El concierto más lento del mundo cambia de acorde y seguirá sonando hasta 2640
De siete notas a un acorde de ocho
El cambio consistió en incorporar manualmente un tubo afinado en la’. El sonido sostenido pasó así de siete a ocho notas, una configuración que solo aparece tres veces en la primera parte de la composición. La ciudad de Halberstadt presentó el acontecimiento bajo el lema “From 7to8”.
No hubo un recital convencional. El órgano produce sonidos continuos mediante un soplador eléctrico, y cada cambio ocurre cuando los responsables añaden o retiran tubos siguiendo la ampliación temporal de la partitura. La transición física requiere pocos minutos; el acorde resultante puede mantenerse durante meses o años.
El acto también celebró el vigesimoquinto año de la interpretación. El proyecto comenzó formalmente en 2000 y la música arrancó el 5 de septiembre de 2001, fecha en la que John Cage habría cumplido 89 años. Sin embargo, lo primero que escuchó el público fue silencio.
Una pausa inicial de diecisiete meses
La partitura comienza con una pausa. Tras trasladar sus proporciones a una escala de siglos, los organizadores mantuvieron el órgano en silencio hasta el 5 de febrero de 2003. Solo entonces se escuchó el primer acorde en la antigua iglesia de San Burchardi.
La obra lleva por título ORGAN²/ASLSP. Las últimas siglas significan As SLow aS Possible, “tan lentamente como sea posible”. Cage había compuesto en 1985 una versión para piano y adaptó posteriormente la pieza al órgano, un instrumento capaz de mantener una nota mientras reciba aire.
La indicación plantea una pregunta sin respuesta matemática: ¿cuánto significa “posible”? Una ejecución ordinaria puede durar decenas de minutos; otra podría prolongarse durante horas. En Halberstadt, músicos y pensadores eligieron una escala que supera varias generaciones humanas.
Se describió el nuevo acorde como el decimoséptimo cambio sonoro y aproximadamente el 4 % de la interpretación completa. El siguiente está previsto para el 5 de octubre de 2027, cuando se retirará el tubo correspondiente a mi’.
Por qué la obra dura exactamente 639 años
La elección no procede de una indicación dejada por Cage. Halberstadt posee un lugar particular en la historia del órgano: en 1361 se instaló allí un instrumento considerado decisivo para el desarrollo de los teclados con doce notas por octava.
Cuando el proyecto fue concebido en 2000 habían transcurrido 639 años desde aquella fecha. Sus responsables utilizaron el mismo intervalo como duración de la nueva interpretación. Comenzada en 2001, deberá terminar el 4 de septiembre de 2640, un día antes del aniversario del inicio.
La escala transforma unidades musicales pequeñas en periodos humanos. La duración mínima elegida para determinadas divisiones de la partitura es de alrededor de un mes; otras se extienden durante años. No significa que cada nota dure lo mismo, sino que se conservan las relaciones temporales de la obra original.
Las fechas de los cambios quedan calculadas en un calendario. Aun así, el sonido real depende de objetos físicos: tubos construidos y afinados, un sistema eléctrico, fuelles, conductos de aire y una iglesia que deberá ser mantenida durante siglos.
Una iglesia reparada por una obra musical
San Burchardi fue construida en la Edad Media y atravesó incendios, guerras, transformaciones y abandono. Antes del proyecto se encontraba parcialmente arruinada. La preparación de la interpretación permitió financiar una nueva cubierta y otras reparaciones, según explicó AP.
El instrumento no se parece a un gran órgano litúrgico. Es una instalación relativamente pequeña y modular, diseñada para sostener únicamente los tubos necesarios en cada etapa. El aire procede de un soplador eléctrico conectado de forma permanente, con sistemas de respaldo para evitar que una interrupción breve termine prematuramente un acorde.
El organero Johannes Hüfken fabrica y ajusta los tubos. Estima que las piezas construidas para el proyecto podrían resistir al menos otros 500 años, aunque esa duración exige conservación y sucesivas generaciones de técnicos.
La acústica de la iglesia también forma parte de la experiencia. Un sonido inmóvil cambia cuando el visitante se desplaza entre muros, arcos y superficies de piedra. Las frecuencias se refuerzan o se cancelan en puntos diferentes, de modo que el acorde parece variar aunque los tubos permanezcan iguales.
Una obra confiada a personas que aún no han nacido
La fundación del proyecto depende del trabajo voluntario, las donaciones y el patrocinio de tubos y años concretos. Sus responsables reconocen que no existe garantía absoluta de continuidad hasta 2640: la propuesta incluye precisamente el desafío de mantener una decisión artística durante generaciones.
Incluso se ofrecen entradas transmisibles para el acto final. No garantizan que la iglesia, la institución o sus descendientes sobrevivan seis siglos, pero convierten la entrada en un compromiso simbólico con un acontecimiento que ninguno de sus compradores podrá presenciar.
La interpretación obliga a pensar en mantenimiento, archivos y sucesión. Las instrucciones deben conservarse con suficiente precisión para que personas futuras sepan cuándo modificar el órgano, qué tubos utilizar y cómo sostener el sistema sin convertirlo en una reconstrucción arbitraria.
También modifica la idea de estreno. En una obra ordinaria, el público presencia el principio y el final. Aquí cada generación escucha un fragmento minúsculo y hereda la responsabilidad de continuar algo que no puede abarcar por completo.
El cambio del 5 de agosto no fue relevante por su complejidad musical —añadir una sola nota es una intervención mínima—, sino por la escala temporal que la rodea. Durante unos minutos, asistentes nacidos en distintos países vieron aparecer un acorde cuya resolución final pertenece al siglo XXVII.