conserva las palabras, gestos o historias que acompañaron a las esculturas, y un mismo objeto pudo cambiar de uso durante su existencia.
Las dos posturas resultan especialmente sugerentes. Representar un ave inmóvil y otra con las alas abiertas implica prestar atención al movimiento y no únicamente a la anatomía. Sin embargo, no prueba que ambas formaran una escena ni que hubieran sido elaboradas por la misma persona.
Las perdices nivales habrían formado parte del paisaje glacial, pero no necesariamente de la dieta principal. Su valor para los artesanos pudo estar relacionado con el comportamiento estacional, el plumaje o la capacidad de volar. Atribuirles un significado simbólico concreto exigiría pruebas que todavía no existen.
Arte y supervivencia en una Europa cambiante
Las primeras poblaciones indiscutibles de Homo sapiens llegaron a Europa hace más de 45.000 años. Algunos grupos iniciales desaparecieron, mientras que las comunidades vinculadas con el Auriñaciense se expandieron posteriormente por amplias regiones del continente.
Conard plantea que la música, el arte y otras formas de comunicación pudieron fortalecer la cohesión social y facilitar la transmisión de conocimientos. Es una hipótesis que el equipo quiere contrastar con ADN antiguo recuperado de los sedimentos, siempre que se conserve suficiente material genético.
La concentración de obras en el Jura de Suabia no demuestra que el arte figurativo naciera únicamente allí. En Indonesia existen pinturas rupestres más antiguas, incluidas escenas con más de 51.000 años. El conjunto alemán es excepcional por la abundancia y antigüedad de sus esculturas portátiles.
El Museo de Prehistoria y Arte de la Edad de Hielo de Blaubeuren anunció para finales de julio la presentación de su “Hallazgo del Año”. La exposición pública permite contemplar los objetos dentro de su contexto, pero la investigación continuará con análisis del marfil, huellas de fabricación y posición estratigráfica.
Las dos pequeñas aves no explican por sí solas por qué determinadas poblaciones humanas prosperaron. Sí muestran una capacidad extraordinaria para observar animales, transformarlos en imágenes portátiles y compartir esas representaciones en una época de climas duros y movimientos constantes.