Crisis en Oriente Medio y fractura atlántica

Rusia capitaliza la guerra de Irán y la tensión entre Trump y la OTAN

Moscú está obteniendo un alivio económico inmediato por la escalada militar en Irán, con un repunte de los precios del petróleo que eleva sus ingresos por exportaciones y mejora su posición fiscal en plena guerra contra Ucrania. Al mismo tiempo, las dudas de Donald Trump sobre la OTAN y las tensiones con sus aliados europeos envían una señal política favorable al Kremlin.

Rusia se está beneficiando de forma directa de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán por el efecto que el conflicto ha tenido sobre el mercado energético global. La alteración del flujo de crudo en Oriente Medio ha impulsado los precios internacionales y ha reducido el descuento del petróleo ruso Urals frente a las referencias globales, lo que se traduce en mayores ingresos para Moscú.

Los datos citados por distintos análisis apuntan a un aumento rápido de la recaudación rusa. CREA estima que, en los primeros 24 días del conflicto, los ingresos medios diarios de Rusia por exportaciones de combustibles fósiles alcanzaron unos 388 millones de euros, alrededor de un 20% por encima de su media de febrero. En otro cálculo, la misma tendencia habría sumado alrededor de 6.000 millones de euros adicionales en dos semanas, mientras que otras fuentes sitúan el alza en cifras cercanas a los 8.000 millones de dólares en el arranque del conflicto.

El encarecimiento no afecta solo al petróleo. Bloomberg y otros medios informan de subidas en materias primas como el gas, el aluminio y los fertilizantes, productos cuya logística también se ve tensionada por la crisis en la región. Eso amplía el margen de beneficio para Rusia, que sigue siendo un gran exportador de energía y de materias primas industriales.

En paralelo, el frente político también favorece a Vladímir Putin. Las declaraciones de Donald Trump sobre la OTAN, junto con su presión sobre los aliados europeos en relación con Irán, alimentan la percepción de división dentro de la alianza transatlántica. Reuters y la BBC han recogido que expertos y diplomáticos ven estas señales como un factor de aliento para Moscú, especialmente en un contexto en el que la guerra de Ucrania sigue abierta.

La preocupación en Europa es doble: por un lado, el encarecimiento de la energía; por otro, la posible reasignación de recursos militares y diplomáticos de Washington hacia Oriente Medio. Según el FDD, la atención de la Casa Blanca en la guerra de Irán ya está restando impulso a las conversaciones entre Rusia y Ucrania, mientras Moscú gana margen financiero y político.

Para Kiev y sus aliados, la lectura es clara: cuanto más altos se mantengan los precios del petróleo y más visible sea la fractura entre Estados Unidos y Europa, mayor será el espacio estratégico de Rusia. En ese escenario, el Kremlin no solo recibe más dinero, sino también una señal de que la presión occidental puede dispersarse entre varios frentes.

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